Polifonía en un poema de León De Greiff

(Texto completo)

Dennis Barrera*

 

Cuando nos proponemos afirmar algo sobre cualquier materia, esperamos aportar un punto de vista original. No es una cuestión de ego: no es que andemos por la vida tratando de cambiar paradigmas en un texto a la vez. Pero debemos creer que estamos afirmando algo lo suficientemente valioso para que el silencio no sea una opción. Sin embargo, conforme se acumulan las lecturas, se agotan los temas; nos da la impresión de que todo ha sido pensado, escrito y revisado tantas veces, que la única opción posible es precipitarse hacia el silencio.

Música y poesía, por ejemplo, ¿qué nos queda por decir? Cómo podríamos emparentarlas con alguna elocuencia, si ya en 1895 Mallarmé pronunciaba su La Musique et les Lettres (música y letras) para la comunidad académica de Cambridge, donde acertadamente señalaba: la música y las letras son la cara, alterna aquí, agrandada hacia la oscuridad; resplandeciendo allí, con certeza, de un fenómeno, el único. Lo llamé la idea. (xxx). ¿Puede estar más claro? Para el francés y un gran número de poetas que vendrán después de él, poesía y música son parte del mismo fenómeno; están hechos de la misma materia. Si somos sensatos concederemos a Mallarmé la certeza de su afirmación, la mínima retribución a su lucidez, pero ¿acaso ha descubierto algo el poeta?

Para los primeros griegos, no existe siquiera un vocablo que diferencie poesía y música. Existe el término (povctkI)** Arte de las musas. A diferencia del entendimiento actual que tenemos de las musas, donde a cada una corresponde un arte; parece que, en principio, música, poesía y danza, hacen parte de una misma mezcla que no se disuelve todavía. Un único termino para un único arte.  De hecho, antes de Heródoto, Homero no era poeta, sino cantor. Los términos empiezan a usarse con connotaciones distintas, intérprete y compositor, muchos siglos después, cuando Odiseo ya había encontrado el camino a casa.

 ¿Se dan cuenta? Volvemos a tejer con los mismos hilos cada noche, de los griegos a Mallarmé, de Baudelaire a León De Greiff. No intentemos entonces esclarecer más el tema. Si tanto como yo le temen al silencio, hablemos de música y poesía más allá de parentescos, busquemos singularidades. Encuentros inusitados entre lenguajes en un solo artista: León de Greiff.

Como cualquier poeta De Greiff busca armonía, ritmo y musicalidad, sin embargo, no parte necesariamente de la imagen, sino que influido por la obsesión que le provocan ambas materias, de lenguajes a veces tan disímiles, intenta integrarlos a nivel formal. En algunos casos, trata de reproducir las estructuras musicales dentro de la creación literaria: compone poemas en forma de Sonata con indicaciones de lectura que copian la dirección orquestal, compone sherzzos, cantatas, baladas, entre otras. E incursiona también a nivel temático integrando en la construcción poética los argumentos de reconocidas obras musicales, con la mirada agria y divertida que lo caracteriza. 

Uno de los ejemplos más claros es el intento de reproducir el concepto de polifonía dentro del poema. Para la literatura es virtualmente imposible la polifonía, pues esta en términos estrictos requiere la interacción de varias voces en simultáneo. El término, acuñado en literatura por Bajtín, se refiere a la capacidad de la obra de orquestar dentro de su propia unidad el conjunto de voces, visiones de mundo que circundan el contexto representado. La simultaneidad, en este caso, se emula a través de la unidad del texto. Sin embargo, De Greiff procura encarnar la polifonía musical, y construye un poema en el que el sujeto lírico se encuentra dividido entre dos posibilidades de existencia: la infelicidad y soledad, en contraste con la alegría y el gozo de la vida. Refuerza este sentido por medio de una representación gráfica, la asíntota, línea recta que prolongada indefinidamente se acerca progresivamente a una curva sin llegar nunca a encontrarla. Para hacer evidente la dicotomía. El poeta expresa así su incapacidad de decisión. No es la coexistencia de varias voces lo que le atormenta, sino su incapacidad de comulgar con alguna de las dos experiencias.

Danza Litúrgica: (Fuga para dos voces)

I

Mi espíritu es lo mismo

que una asíntota ignota.

Yo buceo un abismo:

Sobre ese abismo flota

(carabela de ensueño,

melancólico leño)

Mi juventud!

Debe señalarse que cuando aparecen las primeras composiciones polifónicas en la música del siglo XV aproximadamente, estas carecían de una textura definida. Lejos del diálogo armónico que podemos encontrar en la ópera moderna, en las primeras sonatas polifónicas se cantaba al mismo tiempo letras diferentes, en registros sonoros diferentes. En la mayoría de los casos, el espectador apenas lograba captar uno de los dos mensajes. En otras palabras, sería tan confuso como intentar escuchar una balada por un auricular y una canción de heavy metal por el otro. Había diferentes voces sí, pero se encontraban desarticuladas y generaban confusión en el espectador. Es esta clase de canto simultáneo, confuso y carente de armonía el que impulsa la composición poética, otra forma de la paradoja en León De Greiff.  

III

Me dijeron un día

Del amor alto y bello:

Mi corazón yacía

Dormido bajo un sello:

Mi espíritu yacía

matemático y frío

y orgulloso ardecía

al caustico destello

de la gris fantasía!

Orgulloso ardecía

matemático y frío,

ardiente, errante indómito,

y universal y mío! 

Es a aquella confusión a la que está expuesto el sujeto lírico que se debate como una asíntota entre dos curvas, sin poder alcanzar posibilidad alguna; su propio carácter confrontado con la experiencia. Polifonía, que en Bajtín es una metáfora que, en todo caso, apela a la capacidad de la obra de exteriorizar, de salirse de la visión de mundo única de su autor y representar una dimensión más compleja de lo humano, es en León De Greiff pura introspección. 

Recordemos que, llegada la baja Edad Media, a puertas de la especialización y artística que impulsaría el renacimiento, música y poesía empiezan a separarse, creando para sí lenguajes diferentes con formas diferentes de representar. Dicho esto, es de destacar la fusión que intenta el autor. Si poesía y música en los primeros días de su creación hacen parte de una única materia indiscriminada, para el siglo XX el panorama ha cambiado sustancialmente. De Greiff quiere fundir en el texto un registro sonoro junto con uno visual; crea la imagen dentro del poema a partir del contraste vocal, el contrapunto. El poeta traslada las particularidades sonoras de una pieza musical en imagen. Resulta fácil pensar en imagen y sonido juntos en términos audiovisuales, en el cine, la tv, etc. Intentarlo en un texto no es una tarea fácil, establecer un tránsito entre lenguajes supone un ejercicio de comunión; el autor debe conocer los matices de cada arte para lograr puntos comunes, afinidades posibles a partir de las cuales se pueda crear. León De Greiff crea dicha unión.

 

*Casi antropóloga, casi ambientóloga, casi escritora.

Estudiante de Estudios Literarios 

Universidad Autónoma de Colombia 

 

Ilustración por: Daniel Duque – Francisco Bernal

Categorías: Pensamiento cítrico

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