El último eco
 Alessandro Mara*


——–En la álgida hondura de los sotos palpitantes,

bullen murmullos verdes, como ojos de hierba.
Míralas, Calíope, son las luciérnagas trémulas;
otean y viborean, como eléctricas libélulas,
la melódica entraña de mi amante de madera.


——–Bajo el aullido taciturno de mi guitarra,

oigo el gemido de las musas gorgotear.
¡Guuu, guuu…! Se oyen en sus sombras sollozar.
¡Gime, mi alondra! ¡Gime! Con tu boca sonora,
en esta bruma que calla mi azulada soledad.


——–Do, sol, do, sol… tirita un acorde entre mis dedos.

Do, sol, do, sol, la, re, mi, do, sol… la luna es un timbre de ecos.
¡Ton! ¡Zum! ¡Sssh! Llueven perfumes ácidos, tonos bioluminiscentes,
y los dedos que lamen las cuerdas con estrépito.
Ella que canta y toda la vida germina; hasta ser isla, nación, imperio.


——–Mis manos son tarántulas amputadas y ciegas,

que pulsan como si danzaran, sobre los hilos de seda.
¡Pulsan! ¡Pulsan! Y también segregan su luz tóxica;
su savia oscura, que zumba, polifónica,
y se suma al concierto de alas y quimeras.


——–Una jalea negra circula por la tierra muerta de mis venas.

¡Ay! Mi corazón es una nutria descuartizada.
¡Ay! Ya no silbarán los búhos en la niebla alucinada;
y bajo mis pies hay un lecho mortuorio, ¡ya no cantan!
¡Ya no cantan!, los grillos, los saltamontes y las cigarras.


——–Mi amante se ha desgarrado las muñecas.

¡Todo ruido se hace sordo! ¡Todo ruido se anonada!
¡Todo ruido muere en mi guitarra! ¡Todo ha muerto!,
ella escupió sus últimos arpegios y se disolvió con el alba,
¡Sí, ella ha muerto! ¡Y mi voz ha muerto con ella!
Silencio.




*paramnesiapsicotica@gmail.com

Ilustración por: Daniel Duque – Francisco Bernal

Categorías: Voz y verbo

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