Marilyn Monroe en Cali
Alberto Bejarano*



——–Renuncio esta noche a ser su Musa. La de cualquiera que se me cruce por el frente. He escrito este monólogo para mí misma. Estoy sola. Aquí no hay nadie. No sé si alguien vino a verme hoy. No puedo ver bien. Anoche dormí mal. ¿Dónde dejé mis gafas? El papel que me habían ofrecido no me gustó para nada. Es más, debo decir que me ofendió. Nunca me habían menospreciado de esta manera. Cuando la directora de casting me llamó, creí, no sé, por un instante, que sería Blanche Dubois en Un Tranvía llamado deseo. Escogieron a otra menor que yo. La conozco, va al mismo gimnasio que yo. Pero saben qué… yo hago más abdominales y cardio que ella. Mírenla, ¡mírenla bien! (muestra una caricatura de Miss Peggy). Se los dije. Ahora véanme a mí (hace una sesión de abdominales). Uno, dos, uno, dos. Me vine a vivir a Cali-Calabozo después de mi muerte porque leí en una revista que acá hay mucho zombi suelto y a lo mejor paso inadvertida. He borrado mis fotos de todas las redes sociales. A partir de ahora no me verán. Cerré todos mis perfiles. ¿Saben quién soy ahora? Soy una desconocida. Tengo otro nombre en Tinder. ¿Quieren saber cuál es? Gregoria. Estoy sola. Ya no soy una musa. Estoy harta de actuar sobre femmes fatales.


——–Estoy hasta las t… Ustedes me entienden. Llega uno a una edad en la que tiene que usar gafas para leer. Ya no te llaman para los papeles de antes. Ya no te pasan al teléfono tan fácilmente. Te evitan. Incluso en el gimnasio te miran de otra forma. (Tose). Miss Peggy no me gana en abdominales. No lo soporto. Voy a hacerme un par de selfis. Me gustaría escribir algo en mi Instagram, perdón. Estoy pagando una promesa. Hice un pacto con el diablo. Dejé de ser una influencer, ¿no me creen? A ver, una última selfi, los quiero a todos de fondo. Uno, dos, tres… Listo. Háganme ahora una foto a lo Marilyn Monroe. A Marilyn le gustaba leer a Joyce, ¿lo sabían? La foto es famosa, busquen en Google. ¿Quieren una foto? ¿Autografiada? Las venderé a diez mil, solo por hoy. Puedo también hacer una foto personalizada. Hagamos una rifa. Yo haré una pregunta y el ganador vendrá conmigo al camerino al final de la obra. A ver ¿Qué puedo preguntarles sobre mí que no sepan? Hmmm, ya sé, algo que ni yo misma sepa, o que no esté segura. Ayúdenme con una pista. ¿Qué capítulo del Ulises leí?


——–Vivo en el Barrio San Fernando, voy a bailar salsa con gafas oscuras, me dicen que me parezco de lejos a María del Carmen. Soy Jeanne Moreau ahora, saliendo de una obra de Genet en el teatro de Odeón. Es invierno. Mi voz está herida de muerte, pero no dejaré de fumar. Siempre me gustaron las actrices francesas de las películas en blanco y negro: faldas hasta la rodilla, cigarrillos rubios y largos, pelo corto. Soy Gregoria Samsa, soy la artista del hambre. ¿Quieren que les muestre cuantos abdominales puedo hacer sin parar? Le ganaría a Cristiano Ronaldo. Dicen que hace tres mil diarias. Claro, no seguidas. Mil quinientas antes del desayuno y otras mil quinientas antes de dormir. A ver, a la cuenta de tres… uno, dos, tres… El resto se lo imaginan. Debía hacer un estriptís. Por eso el escenario se ha decorado así. ¿Lo ven? El trapecio, el sillón, la hamaca, la escalera. Tenía que lanzarles una trivia para comenzar. ¿En qué año escribió Kafka, Un artista del hambre? ¿Una pista? Fue hacia el final de su vida. ¿Alguien? ¿1918, 1926, 1922, 1919? Kafka se anticipó a todos. Creó a sus personajes a nuestra imagen y semejanza, quiero decir… nos creó. Vio el futuro y luego nos creó. Anoche no dormí bien. Últimamente me ataca el insomnio. A veces me despierto en la madrugada y no recuerdo en dónde estoy viviendo. ¿Es un motel? El mundo es un motel de carretera, solo el blues puede comprenderlo. ¿A quién le gusta el blues? Siento que soy una sonámbula en la vía al mar. Soy el desierto. El mundo da vueltas en mi cabeza.


——–A Marilyn nadie le creyó que leía a Joyce. Su último marido, Arthur Miller, la destruyó en su última película, The misfits. Por eso no quiero ser musa de nadie. ¿La vieron? Es la historia de una mujer que se divorcia y se enamora de un domador de caballos, de Clark Gable en su última película, también. ¿A quién puede importarle lo que leía Marilyn Monroe? ¿A quién puede importarle lo que hacía Gregorio Samsa después de muerto?



*(Cali, Colombia)
Escritor de monólogos sordos.
Estudios de traducción del portugués.
kinephilo@gmail.com
http://bogotaucronica.blogspot.com/

Categorías: Voz y verbo

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