Acción agitada

(Tomas Rincón) *

 

Dos siluetas féminas se tiñen de negro, una más las acompaña junto con sus rasgos varonilmente clásicos. Cortan las siluetas con un halo de acción venturosa la historia de un grupo oficioso del póker y puros, con manos en negocios turbios y clandestinos; regocijados con la norma a quebrar. Elaboran un plan para sustraer una cuantía monetaria apreciable en cualquier contexto imaginable. Vertiginosas, las siluetas dinámicas se encuentran, poniendo en marcha su plan con precisión y sin contratiempos.

Adormecen en el placer nocturno los de sombrero y fichas en mano, con la sospecha implícita en sus ojos, auguran el porvenir que afectará sus bolsillos.

– ¡Rápido! ¡Sacos en mano y armas en otra!- Repite la silueta varonil.
– Adecuen su indumentaria para un golpe digno de versos futuros.
– ¡Adelante! – exclama la Dama de la Noche.

El roce de su piel emite ligeros sonidos al entrar en contacto con la puerta del club Yale ́s. Dama sufría diariamente, adentrándose en el sueño primaveral en cuánto agobiada caía en llanto. Presurosa de transformar su situación, presta atención a sus cuentas en saldo rojo. Al vislumbrar tal inversor del ’29; un martes negro acercándose como nube gris.

– ¿Aló…? – Con voz deseosa, junto a un tono misterioso, saludó a Tomás.
– ¿Has de citarme pronto? – Dama reconocía inmediatamente, tras su intensa relación con Tomás, el motivo de su llamado.
– Concuerda hora y lugar.
– Precisión se me otorga desde chica.
– Te veré pronto.
– Adelante.

¡Poom! ¡Baam!..

Se levanta un ensordecedor ambiente a la vista de una noche sin estrellas. Certera, Sabrina rompía en pedazos la madera de roble. Seres sin escrúpulos desenvainan armas y ejecutan disparos sin temor. Unos cumpliendo su labor, otros fugaces consumidos por la Nada. Algunos cierran sus ojos tendidos en el suelo, suspirando apologías a existencias ilusas, exhalando blasfemias ante la fatalidad y serenos gestos ante el instante verdadero: El accionar de un <ser> ante el momentum que posterga el No-espacio-tiempo concreto.

– ¡Sabrina, agarra la bolsa!

Su pícara silueta, contoneándose extrema en el club, toma la bolsa con su contenido, da vueltas en el suelo evitando ráfagas de ira, se torna en pie y, antes de hacerlo, soslaya el caerse nivelando su centro de gravedad.

– La tienes, sigan a pie de letra el plan.

Consistía en huir. Giros, cruces prohibidos, saltos generados por baches enormes y sirenas producen ecos de zozobra.

– Sigue esa salida por la avenida, allí ese truhan no ha de reconocernos. Conozco esa zona, mas desconozco su sombra.

Huyen presurosos del ojo del huracán las siluetas, que efectuado el plan a cabalidad y no más que raspones en su corporalidad, fatigados conducen en su van por el interior de la ciudad. Dinero en el baúl, forrados en triunfo pre-coz, las siluetas se agitan nuevamente por la sombra que persigue su huida. Massimo Errico advierte el escape casi impecable de Dama, Sabrina y Tomás. Massimo, enojado, dispara su Colt 45 mientras conduce a toda marcha por alcanzarlos. La luna se esclarece al traspasar radicales invisibles. Nubes grises inundan el cielo nocturno. El degradé lóbrego se presenta en contexto a las acciones, que en versos continuos arremeten álgidas sensaciones a las tres siluetas. Sabrina advierte que Tomás ha de detenerse. Amarillo es el tenue resplandor de la calle húmeda en la cual, Dama, retira el botín de la retaguardia móvil y turbada marcha, inician las siluetas a lo lejos de Errico.

– Maldición, he perdido la vista sobre ellos. Advierte con enojo creciente Massimo.

Corre con pulsión alta, solapado en su smoking oscuro. Sigilosas y angustiadas, las siluetas emprenden ascenso en casa de Sabrina. Gotas faraónicas emiten en dicho acto, vigilando, cual centinelas, la bolsa objeto en pedestal.

– ¡Rápido!, inmiscúyanse sobre sábanas sin provocar ruido y sin alertar al lacayo, que ciego nos sigue los talones.
Tomás, en afán por finalizar el asunto, posa su vista sin escrúpulos en las afueras de las calles del inconsciente, dando cuenta de Errico y su proximidad vacilante.

– ¡Sabrina, Dama! ¡Se acerca!

Acostadas en la cama, con el simple ánimo de mermar la adre… La aventura, que se presenta pretérita en papel y presente en la imaginación, ha de acabar tras el sobresalto despertar de su Creador, inocente a ella. Quizá se encuentre con sombras similares en el mundo onírico que abre inciertas sus fronteras, cada vez que el ensueño sigue. Ha de ser leída esta parte del desierto como sombra de la realidad perenne. Porque el sueño, en forma de cuento, no es sino una sombra aludiendo a Hamlet y aquel permanece como lo precedente a nuestra existencia, aquí y ahora.

*Brayan Styven Rey Guerrero

Estudiante de Economía.

Universidad Industrial de Santander (UIS)

Imagen: Fernandez, G. (2010). [Fotografía]. Recuperado de http://www.artelista.com/

Categorías: Voz y verbo

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