Sancto Laurentio

(Texto Completo) 

Nitz Lerasmo*

Litografía por Tania Delgado

 

 

 

A un río

                                

Caricia de océano…

apenas unos grumos

de lo que podríamos

llamar nostalgia.

San Lorenzo, San Lorenzo;

un ruido de gaviotas

te persigue

para hacernos recordar 

tu origen marino.

¿Y serán los barcos

también tus amantes?

Suspendidos en el aceite

y en el olvido,

a veces crujen,

a veces ellos, también lloran.

San Lorenzo, San Lorenzo;

dos hojas de arce se mecen

en tus escamosas olas.

El cielo, provocativo añil,

envidia tu fluir acuático

y aquel puerto tuyo

que se desvanece

a cada arrebol.

 

Dime, San Lorenzo,

en tu vida de fluvial angustia,

¿a cuántos suicidas

has tomado entre tus brazos fríos?

Son las algas un secreto a voces,

y los silenciosos peces

de pupila plateada,

tus confidentes más antiguos.

Pero San Lorenzo;

¿a dónde arrojar esta tristeza

si tu agua melancólica

está por desbordarse?

Dime, San Lorenzo, revélame:

¿cómo puede fluir un río,

insensato,

hacia ninguna parte?

Y yo, San Lorenzo,

¿qué haré con las dulces lágrimas,

con la desdicha a flor de piel?

¿Qué haré con el cadáver

de mis sueños,

con la podredumbre

del porvenir,

con mis ojeras donde yace

           el polvo del mundo?

 

«Agua salmuera

y agua dulce

corre por mis venas»

confesó Lorenzo,

el padre de mi madre,

horas antes de morir.

San Lorenzo, Lorenzo;

qué martirio de homónimo.

Pero confiesa, río del norte,

¿acaso encontraré

en tu estuario

el agua dulce

y el agua salmuera

de las venas

que se abrió mi abuelo?

 

Y ahora, San Lorenzo,

que estamos frente a frente,

yo bien podría dejarme

caer a tus aguas

y tú, vena marina,

recibirme con un beso

sabor a muerte.

Pero ni tú ni yo, San Lorenzo,

nos tocaremos jamás.

Sólo nos queda mirarnos

sin sorpresa,

saludarnos cortésmente

―«civilizada linfa»

escribió el poeta―,

y finalmente darnos la espalda,

tratando de ocultar

nuestra tristeza

como si fuera el tesoro

más valioso que tuviéramos.

Y en verdad, San Lorenzo,

quizá es la tristeza

lo más valioso

que tenemos,

quizá es lo único

que vale la pena

poseer en este mundo.

 

 

*Nitz Lerasmo (autor) Tania Delgado (litografía) Arturo Gómez (audio)

1. Nitz Lerasmo (Ciudad de México, 1994)

Actualmente estudia la licenciatura en filosofía en la Universidad Nacional Autónoma de México. nitzhui@hotmail.com

2. Tania Delgado (Ciudad de México, 1995)

Estudia artes visuales en la Universidad Nacional Autónoma de México.

https://www.behance.net/TaniaDelgado

https://www.instagram.com/tania.dh/

3. Arturo Gómez (Ciudad de México, 1995)

Bajista. Estudia filosofía en la Universidad Nacional Autónoma de México.

arturofilosz@gmail.com

Categorías: Voz y verbo

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