Letras pulsantesVoz y verbo

Destino, Port-Bou

Destino, Port-Bou

Carlos Salazar (Colombia)

Pero caminar entre las líneas de los párrafos nos exige una madurez como paseantes, en la que el deleite se presente como cosa constante, en lo cual nos detengamos constantemente para alzar la mirada y extasiarnos con sus altas edificaciones, con su arquitectura y estilo de escritura.

P Perderse en la lectura de un libro, dejar que sus pasajes nos conduzcan a otros libros, a otras ideas, sin con ello perder la perspectiva, la orientación de las callejuelas por las cuales nos desea orientar el escritor. Perderse en un pasaje implica que este nos evoque otros recuerdos, otras imágenes, otros pasajes; en una búsqueda insaciable mediada por las capacidades de nuestro intelecto. Hay que escrutar el texto, exprimirlo y encontrar en cada línea un sendero oculto, decodificarlo y hacer de él nuestro goce, nuestro cómplice, en una lectura que lleguemos a considerar plena. En esta medida, nos ungimos como inquisidores de la verdad oculta tras las palabras. No puede ser una lectura superflua y precoz, nada de eso señores, cuando el libro se abre ante nosotros, este se muestra levemente vestido y somos nosotros quienes lentamente nos debemos encargar de desnudarlo por completo, sin que el pudor entre ambos nos haga sentir incómodos. Hacer una grafía de él, mapearlo como si fuese una ciudad desconocida. Ciudad que se explaya ante nosotros, y en la cual, no queda más remedio que vagar por ella. Pero caminar entre las líneas de los párrafos nos exige una madurez como paseantes, en la que el deleite se presente como cosa constante, en lo cual nos detengamos constantemente para alzar la mirada y extasiarnos con sus altas edificaciones, con su arquitectura y estilo de escritura. Es en últimas, superar una lectura formal, en la que, nos quedamos contentos con lo inmediato, con lo que se nos ofrece a simple vista, de sopetón. ¿Cómo nos han enseñado en las escuelas a leer? Cabe realizar la pregunta y responder fielmente. Se enseña a leer, a distinguir la pronunciación de las palabras, a realizarlo de forma continúa siguiendo normas de puntuación, pero, ¿Qué tanto se trasciende en el contenido del texto? ¿Qué tanto nos adentramos en el pensamiento de quien lo escribió, y de lo que con ello quiso decir?, (el ejemplo más claro se pone de manifiesto en la poesía). Osadamente, me atrevería a decir que unos de los principales problemas de nuestras escuelas, se encuentra en la forma de enseñarles a leer a sus estudiantes, quienes al no hacerlo en muchas ocasiones de forma adecuada, fácilmente se fastidian de lo leído. Así, lo que se hace necesario es romper con esa lectura equidistante con el libro, esa lectura desde lejos, como espectadores. Perdernos en el libro implica maravillarnos en él, identificarnos con sus personajes, asumir roles e inclusive opinar y discutir con el autor, a pesar de que este se encuentre en algunos casos algunos metros bajo tierra. Todos los libros, hablo al menos en el caso de la literatura y filosofía, deberían asemejarse ante nuestros ojos a las novelas policiacas, siendo necesario develar el texto, descubrir las incógnitas, las pistas, que como un asesino en serie, deja el autor para su Sherlom Homss. Una vez logrado esto, podríamos decir que nos apropiamos del texto.

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Carlos Salazar

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1 Comentario

  1. Este texto, en sintonía con la estética de Roberto Bolaño, se sumerge en la lectura como una exploración profunda. La metáfora de perderse en las páginas, desentrañar capas y convertirse en inquisidores de la verdad oculta refleja la obsesión de Bolaños por ir más allá de lo superficial. La analogía de la lectura con una ciudad desconocida y la propuesta de asumir roles y discutir con el autor resuenan con la interactividad y exploración constante que caracterizan la obra del autor chileno. En este breve análisis, se percibe la influencia de Bolaño en la búsqueda incesante de significado y la participación activa del lector en la construcción del sentido literario.

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