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Capítulo oscuro

María Pérez Prol (España)

Autora apasionada, he colaborado anteriormente en el libro «El gallego» con un pequeño relato y como investigadora literaria. Apasionada de las letras desde mi tierna infancia, ahora disfrutando de este nuevo paso en la literatura, procurando compartir toda la ilusión a través de mis textos.

María Pérez Prol, Ruth Ríos, Maria João Matos y Silvana Lameiro Micciche.
A cuatro voces
Editorial: Letreame, Grupo editorial (2019)
ISBN: 978-84-17965-65-5

 

La habitación olía a rancio, a humedad, sudor, alcohol, tabaco; todos los olores se mezclaban en mis fosas nasales. Los párpados me pesaban. Miraba el vaso de whisky con ansia y desprecio. Me volví y la vi allí tirada, su piel pálida, sin apenas brillo, su melena rubia desmañada. 

¿Por qué seguía allí?

Volví a concentrarme en la pantalla de mi portátil; este capítulo estaba volviéndose cada vez más oscuro, pero la novela adquiriría un gran interés, estaba seguro. Me venían las imágenes a la cabeza, las sensaciones, solo necesitaba concentrarme un poco para poder ponerse a escribir. El calor era sofocante, las cortinas cerradas no dejaban pasar el sol, pero tampoco el aire, el ambiente estaba cargado, ese olor tan dulce, no lograba recordar que era…

Tan dulce….

Un poco de tabaco en una mano y un pellizco de marihuana, un papel…Ya tengo un poco de inspiración en la boca; el mechero no enciende en el primer intento… pero la primera calada al porro me sabe a la musa que espera; un trago de ese vaso de whisky que llevo un rato anhelando, la pantalla del ordenador se oscurece, pulso la tecla e, y todo empieza a surgir…

Mi mente y mis palabras empiezan a unirse en un mar de frases con vida propia. Siento como las manos de Jon son las mías, mientras acaricia a Elsa, su larga melena rubia, sus labios carnosos; los besa apasionadamente, los mordisquea suavemente; la agarra fuerte, tira de su cabeza hacia atrás, pellizca con suavidad sus pezones, Elsa gime de placer; la lanza sobre la cama sin pudor, se echa encima de ella, le separa las piernas de forma abrupta, mientras la penetra; sus manos se cierran rodeando su cuello, más fuerte, ella grita….

El vaso está vacío, me acerco a la cocina, la luz me golpea y me quedo parado unos segundos, minutos… Avanzo hacia el fregadero, abro el grifo, el agua corre, meto mi cabeza bajo el chorro y dejo que caiga sobre mí. Levanto despacio la cabeza dejando que el agua se desparrame por mi espalda refrescándome, estiro el brazo y tanteo con los ojos aún cubiertos por una fina película de agua, un vaso limpio, un vaso, sin más; con la otra mano me froto los ojos, suspiro. Miro ansioso la nevera, ya con el vaso en mi mano; no queda hielo en el congelador. Me vuelvo sobre mis pasos, la luz me está sacando de mis casillas. Cierro la puerta de la cocina tras de mí y siento cierto alivio.

Entro en la habitación, el silencio es abrumador, …

Me siento frente a esa pantalla parpadeante nuevamente, los ojos me escuecen, no consigo que se mantengan abiertos; sirvo un poco más de whisky, un nuevo trago que me sabe a gloria, pero la ansiedad no me deja, quiero algo más; miro la bolsita que aún se asoma desde el fondo de mi cartera; sin pensarlo mucho, la saco y echo un poco de esa inspiración en polvo para mantener los ojos y las manos en pleno rendimiento. Un traguito de ansiedad y una rayita de inspiración y mis dedos comienzan a trabajar en esa oscuridad que me empalaga. Siento el silencio acosándome, murmullos de vacío a mi alrededor; solo los latidos de mi corazón, mi respiración, el sonido suave de mi portátil y las teclas sonando; muy al fondo, un zumbido muy leve me recuerda que sigo sin hielo en mi whisky. Giro mi cabeza, su silueta blanquecina se mezcla con las sábanas blancas, sus pechos turgentes mostrándose hacia mí, insinuándose, su melena rubia cubriendo su rostro.

¿Por qué seguía allí?

Intento concentrarme en ese fondo blanco cubierto de borrones negros, me froto los ojos con frustración, me giro; ella sigue allí.

Vuelvo a mirar a la pantalla, un poco de inspiración enmarcada en humo se traslada a mi boca, un nuevo trago de sabor amargo con esa ansiedad acechando a cada momento y la nube se desmaraña suavemente para que las palabras y las sensaciones surjan en mi cabeza. Jon siente los húmedos labios de Elsa, sus manos siguen apretando fuerte su cuello, se mueve enérgicamente introduciéndose en ella una y otra vez; la cara de Elsa se tuerce en un gesto de dolor, sus ojos se quedan en blanco, Jon sigue apretando fuerte su cuello, no para de moverse dentro de ella, Elsa deja de moverse, Jon aprieta más fuerte…

Siento las manos volando sobre el teclado, las palabras surgen sin ningún temor, las sensaciones son vívidas, como recuerdos; me hago uno con Jon, siento a Elsa bajo mi cuerpo, siento como su vida se escapa entre mis rugosos dedos, siento un placer infinito al hacerlo, esa es la oscuridad, es lo que había estado buscando durante tanto tiempo; mis anteriores libros carecían de esa oscuridad, Jon era un antagonista brutal, pero le faltaba algo; tenía demasiada luz, me había dicho mi editora, le faltaba opacidad. Me había sentido perdido (cómo podía hacer de Jon un personaje más oscuro); en ese momento lo había encontrado, había rebuscado en lo más profundo, llevaba días realizando un viaje hacia las tinieblas de la sociedad, rebuscando entre la basura de mi psique y el resultado había sido la lobreguez más siniestra que nunca mi mente podría haber recreado: Elsa, la única que podría haber rescatado a Jon de su pasado, de su maldad, había sido destruida, y había nacido una criatura peor, sin conciencia, sin temor, y le gustaba, le apasionaba, le excitaba el nuevo Jon.

Me termino el whisky de un solo trago y me sirvo otro sin pensar en esa ansiedad que me observa oculta desde las sombras; la pantalla parpadea y mis dedos vuelan sin control, las palabras surgen como por arte de magia, una tras otra, las páginas se escriben y Jon va acercándose a su cénit, su oscuridad lo plaga todo…

Satisfecho, me vuelvo, miro ese cuerpo que se ofrece a mí desde la cama, sus largas piernas me parecen apetecibles, me tomo un trago de mi vaso, me atuso el pelo, guardo las últimas páginas escritas; la oscuridad me ha excitado, me acerco a ella, empiezo a acariciar sus muslos, su piel esta fría, sigo subiendo, … tan fría…

Aparto las sábanas para ver su desnudez, su vello tan pálido… que fría está; la acaricio, empiezo a subir mis manos por su cuerpo hasta sus pechos, sus dulces pechos… tan fría; pellizco sus pezones… El silencio me abruma, la ansiedad vuelve a aparecer y la excitación se atenúa.

Tan fría.

 

María Pérez Prol

Autora apasionada, he colaborado anteriormente en el libro «El gallego» con un pequeño relato y como investigadora literaria. Apasionada de las letras desde mi tierna infancia, ahora disfrutando de este nuevo paso en la literatura, procurando compartir toda la ilusión a través de mis textos.

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