La choza en el bosque de pinos 
Alfredo Daniel Copado*



——–La tierra estaba caliente y cómoda. El viento traía ese toque húmedo que tanto gusta a las muchachas virginales que suspiran al pie de sus balcones. El trinar de los pajarillos sonaba en lo alto de las copas de los árboles, muy por encima de aquel bosque oculto. Debajo de un pequeño grupo de pinos yacía una destartalada choza olvidada de donde surgía un rumor extraño y travieso que daba al ambiente un toque místico. Las aves comenzaron a dar saltos sobre el alfeizar de la ventana derruida, muy interesados por el movimiento del interior. A través de los cristales rotos, se vislumbraba una cabaña polvorosa y desolada, de una sola pieza, en la cual descansaban tres sillas dispuestas en un semicírculo. En cada uno de estos asientos había un adolescente ataviado con un elegante uniforme escolar influenciado por el estilo de los marineros europeos. Los cuerpos reposaban inmóviles y sumidos en un silencio sepulcral. Esas cabezas morenas sobresalían de la penumbra. Gruesos vendajes negros les cubrían los ojos, sus brazos estaban atados en el respaldo de la silla y descansaban sobre sus espaldas. Las caderas yacían expuestas a la intemperie mientras que sus pantaloncillos les colgaban sobre las rodillas mostrando unos falos excitados, pálidos y con el vello púbico apenas visible. Apareció entonces una pequeña figura en la escena, la cual parecía estar arrodillada y se movía con ansiedad frente al grupo de sillas. Era una muchachita vivaz de la misma edad que los jóvenes maniatados, con el rostro salpicado de pecas y el cabello rojizo sujetado con un par de lazos rojos. Ella se aferraba gustosa al pie de las sillas mirando con euforia el botín que había conseguido aquella tarde. Con movimientos felinos se movía de un lado a otro, sus rodillas la impulsaban velozmente de arriba a abajo, mientras que las palmas de las manos se llenaban de un aroma exótico y fuerte. Entre sus labios exprimía con firmeza cada uno de esos miembros jóvenes desde el glande hasta el escroto. Su saliva se resbalaba hasta la base de las sillas mientras que su lengua jugueteaba de pene en pene. Entre risas y suspiros, la chiquilla masturbaba con frenesí a cada víctima hasta hacerla gritar en medio de explosivos orgasmos juveniles. Tenía la boca hinchada de tanto succionar y sus manos le ardían por apretar los jugosos y fértiles depósitos . El sabor en su lengua le escocía un poco, pero eso le encantaba muchísimo. De su fina blusa de algodón, convertida en jirones y salpicada por manchas extrañas, brotaron un par de pechos blanquecinos en pleno desarrollo, los cuales mostraban algunos cardenales que le causaban gran orgullo a la moza. Con suavidad, introdujo en sus senos apretados un pene, después otro y otro más, para terminar de exprimirlos a su antojo. Afuera, los pajarillos continuaban con su canto mientras que adentro la escena se volvía ácida y divertida.


——–Con las rodillas un poco raspadas y ensangrentadas por el esfuerzo, la chiquilla se levantó todavía insatisfecha. De un tirón desesperado rasgó su larga falda de franela hasta los muslos y la lanzó junto con sus bragas empapadas lejos del grupo de sillas, levantando una delgada capa de polvo cuando cayeron sobre el suelo. Su pubis, liberado, parecía palpitar y notó que su vagina estaba más hinchada que de costumbre. Con una especie de lamento fingido, la joven acarició el primer miembro erguido que encontró y lo frotó con gusto. Sus ojos devoraron aquel glande brilloso, puro y prometedor. Sus muslos femeninos se desbocaron y comenzaron a temblar por la emoción. Esta vez quería algo especial, de manera que se incorporó completamente frente a la silla, se dio la vuelta dándole la espalda a su presa, muy despacio abrió sus nalgas mojadas con una mano y guió su trayectoria con la otra que sujetaba el falo. Con un movimiento impulsivo aquella saeta le traspasó el ano por primera vez en su vida. El ardor que se acumuló dentro le hizo reír y llorar al mismo tiempo. Era magnífico que hubiera entrado al primer intento debido a la fuerza del sentón. Mientras se mordía los labios sintió el sabor de la sangre en su boca mezclado con un placer prohibido. El dolor era extremo, insoportable e insuperable. Eso le fascinó bastante. No quería levantarse o sacarse aquella flecha de su cuerpo. De una sacudida logró incorporarse un poco para dejar caer su trasero nuevamente sobre la espada, la cual estaba impregnada de pequeños hilos de sangre provenientes del interior de la doncella. La cabalgata se prolongó durante un rato mientras que la chiquilla, extasiada, comenzaba a sentir su cáliz desbordado de calor. Cuando se dio cuenta, yacía sobre otra de sus presas mientras otro miembro erecto le penetraba la vagina haciéndole vibrar el vientre. Su ansiedad la llevó a desarrollar complicadas posturas para degustar aquel trío de troncos lubricados por sus jugos femeninos. Por un instante parecía que las viejas sillas no soportarían las embestidas anales, orales y vaginales que se daban una seguida de otra. Más explosiones, risas y llanto. La muchacha, sumida en plena excitación y placer, se encontró a sí misma tirada en el suelo junto al pequeño grupo de sillas tumbadas. Sus víctimas parecían igualmente satisfechas e inconscientes. La venda de sus ojos había desaparecido, de tal manera que, por miedo a ser descubierta, la chiquilla se levantó del suelo presa de un pánico travieso y, semidesnuda, se lanzó fuera de la choza perdiéndose en la espesura del bosque olvidado. Detrás de ella quedaron los mozos sumergidos en medio de una refrescante calma onírica.




*(Ciudad de México, México)

Licenciado en Arte y Patrimonio Cultural de la UACM
con Maestría en Ciencias Sociales de la UACM.
Ganador del 1er. lugar en el Primer Concurso Estudiantil Universitario de Cuento
Cuautepec 2011 de la UACM con el cuento
De madera a Pantocla, la bella amorosa.

Participación en revistas:
– Tlillan-Tlapallan N.° 5, especial “Adán y Eva”,
con el cuento
Anima Mundi (México, 2015).
– Tlillan-Tlapallan N.° 7, con el ensayo

A través de las dimensiones del poder (México, 2015).
– Tlillan-Tlapallan N.° 8, con el cuento

De madera a Pantocla, la bella amorosa (México, 2015).
– Revista Relatos Increíbles N.°7,  con el cuento El laberinto viviente (Perú, 2016).
– Revista Tríptico N.°1, con el cuento
Al paso de la noche (Colombia, 2016).

-Revista Circulo de Lovecraft N.° 10, especial “J-Horror”,
con el cuento ganador del 1er. lugar de la convocatoria

Las cuatro puertas en Tokorozawa (España, 2018).
– Revista Aeternum, especial “Malditositos” con el cuento
Krumper (Perú, 2018).
– Revista Tlacuache N.° 2, especial “Transfiguración” con los cuentos

Fuego cruzado y La metamorfosis de Galatea (México, 2019).
-Revista NOMASTIQUE N.° 46, “Perro”,
con el cuento
Los perros bomba (México, 2019).

Blog: https://adcopadohistoriasfantasticas.wordpress.com/

Categorías: Voz y verbo

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