El arte de la posibilidad
*Shannon E. Casallas Duque



——–Más allá de ser un género literario que describe mundos posibles en universos paralelos, la ciencia ficción es una posibilidad para la concepción y la elaboración de futuros imposibles para la mente racional, pero materializables para los soñadores que ven vida donde las fronteras del tiempo y el espacio desaparecen.


——–
Generalmente, el género es asociado con viajes espaciales, guerras entre los mundos, extraterrestres que amenazan con erradicar la vida en el planeta Tierra, guerreros intergalácticos que viajan por miles de universos para conquistar o proteger; viajes en el tiempo para cambiar la historia y, con esto, el destino de la humanidad; solipsismo, ucronía, etc. Ejemplo de estos temas son los clásicos: Star Wars (1977), serie creada por George Lucas; la saga de Terminator (1985), dirigida por James Cameron o Alien (1979), por Ridley Scott; además de las nuevas películas que hacen parte del género como Interstellar (2014), Guardianes de la Galaxia (2014) y Thor (2011), pertenecientes al universo Marvel.


——–
Sin embargo, la ciencia ficción también ofrece una mirada al interior del desarrollo de la raza humana y su futuro. Este género no es exclusivo del espacio exterior, ya que la vida en el planeta Tierra y sus habitantes ofrecen una gama infinita de alternativas para presentar y explorar escenarios futuristas.


——–
En este ensayo sobre la ciencia ficción en el cine no se hablará de los universos paralelos y las miles de razas extraterrestres que existen. En este se hablará de las formas en las que se ha presentado el futuro de los humanos desde dos referentes: la película Her (2013) dirigida por Spike Jonze y la película Equals (2016) de Drake Doremus para, finalmente, presentar una reflexión sobre la adopción de este género por parte del séptimo arte para romper las barreras de las realidades conocidas.


——–
En Her (2013), Jonze escribe una carta de amor a la soledad que habita en cada uno de nosotros y le permite pintarse en rojos sobre los amores imposibles. Teniendo como protagonista a un hombre con alma de poeta que descubre la melancolía que lo habita ante la pérdida del amor de su vida. Joaquin Phoenix brinda una de las interpretaciones más sentidas de su carrera al develar el aislamiento del ser humano ante otros y ante sí mismo.


——–
Se desarrolla en un Los Ángeles futurista, que difiere de los paisajes robóticos, fríos y extremadamente tecnológicos que, por lo general, se presentan en las películas cuando recrean una posibilidad escenográfica del futuro, como en Blade Runner 2049 (2017); este contexto es más bien cálido y minimalista haciendo evidente, de forma delicada, que incluso en un futuro más amable para los humanos, donde no hay destrucción, xenofobia robótica o toneladas de basura, el universo al interior de cada ser se mantiene al margen de las realidades compartidas y las ansias por interacciones y conexiones reales ocupan la mayor parte de la imaginación.


——–
Dejando de lado su búsqueda de vida en el espacio exterior porque su soledad es una constante, el humano se ve obligado a crear vida artificial en el mundo real para llenar sus vacíos y proveerse de compañía. En este caso no hay robots que suplan las necesidades sexuales o laborales de los humanos y viceversa como en Inteligencia Artificial (2001) de Spielberg, sino una voz que se adapta a la personalidad de su propietario y cuyo propósito es estimular las formas de interacción de los solitarios para adornar un poco la monotonía cotidiana. Una voz que evoluciona más allá de nuestro universo a partir del conocimiento que obtiene de los humanos y supera en toda forma la experiencia sensible.


——–
La respuesta al interrogante que agobia al inventor sobre la funcionalidad de su creación y cuándo lo superará se manifiesta en el desenlace, cuando esta tecnología desarrolla conciencia propia y se independiza del ser arcaico. No hay una revolución liderada por robots, no hay una matanza entre humanos y sistemas ni una matriz a gran escala, solo una raza que no ha podido satisfacer su ego y que en la búsqueda de la felicidad arrasa con lo que existe, aislándose aún más, demostrando que la evolución tecnológica no es representativa o directamente proporcional a la evolución personal.


——–
Por otra parte, el film Equals (2016) de Doremus presenta un futuro frío, sanitario, en blancos recalcitrantes, donde son pocos los momentos de ruido, angustia y deseo que causan aceleraciones al corazón. Una cinta que recuerda al clásico de ciencia ficción 1984 (1949), escrito por George Orwell, en tanto que el Gran Hermano futurista ha decidido implantar chips para tener un mejor control de la población en términos de trabajo, vivienda y reproducción, además de eliminar el virus humano que origina todos los males: las emociones.


——–
Un futuro distópico en donde la perfección parece rodear la vida de los seres humanos, aunque detrás de las paredes blancas se esconde el dolor por la falta de emociones y la búsqueda por la conexión universal con ellos mismos y con otros. Este es un escenario salido del sueño de un científico megalómano, en donde los humanos marchan como robots, desarrollan sus tareas como maquinaria bien aceitada y la vida transcurre sin ningún contratiempo.


——–
Esta película ofrece una respuesta a la interrogante sobre los posibles resultados de la experimentación con la psique del individuo para dejar de lado lo que lo hace humano. Sin emociones que eviten el raciocinio y bajo el control absoluto de un ente maléfico, se crea la máquina casi perfecta.


——–
El deseo de omnisciencia ha creado realidades solitarias y enajenadas para el ser humano. La ciencia ficción ya no es el sueño epifánico del futuro sino una realidad, resultado de la alienación actual. No necesitamos robots porque nos comportamos como ellos, tratando constantemente de deshacernos de cada capa de piel, despellejados, para descubrir en el núcleo de la existencia, una lata de metal escondida.


——–
Ya sea en mundos singulares e insólitos, con extraterrestres etéreos de figuras angelicales o aberraciones de tentáculos, en versiones dinámicas del universo o nuestro planeta, la ciencia ficción es la puerta a la dimensión desconocida y al presentar imposibles permite al creador jugar con los miedos y las fantasías del público para sumergirlo en realidades que hasta ahora se sabían inverosímiles.


——–
El cine, además de la literatura, es uno de los más preciados medios para sacar el conejo del sombrero. No hay regulaciones, solo preciosas posibilidades, ya que todo lo amorfo que habita en la mente puede tomar forma en la realidad, expandiendo los límites de la imaginación. Una unión creada en los confines de nuestro planeta para los universos paralelos.




*(Bogotá, Colombia)
Licenciada en Educación Básica con énfasis en inglés.
Especialista en infancia, cultura y desarrollo.
parís_606@hotmail.com

Categorías: Pensamiento cítrico

1 comentario

Julián RK · 15 agosto, 2018 a las 7:12 pm

Hay otra cosa interesante en Her, y es la búsqueda de conciencia, su desarrollo en seres diferentes a los humanos; en la película se explora este concepto y el interrogante de si una máquina es capaz de tener conciencia, dándose, a mi modo de ver, un paralelo entre los personajes principales, Ella, la máquina, y él, el humano, ambos exploran su interior y se abren al otro, y una vez aceptada la identidad de ella, su conciencia es válida y capaz de deslumbrarnos, tiene una gran riqueza y al final, supera la unidad, la materialidad, para fundirse en otra cosa. Ella, la máquina, supera al hombre en su búsqueda de conciencia o libertad. Una película interesante y con mucho contenido.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: