¿Es mejor el sexo con personas mayores? 
Carolina Murcia*



«Este libro está dirigido a los hombres jóvenes
y dedicado a las mujeres maduras;
y la relación entre unos y otras es mi propuesta».
Stephen Vizinczey.



——–La adolescencia es la etapa más importante para el descubrimiento y la experimentación autónoma de la realidad. Hasta ese momento, los padres han cohibido por instinto, generalmente, dicha experimentación en sus hijos, quienes están traspasando la frontera de la niñez. Cuando los jóvenes se rebelan contra aquellos que se empeñan en mantenerlos en cajitas de cristal, cual juguete de promoción, se lanzan ansiosos a terrenos que parecen ser exclusivos para los adultos y de los que ellos aún no pueden disfrutar porque “aún son unos niños”. Es ahí donde esa masa incontrolable se arma con artimañas, aún con sus vestigios infantiles y con sus caritas de “yo no fui”, para conseguir cómplices que los guíen en los terrenos desconocidos, pero, según ellos, maravillosos en los que los adultos viven, como es el caso de András, el protagonista de la novela En brazos de la mujer madura, de Stephen Vizinczey. Sin embargo, la poca inocencia que les queda, después de tanta juerga, todavía los hace sonrojar y ponerse nerviosos ante las puertas de la sexualidad y el erotismo.


——–En los tiempos que corren, tanto chicas como chicos se lanzan por igual al cortejo del otro y a la práctica sexual; aunque, cabe decir, aún vemos resquicios de la conservadora tradición que dicta que los muchachos son quienes deben tomar la iniciativa en la conquista y hacer su mejor esfuerzo para llegar a ese momento esperado: el sexo, que se consumará en la cama de los padres de alguno de los dos, en el caso más común, claro. Es aquí donde cabe preguntarse si la primera experiencia sexual debe darse, necesariamente, con alguien igual de inexperto.


——–Es decir, ¿por qué conformarse con una experiencia erótica regular e inexperta, que dista de la anhelada, con  alguien que también es adolescente perdido en estos temas o con algunas básicas nociones sexuales, cuando hay una amplia población de hombres y mujeres mayores que en su mayoría son más experimentados y pueden dar la memorable experiencia que se espera tan ansiosamente? Y si las expectativas no se cumplen completamente con ellos, al menos se está en manos más sabias que guiarán y llevarán a las sinuosidades del placer.


——–Esta es la propuesta de András Vajda: Un hombre que encontró, en los brazos de mujeres mucho mayores que él, aquella experiencia sexual que desde niño se sintió impulsado a tener. En el libro En brazos de la mujer madura, András nos cuenta cómo inició desde pequeño a buscar, primero, inocentemente en las reuniones de las amigas de su madre, después, conscientemente como un adolescente, aquella experiencia idílica anhelada; y por último, como un hombre, contempla, disfruta y redescubre en el cuerpo de cada mujer y acto sexual una experiencia única de éxtasis.


——–Esta obra nos narra las aventuras de un niño que pronto se tuvo que convertir en hombre a causa de la Segunda Guerra Mundial. András nos cuenta que, antes de que la guerra lo afectara a él y a su familia, vivía felizmente rodeado de frailes franciscanos y amigas de su madre que iban una vez a la semana a su casa a tomar el té. Para el protagonista, estos dos mundos, tan aparentemente opuestos, fueron de gran importancia para el desarrollo de su personalidad y sus creencias.


——–Por ejemplo, él creía que «nunca hubiera podido comprender y gozar de las mujeres si la Iglesia no me hubiera enseñado lo que es la reverencia y el éxtasis. […] No concebía la existencia sin uno de ellos, y a veces pienso que la vida ideal podría ser la de un fraile franciscano con un harén de mujeres de cuarenta años» (Vizinczey, 2007, p. 19). A pesar de que en un principio sus aspiraciones apuntaban a hacerse sacerdote, prefirió seguir disfrutando del tipo de mujeres que conoció en las reuniones de su madre y luego en el campamento del ejército americano que estaba cerca de Salzburgo.


——–Vajda disfrutó, hasta donde pudo, de las “citas” que tenía con su tía Alice, quien lo «miraba a los ojos con burlona indignación y, según creo, con coquetería, y me reprendía en tono grave y tierno a la vez: “¡Tú me buscas el pecho, diablo!”» (Vizinczey, 2007, p. 20). Sin embargo, la guerra lo llevó a deambular solo por días, se había separado de su madre y de la academia militar a la que lo habían enviado, hasta que los soldados americanos lo acogieron en su campamento. Allí se ofreció como intermediario entre las mujeres que se prostituían, por necesidad y gusto, y los soldados americanos. Su función específica era hacer de traductor y reunir a los clientes.


——–Fue en ese entorno donde, muy joven —aunque en esta época, al parecer, ya no se era muy joven para nada—, empezó a ganarse la vida, más por motivación propia que por obligación, y adentrarse en el campo sexual propiamente dicho. Cabe aclarar que los soldados impedían, hasta donde les era posible, que el jovencito supiera de sus asuntos privados. Aunque, András era muy astuto para eso y pronto aprendió que «la mayoría de las consideraciones morales sobre el sexo no tenían absolutamente ningún tipo de contacto con la realidad» (Vizinczey, 2007, p. 29).


——–A pesar de las precauciones de los soldados, fue imposible que este chiquillo no indagara en ese mundo al que todos, amablemente, le negaban la entrada. Se escabullía en las habitaciones o carpas lo mejor que podía después de que los clientes salían; intentaba escuchar las conversaciones, incluso esperaba que alguna de aquellas mujeres le prestara atención. Sería hipócrita decir que el jovencito estaba descontrolado por no tener encima la autoridad de su madre, que era inmoral lo que los soldados le permitían y le pedían hacer; sin embargo, este escenario, a grandes rasgos, es el mismo al que se enfrentan jóvenes como un hermano o hermana, vecino, amigo, amiga, familiar…, es decir, el deseo incontrolable por conocer más sobre el sexo, fuera de lo meramente biológico, incita a buscar herramientas para entrar con seguridad a la cama con alguien y salir triunfante. Infortunadamente, los adolescentes se topan con que muchos adultos se avergüenzan más que ellos a la hora de hablar sobre sexo y, de hecho, hasta censuran el tema, en el peor de los casos. Lo cual los lleva, ya sea porque no encuentran respuesta en los adultos o porque les gusta ser “autodidactas” en este asunto, a buscar en internet lo que András trataba de imaginar al entrar a una de las habitaciones en las que ya todo había sucedido.


——–Se podría decir que los chicos y chicas de ahora tienen mucha suerte al tener tantas herramientas que les pueden aclarar sus dudas e informar acerca de todo el tema, pero ¿realmente es así? ¿Será que el internet, la pornografía, las charlas y los libros, etc., en efecto los prepara para tener sexo? ¡Por supuesto que no! Si bien los jóvenes de ahora conocen su fisionomía y la del otro, conocen las múltiples formas de prevenir un embarazo o una enfermedad, ¿cómo todo ese exceso de datos podría prepararlos para lo que es realmente el acto sexual? Una charla en la sala o en la habitación de la casa con él o ella no basta para calmar el nerviosismo, las expectativas y la presión social que sienten.


——–Ellos deben, por sí mismos y con el conocimiento básico, claro está, aprender a ser valientes y adentrarse en la sexualidad quitándose la capa de pudor, que realmente no sirve para nada, y el nerviosismo que implica desnudarse frente al otro, no solo física sino también interiormente. Entregarse completamente no es cosa de una sola noche sino de varias. Cabe aclarar que la sexualidad es un viaje principalmente personal y luego de la pareja.


——–Esto nos lo deja claro el protagonista del libro, quien se enfrenta a las vicisitudes de la adolescencia y la adultez, ya que tener una cédula o que el mundo lo reconozca a él como adulto no significan nada en relación al ámbito sexual, pues la importancia en este tema recae en lo que ha aprendido por sí mismo a través de la experiencia. Nadie puede inyectarles a esos muchachos o muchachas la confianza y la seguridad que el buen sexo requiere. Eso se gana con la práctica.


——–Antes de tener sexo, todos tenemos que enfrentarnos a la fase de coquetería que hará posible el tan mencionado acto. Fase funesta para los adolescentes y algunos adultos. Ahora la mayoría de las personas tienen la posibilidad de encubrirse bajo redes sociales como WhatsApp para hacer del coqueteo un trabajo más ameno, pero nadie está a salvo de la incertidumbre y la ansiedad que supone convencer al otro, esto en los casos en los que uno de los dos aún está dudando o no muestra señales de querer tener sexo.


——–Para András, el coqueteo de las niñas de su misma edad era un suplicio, puesto que en su época, por lo general, el trabajo recaía en lo hombres. Convencer a las niñas, ya fueran feas o bonitas para él, fue un trabajo traumático. Su evidente decisión y su seriedad respecto al sexo ponían nerviosas a las jovencitas con las que salía, aunque, al parecer, los chicos y chicas tenían que soportar la torpeza del otro. A Vajda, en la última etapa de sus intentos con las niñas, le desesperaba la risita nerviosa de ellas cuando él intentaba algo o tocaba el tema, incluso, le molestaba que le dieran falsas esperanzas cuando finalmente nada iba a suceder. Después de esto, llegó a la conclusión de que «las jovencitas deberían enseñar el camisón a los hombres maduros» (Vizinczey, 2007, p. 64).


——–Cansado de todo ese circo del que no salió indemne, se dejó guiar por sus instintos y se aventuró al cortejo de Maya, quien vivía en el mismo edificio que él. Esa mujer que «encarnaba el dualismo occidental: con su cara suave, sus labios finos y hombros delgados parecía una criatura delicada y etérea […], pero sus rotundos pechos y caderas expresaban una voluptuosidad muy terrenal» (Vizinczey, 2007, p. 67). Maya aconsejó a su vecino, que iba frecuentemente a su apartamento a pedirle libros prestados, ser más paciente con las chicas; no obstante, no insistía mucho en ello ni tampoco lo incitaba a cortejarla de forma evidente. Solo le permitía que fuera a su apartamento a hablar y, como ya se veía venir, una tarde, András, que sufrió durante semanas para decirle directamente a Maya sus intenciones, leyó por última vez el párrafo en el que Julien, el protagonista del libro Rojo y negro (de Stendhal), se decide averiguar lo que madame de Renal piensa de él. Luego de leer los párrafos que reflejaban perfectamente su situación y lo que debía hacer: «tiré el libro sobre la cama, salí de casa dando un portazo y tomé el ascensor. “Si esta vez me falta valor, me tiro al Danubio”, me dije» (Vizinczey, 2007, p. 77).


——–Por suerte, Maya tomó muy bien la propuesta del joven. Le dio un beso y después de ducharse, se acostó al lado de él, quien la esperaba desnudo en su cama matrimonial. András obtuvo lo que tanto había deseado: una experiencia, si bien, no excepcional por su inexperiencia, fundamental y excitante.

——–Ella me guio en su cuerpo y, una vez dentro, me sentí tan feliz que no me atreví a moverme por miedo a estropearlo todo. Al cabo de un rato, ella me dio un beso en una oreja y susurró:

——–—Me parece que voy a menearme un poco. (Vizinczey, 2007, p. 83).


——–El hecho de que András tuviera la oportunidad de acostarse con una mujer casi de cuarenta años, cuando él rondaba los dieciocho, le dio la oportunidad de tener una experiencia sin igual donde, a pesar de sus inquietudes en la cama, pudo encontrar finalmente la seguridad y tranquilidad de haber podido entrar en los terrenos del sexo y el erotismo. La paciencia de Maya y sus atenciones, que no tenían trasfondo alguno, le dieron, a diferencia de la mayoría de jóvenes que tienen una experiencia no muy agradable con sus parejas, un recuerdo agradable que lo acompañó para siempre «ella, sencillamente, se complacía a sí misma y me complacía a mí, y yo iba descubriendo nuevos territorios sin percatarme de que iba perdiendo mi ignorancia» (Vizinczey, 2007, p. 83).


——–Este fue el inicio de una serie de experiencias no solo sexuales sino también sentimentales, puesto que a veces después del sexo surge el amor o viceversa. En brazos de la mujer madura es una obra biográfica que si bien se centra en el recorrido sexual de András Vajda, desde que es un niño hasta su adultez, también nos muestra su lado más sensible al relatarnos que no siempre fue tan suertudo como con Maya, sino que él, que era un don Juan, también «después de meses de tentativas vanas, me enamoré perdidamente sin esperanza y sin la menor provocación» (Vizinczey, 2007, p.95).


——–Para la mayoría de los jóvenes, el sexo y el amor están ligados, en algunas ocasiones es así, pero tanto el amor como el sexo pueden vivir individualmente, y aún más cuando es un amor platónico y sin esperanza. No pasa mucho tiempo para que nos demos cuenta de esto, de hecho, en los tiempos que corren, es cada vez más difícil obtener el amor de alguien que su cuerpo. Para András, que en ese momento era un universitario, sus esperanzas quedaron enterradas desde el primer momento en que empezó a hablar con Ilona en los baños Lukács. Ella no tenía ningún interés en él y, además, estaba enamorada de otro.


——–El protagonista es una excelente representación de las etapas por las que todo ser humano pasa: la primera experiencia sexual, el enamoramiento, la decepción, las noches de libertinaje pasajero, la impotencia al no poder satisfacer a alguien, etc. Es fácil sentir empatía por Vajda porque el autor del libro, Stephen Vizinczey, nos lleva paso a paso por la vida de un niño, un adolescente y un hombre que nos muestra las dificultades que su entorno le presentaba y sus preocupaciones como ser humano respecto a sí mismo y al mundo. Nos muestra su perspectiva respecto a su preferencia por las mujeres maduras, de tal forma que entendemos que esa “escandalosa” situación es aceptable porque es la preferencia del otro. De hecho, para muchos, puede que la propuesta del autor sea atractiva: elegir a alguien mayor que nosotros para vivir la sexualidad. Después de todo, es una de las muchas opciones que el mundo del sexo nos ofrece.


——–Para finalizar, En brazos de la mujer madura se refleja la realidad de las personas del siglo pasado, también la nuestra. Todo lo que significa ser un adolescente se ve reflejado en esta obra que, además de ser una propuesta, es también un libro que puede ser una guía para todos aquellos que no se han sentado a reflexionar sobre lo que han hecho en su vida sexual, es decir ¿qué hace usted cuando está frente a una persona que le atrae?, ¿cómo se comporta?, ¿se siente seguro o segura de sí misma?, y después del sexo, ¿cómo se siente consigo mismo y con la persona que está ahí, al lado suyo?


——–Recordemos que el sexo no solo es un acto que se tiene de vez en cuando o con frecuencia, sino un tema para pensar, ya sea porque se quiere mejorar las experiencias o porque se quiere conocer a sí mismo. Los años nos quitan el pudor con el que pretendieron cubrir nuestros ojos, pero es mejor sentarse a reflexionar de vez en cuando qué ha sido de nuestra sexualidad en lo que llevamos de vida. Y si por el momento no le apetece pensar en eso, lo invito a sentarse y leer la experiencia sexual y amorosa de András Vajda, quien desde temprana edad se quitó la venda y pasó por alto la “poca” censura a la que se enfrentó; porque en la Europa de él parece que el sexo no sufre de la desaprobación que en Latinoamérica sí.


——–Por último, lector, no tenga miedo a mostrarse desnudo frente al otro y, sobre todo, frente a sí mismo.


«Yo te quiero mucho porque a tu lado encontré
la forma de volver a quererme».
Atila József.




*(Bogotá, Colombia)
Estudiante de Literatura en la Universidad Autónoma de Colombia.
Escritora ocasional y amante de todo tipo de género literario.


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