Dirty Alim

Nathalia Martínez*

(Texto completo)

El sol nos quema siempre, estamos pequeños y mugrosos. Generalmente mis compañeros de tropa me dicen Nathalia, yo me digo Alim, me gusta más Alim que Nathalia, es un nombre muy largo y tiene tres as; en estos tiempos se necesita un nombre corto, para rimar y para atender rápido el llamado de mis compañeros. Por eso Alim me agrada más, pero solo yo me llamo así, el resto me dice Nata. Siempre andamos en el piso, buscando animales raros, haciendo agujeros, clasificando las balas que encontramos, mirando formas entre las ruinas y jugando con la arena; la cogemos con las manos y se nos pierde con el aire; es divertido terminar con los cuerpos salpicados de escarcha amarilla. Nos camuflamos a veces bajo la arena. Los tiroteos nos dejan sordos, es normal tenemos orejas pequeñas, no soportamos mucho el ruido. También hacemos trincheras entre las dunas, nos escondemos allí y vemos cómo pasan grandes carros verdes, leopardos imponentes, que  vomitan hombres-leopardo. Siempre andan de mal humor, como si tuvieran mucha arena en los ojos. También nos escondemos de las balas que silban en el aire; esas nos pueden dejar sin jugar. A mí me gusta Safi, ella siempre usa un vestido rosado, a veces es muy pálido por la mugre, pero  me gusta cuando esta así, entonces me puedo acostar sobre sus piernas sin que me diga que mi cara le puede ensuciar la ropa. Mi cara siempre esta mugrosa y colorada, cuando jugamos parecemos animales revolcándose. Soy uno de los más delicados, por eso yo no me veo tostado sino colorado, soy como un tomate despeinado y mugroso. Estamos planos y quemados, estamos olvidados entre el desierto, mirando los cometas estallar en las ciudades. Siempre que pasa uno, pedimos un deseo, una estrella fugaz que cobra las vidas por aparecer. Ellas solo pasan y explotan, explotan ellas y todo lo que hay a su alrededor. Luego empieza el terror. No sé si alguno de nosotros pide la muerte de su pueblo; yo solo pido pan. Con frecuencia vienen con sus cámaras a grabarnos y a preguntar cosas. Pero hoy ha sido mejor la mejor visita: estábamos todos reunidos, como siempre mugrosos y curiosos, cuando aparece un soldado, cansado, no parece tener tierra en los ojos, tiene su juguete en la mano apuntando al sol;  camina unos pasos y saca un algo que empieza a chuzar con sus dedos, una especie de piano pequeño. Muchos no entendemos que hace, yo me saco un moco mientras le miro los dedos largos. Él empieza a moverse al ritmo de su tabla de sonidos:

I need a gun to keep myself from harm
The poor people are burning in the sun
But they ain’t got a chance
They ain’t got a chance
I need a gun
Cos all I do is dance[1]

Nos juntan y el soldado empieza a cantar. Nosotros tenemos que aprendernos la letra rápido; la música me hace bailar, estoy nervioso, no siempre aparece un sujeto con ánimo de cantar y bailar.  Siempre estamos jugando,  escondiéndonos o llorando frente a las cámaras; los reporteros hacen preguntas crueles y les va  mejor cuando lloramos frente a ellos. Hoy solo quieren que bailemos y cantemos. Los deseos y  la vida   estallan en el aire mientras yo juego con los alacranes. No sé cómo se sienten mis compañeros; yo necesito arrastrarme en el piso, sentir la música vibrar por mis pies hacia mi piel, una serpiente hace lo mismo que yo, se arrastra  por mi lado y me invita a bailar con ella. No hay de otra, no hay más juegos, yo soy Alim y ahora me gusta bailar, quizás después me gusten los fusiles, o simplemente muera. Estoy solo acá, no tengo donde andar, pobre soy, mi piel arde con el sol, no me gusta mirar a nadie nunca, todos están feos, como yo, no hay de otra, tengo que bailar, ser una serpiente, los sonidos se han apoderado de mi flaco cuerpo, soy como una ramita dejándose llevar por el viento de la tormenta, mi cola se mueve de un lado a otro, no sé más pasos, pero estos me gustan, mi cuerpo es un ser independiente de Alim, lalalá, ya casi me aprendo bien la canción, hacemos bonito el coro, creo que  la mayoría estamos contentos, algunos pelean pero es normal, acá todos lo hacen. ”Hi ha hammm i himm su  hum hu hemmm  lu vi don y y him hu hu hu”. Es difícil la pronunciación y coordinar el canto con el baile. Me canso de bailar, quiero seguir comiéndome los mocos, soy un niño bajo el sol, brillando en un video de un pobre hombre solitario que al parecer se cansó de disparar y ahora quiere vernos bailar: el mundo es raro. Me llaman para comer, me voy a ir arrastrándome, mi mamá dice que es peligroso ir por ahí de pie y a campo abierto, dice que me pueden volar la cabeza por andar tan elevada. Entonces me empiezo a arrastrar, corro un poco y de nuevo al piso, un cometa pasa sobre mi cabeza, yo sigo arrastrándome, los tiros empiezan. No puedo seguir, el cometa ha caído sobre mi casa, bailar, llorar, correr, correr hacia mi casa, ya no importa si las balas entran en mi cabeza, ya no tengo casa, voy a ver si aún tengo mamá. Mala suerte, muy mala suerte, mi madre está en dos partes, mi madre está en dos partes, destrozada, y yo solo me escondo entre su pecho ensangrentado, es  una piscina de dolor. Soy Alim, madre, y te voy a vengar. No he dejado de llorar, yo quería bailar, yo quería jugar, la guerra término para ti, ahora empieza para mí. Por eso todos me conocerán como Alim, por eso ya no lloraré ante las cámaras, por eso dejaré de bailar.

 

[1] Fragmento tomado de Dirty Harry canción de Gorillaz

 

 
 
Estudiante de Estudios Literarios
Universidad Autónoma de Colombia 

Imagen: Raul Guerra «Metamorfosi: il·lustracions de papallones».

ArtículoND: «Los futuros bebés son las nuevas fronteras
Categorías: Voz y verbo

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