Mis muñecas 
Tatiana Rojas Arévalo*



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Desde los seis años me gusta jugar con mis muñecas, porque con ellas puedo imaginar mundos sin forma y donde todo es posible. La mayoría de las veces me concentro tanto jugando con ellas que no pasa mucho tiempo antes de que empiece a gritar de felicidad, ¿o de dolor? No lo sé, lo que importa es que me divierto y disfruto el tiempo a solas con ellas, eso es lo mejor: estar sola. En el colegio, los niños dicen que es mejor cuando juegan en grupo, pero yo no entiendo cómo lo hacen… Espero algún día averiguarlo.


——–Últimamente no he podido jugar mucho porque —desde hace unos días— mi mamá se quedó sin trabajo y ahora dice que quiere pasar más tiempo conmigo, pero no sé cómo enseñarle a ella a jugar con sus muñecas… o con las mías, si quiere. Igual, no creo que le guste, las mías son muy pequeñas. Pero, en realidad, el gran problema es que me he obsesionado con ellas y cuando paso mucho tiempo sin jugar, mi mamá nota la impaciente rasquiña que comienza a molestarme entre las piernas.




*(Bogotá, Colombia)

Estudiante de Estudios Literarios de la Universidad Autónoma de Colombia.
Promotora de lectura y escritura creativa del colectivo CLAM
y consejera distrital de literatura en el SRCD.

Categorías: Voz y verbo

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