Monumentos megalíticos de Mu
Maximiliano E. Giménez*

—–… Y si miran hacia proa podrán distinguir las primeras columnatas y palenques que recuerdan vagamente la sillería andina del período arcaico.

——–Hasta hace poco se creía que los primeros habitantes de Atlantis provenían de Europa o el norte de África, pero recientes descubrimientos demuestran que su origen se sitúa en el océano Pacífico, desde donde llegaron atravesando América Central tras un cataclismo global acaecido hacia el 30.000 a. C. De aquella civilización anterior conservaron la afición por el océano, la letra que designaba a los observadores del cielo y una obsesión por la armonía que los llevó a erigir monumentos en toda la geografía de los mares.

——–Frente a nosotros se abre uno de los más conspicuos de estos complejos arquitectónicos, la Calzada de Atlantis, que desde las Antillas conducía hacia las Islas Verdes y a partir de allí a la ciudad capital. Como pueden ver, la calzada era tan ancha como nuestras modernas carreteras. Es necesario tener presente que en lo más alto de la glaciación de Würm el mar estaba a ciento cincuenta metros por debajo del nivel actual, y el Atlántico se asemejaba más a un archipiélago de aldeas marinas iluminando la noche, que a la superficie desolada que espantó luego a los romanos.

——–A la derecha se pueden observar los restos de una casa de baños públicos, cuyas piletas de diferentes temperaturas eran surtidas de agua fría y caliente por corrientes de origen oceánico y volcánico, situadas debajo de la isla. Actualmente, los patios y galerías están anegados y la actividad volcánica persiste, como puede verse por el vapor que emana de las aguas y el lento balanceo que anima las columnas del edificio. El fenómeno, conocido como bradisismo, ha sido observado en otros lugares alcanzados por la presencia atlante, como Nápoles, y hace sospechar que los atlantes amaban los volcanes y la renovación permanente que estos suponen. La reconstrucción de este sitio fue posible gracias a la generosa contribución de nuestros patrocinadores Cola Loca. ¡Cola Loca, siempre te da más!

——–Recuerden ustedes que la aristocracia de Mu hizo construir estructuras megalíticas en toda la cuenca del Atlántico a semejanza de la isla madre, por tanto, las edificaciones más ciclópeas se encontraban en la ciudad principal, Atlantis. Pueden divisarse desde aquí algunas de esas formas, como aquel zigurat colosal que se ve hacia la izquierda, emergiendo sobre las nieblas del estuario.

——–Puede aventurarse que la estructura de círculos concéntricos que caracterizó a la arquitectura y la filosofía atlante, y cuya impronta reencontramos en los dunn célticos, remeda precisamente la forma de un volcán, toda vez que se la proyecta en tres dimensiones bajo forma de menhir, pirámide o ciudad. Pero esto es ir, tal vez, demasiado lejos.

——–A ver, el señor de barba negra que está sacando los brazos por la borda. Señor. ¡Señor! Sí, usted. Soy yo, el guía. Acá, arriba, en el mástil. Hola. Le voy a pedir, por favor, que no salga ni descienda del vehículo a menos que yo lo indique expresamente. Puedo asegurarle que la recreación histórica es tan real como afirman las propagandas y sería lamentable que un percance nos impida alcanzar la conclusión de este recorrido en el que la compañía ha invertido tanto esfuerzo.

——–Aquí, por ejemplo, podemos ver un grupo de esclavos cargando mercancías en los bajeles de juncos que descendían por los canales hacia los puertos de ultramar. La tradición quiere una Atlántida utópica y angelical, pero lo cierto es que la aristocracia de Mu pervirtió el legado de la Edad de Oro y esclavizó a muchos pueblos con los que hasta entonces había convivido pacíficamente. Al final, eso fue lo que precipitó su ruina. En el momento del cataclismo, la Atlántida era un pueblo exangüe que había sido derrotado en el Mediterráneo y obligado a retirarse hacia Occidente a pesar de las más notorias señales de catástrofe. Sin embargo, la aportación cultural de los pueblos sometidos había aportado nueva vida a una sociedad asfixiada por la tiranía, y fue, probablemente, el elemento decisivo en la pervivencia de la civilización atlante tras la debacle final.

——–Las artesanías atlantes, fabricadas por esclavos e inmigrantes, eran estimadas en todo el globo por su funcionalidad y refinamiento,  hasta el desastre del 12.000 a. C. se las podía encontrar en la mayoría de los mercados y bazares del cercano Oeste. Aquí adelante tenemos precisamente una feria de artesanías, donde pueden obtenerse una gran variedad de productos artesanales auténticos por precios solo disponibles en este local. Recomiendo especialmente los adornos de perlas de fuego, una especie endémica de Atlantis, a quienes puedan permitírselo, desde luego. Pueden acceder a la feria por la cinta de babor. Los que deseen descender de la plataforma, recuerden que el vehículo avanza lentamente pero sin pausa.

——–Vamos a permitir un paréntesis para quienes quieran adquirir algunos recuerdos… Bien. Aguardemos un momento a la señora… El público siempre quiere más. La señora se lleva una hermosa estela grabada… ¡Ah, no! Es un collar de oricalco. ¡Bravo por la dama! Un genuino producto atlante. Se ríe la señora. ¡Ah, la felicidad es posible, gracias a la generosidad de nuestro patrocinador! ¡Sueño Profundo… un sueño seguro!

——–Como les decía, los signos del cataclismo inminente habían comenzado a mostrarse tanto en la parte sur del continente, donde las fumarolas oceánicas denotaban la intensa actividad del lecho submarino, como en la proliferación de hielo libre en la región hiperbórea, que anunciaba el final de la Era de Hielo.

——–En el mapa pueden ver la extensión que alcanzaba Atlantis, al norte en la latitud del Labrador y al sur a la altura de Cádiz, lo que se corresponde con una plataforma insular luego barrida por las aguas, pero observable mediante la batimetría. Algunos de los picos submarinos se encuentran a pocos metros bajo el nivel del mar, pero se han hallado pirámides escalonadas cerca de las Azores a más de doscientos metros de profundidad, lo que da una idea de la magnitud de la catástrofe que azotó el lecho oceánico y presumiblemente al planeta entero.

——–La confluencia de corrientes frías y calientes, propias de la dinámica orogénica, sin embargo, permitió el desarrollo de una notoria biodiversidad y su consecuente tradición gastronómica. A despecho de la aristocracia de Mu, que sacralizaba el boniato, el tomate y el aguacate como testimonio del legado racial, el populacho atlante cocinó y comió toda clase de peces, mariscos, aves y hortalizas, incluyendo especies endémicas que se extinguieron con la debacle. Es de presumir que la Atlántida bloqueaba parcialmente, en aquel momento, la circulación de la Corriente del Golfo, por lo que su hundimiento supuso un aumento de temperatura en el Mar del Norte y contribuyó a volver habitable un territorio hasta entonces ocupado por los hielos continentales.

——–En ese sentido, puede afirmarse que la caída de Atlantis fue condición para el surgimiento de Europa y que fueron los sobrevivientes quienes precipitaron el paso del Paleolítico al Neolítico en la cuenca mediterránea. ¡Pero no antes de dejarnos probar su cocina! Del bufet en cubierta pueden ustedes servirse algunos de los platos más populares y exquisitos que aderezaban las mesas de la antigua Atlantis en la época previa a la catástrofe. Los platos son absolutamente genuinos y han sido recreados por nuestros cocineros siguiendo las recetas culinarias, reconstruidas por los antropólogos de la compañía. Se ha demostrado que los atlantes cultivaban bivalvos en líneas de profundidad cercanas a la costa, por lo que recomiendo especialmente el ceviche de mariscos. También utilizaban la leche de coco, probablemente como vestigio de la antigua cultura lemuriana.

——–¿Eh? Sí. Muchas veces nos preguntan sobre Lemuria y la ancestral civilización del océano Pacífico, y en cada ocasión nos vemos obligados a recordar que solo hemos podido recuperar, aunque de modo parcial, los monumentos megalíticos de Mu en el área de influencia del océano Atlántico, cuya antigüedad se remonta todo lo más a 20 – 30.000 años, y comprende, en consecuencia, el período Atlántico de la humanidad. La civilización lemuriana es mucho más antigua, tal vez, alcanzando los 100.000 mil años.  La erosión del fondo oceánico, durante ese tiempo, ha hecho imposible hasta ahora identificar con certeza los restos arquitectónicos de su cultura. ¡Hasta ahora, digo! ¡Porque los esfuerzos de la compañía son siempre mayores para darle a su público más, más, más! Aunque me cuesta comprender cómo podría superarse esta novedad que están ustedes viviendo hoy, y que con justicia se llama Inmersión Total. ¡Así que a degustar esos manjares que ya se acerca el gran final!

——–Los canales concéntricos de la isla conducían a ese promontorio que tenemos en frente y que constituye esencialmente la parte superior de un estratovolcán submarino de unos cinco kilómetros de altura. Se supone que una serie de terremotos encadenados a lo largo de la dorsal atlántica terminaron provocando la explosión y derrumbe de las laderas del volcán, produciendo una marejada sin precedentes. Sin embargo, la investigación geológica testimonia el hundimiento de vastas extensiones de tierras emergidas, lo que hace pensar más bien en la fractura de placas tectónicas en subducción sobre los torturados abismos del lecho oceánico. Como sea, una serie de olas arrolladoras, aquí ven la primera, anegó de manera completa y definitiva el continente completo “en un sólo día y una noche”, como contarán los griegos diez milenios más tarde. Es preciso interpretar cuán hondamente habrá impresionado a la humanidad esta catástrofe para seguir recordándola con terror durante cien siglos. Ahí viene la segunda ola. ¿Escucho quejas? Ruego a cada uno que se remita a la copia del contrato que firmó con la compañía. Cada uno tiene el suyo, son a prueba de agua. Inciso 2, al principio: «La compañía se compromete a brindar una reconstrucción 100% realista, hasta donde lo permitan los medios técnicos existentes en la actualidad, de los aspectos más relevantes de la cultura y la historia atlante…». Inciso 7, más abajo: «El contratante asume plenamente los riesgos y consecuencias que pudieran derivarse de su participación en el espectáculo, en lo atinente a la salvaguarda de su integridad y efectos personales, y renuncia a iniciar reclamos o acciones legales…». Ojo que viene la tercera ola. Los que estén por encima de la línea del agua pueden ver a la izquierda cómo se derrumba y se apaga la Lámpara de Atlantis, una suerte de faro ceremonial que permaneció encendido durante casi cuatrocientos años, desde el inicio de la dinastía… Bueno, ahí llega la cuarta ola. Ya no me escuchan. De todos modos, agrego una perlita de mi cosecha. Bombas de cubierta en funcionamiento… y ahí va. Vaciando cubiertas superiores. Yo creo que entre la aristocracia de Mu solo había cinco letras sagradas, que correspondieron luego a las letras Alfa, Beta, Gamma y Delta entre los griegos, o Aleph, Beth, Gimmel, en hebreo. No soy filólogo, pero diferentes documentos me inducen a pensar que la quinta letra, Mu, correspondía en sánscrito a la vocal sagrada Om u Omega como se decía en griego. Se me ocurre que este acento estético en el elemento terminal, que caracterizó a la cultura atlante, es la razón por la cual su estruendoso final ha permanecido incólume en la memoria de la humanidad. Para finales no hubo como el de Mu, aunque esto pueda ser difícil de valorar en una época que se precipita de una novedad a otra sin reparar en los desenlaces. A mí me gusta pensar, en este sentido, que en cierto modo Mu nos devuelve la conciencia de la finitud.

——–¡Pero bien! Si estas elucubraciones fueran capaces de suscitar el interés del público, yo estaría produciendo contenidos audiovisuales para la compañía y no vociferando desde este mástil mientras el océano se lleva los cuerpos rumbo a su tumba atlante. ¡Así que ya vamos enfilando de vuelta hacia el puerto que un nuevo grupo de turistas nos espera!



*(Bogotá, Colombia)

Músico, escritor y artista plástico.
maximilianoegimenez@gmail.com

Categorías: Voz y verbo

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