Paquetaco

Paquetaco*
Diego Germán Romero Bonilla**


[Querida persona que en este momento se dispone a leer el presente relato: le sugiero leerlo en voz alta, con entonado acento. Así, sentirá desde el lenguaje el flujo y la energía de un viaje en Transmilenio].


——–Esto me lo pela: el transmi va hasta las tetas. De Alcalá a la ciento ventisiete se siente la agonía silente cuerpo con cuerpo, nalga con nalga, perpetúa la perpetua orgía donde todos vestidos, investidos y, sobretodo, desganados y desvirgados nos rayamos y frotamos los unos a los otros entre los otros desinteresadamente, solemnemente, desdeñosamente, porque… ¡Frenazo! Puta madreee. La gente grita invocando todas las moders del foking mundo. La inercia y ploff, puertas abiertas. Se baja un resto de pipol. Por fin, logro desapretujarme. Qué agonía. Ahora sí puedo arrecostar la vetebral en el acordión este. Debo ir retarde. Qué mierda. Un momento. Habemos conmigo como unos cinco gatos de a pieses. Al lado del cucurucho este hay una silla vacía. Justo de jeta a la ventana, por donde dentra una calor la jijuemadre. Humm. Nadie lo pone ahí y yo afortunadamente con el sombrero en la cocorota pa’ taparme la pelada. Pfff. A sentarse pues o qué. Un momento. Me doy de cuenta de por qué mierdas a nadien se le vino en gana zamparlo en esta silla. Justo en el momento en el que le pido permiso al cucho de la otra silla, entreveo por las vistas que del puestito ese, contra la paré del articulao, cuelga una bolsa desas verdeclaritas de rayas blancas de tienda, en cuyo interior ocservo que yace un epstraño jluído. Es amarillento y como que turbio. A lo bien parece un cuncho’e sopa, o quizá son gómitos o miaos de algún gamín o de una ruca de esas las cuales como la del video ese en el cual una nena tal por cual se miaba en el cheto. Ahhh, vaya mierda esto. Ahora me tocó reposar las nachas en la silla de la bolsa misteriosa y este aparatejo que se bambolea y salta como una puta loca, y pa’ colmo’e males, ese talego de mierda ahí. ¡Ahí! Qué tal vaya y se suelte de su pinche nudo y se me riegue esa chimbada en las patas, nomejoda. Nooo, parce, ni de fundas. Qué tal yo llegando al cole con esa damier en los chagualos y oliendo a chichí’e loco. Bueno, calma. Sereno moreno. Haré de cuenta que como si nada y mejor me pongo a leer. Ahhh, Bukowski. Ese viejo desgraciao siempre cae como una chuzada en el pleno bofe, o mejor, como una bofetada en el bofe, o mejor, como una bofetada con un bofe chuzao. Mientras leo, hago el visaje de cruzar la patorrica, por si se totea esa maricada. Que ni se le ocurra salpicarme porque, como dicen los niños goma: ¡uy gas!, ¡qué boleta! Un momento, ¡ay no! ¿Será que me estoy sicosiando o acaso es que huele a chichí? Que terapia. ¡Chun! Calle cuarenticinco y se larga toda esa pipol. El zotcio a mi lado cambia de puesto, y yo que de una me le corro a esta amenaza. Ahora la silla maldita con su bolsa de nosequé no es problema mío. Jum, otro muchacho me pide permiso para sentarse, tal cual como me acaeció, ja, cuando está a punto de poner el cuatro letras en la calentosa silla, ve la sorpresita. Ahora el embalado es ese pendejo. Que cague de risa. Pero yo me contengo, mejor sigo leyendo. ¿Qué diría el viejo Hank de esta situa tan marica? Seguramente haría un cuento ni el más áspero, lleno de putazos. Shhhnnkkk. Parada. Más pelagatos como mi persona, entran y salen. Somo’el puto ganado que mueve este puto mundo. Chanfle, y ahora llega lo mejor: Fff ppfffpp, tan tararará… suena un tiple mal grabado, cuerdas, ritmo de copla. Aaah, la chimba’e lola. Lo que faltaba, un coplero. Vamos Diako, concentreichon, lee esa mierda y no escuches al coplero. Respira. Pero huele a miaos, o como dicen las mamás pudibundas: huele a pipí. Khé espresión tan chafa. Si un niño se mea, hace pipí; pero si una niña se mea, ¿por qué no se hace cuca? El mancito de al lado está remareado. No está ni un pilín de cómodo. Qué cagada. Por allá mis orejas oyen al coplero ese cantando los piropos chimburrios de siempre a las hembritas. Ahhh. Cuándo se cranerarán una nueva rutina. Y lo peor, improvisación in situ. Putabida. Viene cerca. A mí no, a mí no, de por dios. Mientras el guache del lado se timbra una y otra vez cada que el transdemierda salta deliberadamente, el coplero la coge ahora conmigo desembuchando unos desafinaos versos de que está muy bien que el señor del sombrero esté leyendo en vez de andar pegado al celular. Ahora sí me bale berga la vida. Odio que improvisen coplas o líricas o las chimbadas que sean y, sobretodo, que el sustrato de esa vaina seamos quienes tomamos un fatídico viaje en aquestos medios de tránsito, transporte urbano y capitalino. Pero ya falta poco. Me aferro a Hank como al último pedazo de cadáver flotante en un naufragio. Resiste, resiste, como culo’e pornstar. En cambio, el mancito no resiste más, se cambia de puesto diciendo maricamente «Ay qué calor, con permiso». Pfff severa flagüer. En la Jiménez se vacía el rojito. El tipejo y el coplero salen volando del bus. Que se larguen, yo en cambio, me cambio de puesto. Ya se me había pegado la paniquiada del güevón ese, además, me sentía derretido y humeante como un mojón de la calor que está dando. Intento seguir con la leptura de Buko, pero después de un par de putazos el morbo me gana. Meto a Bukowski en la Totto y me concentro. A mi distancia, sin moverme de mi privilegiado lugar, analizo el paquetaco ese. Parece sopa, quizá sopa recalentáa. De esas que venden en la Mariposa a media luca. Tal vez, o quizá sea una pura miada, turbia, tibia, tenaz. O quizá ambas cosas. De todo’ay en la viña del jeñor. Skreeennnch. Dinnng. «Próxima parada, Narinio». Habló el marciano afónico hispánico. Tssssfff. Suena como si se desinflaran las puertas del infierno. Soy libre. Faltan 10 pa’ las 10 y me rugen las tripas. Alcanzo a ir al chuzo de al lado por algunas viandas mientras empieza la clase.


*El presente texto hace parte del proyecto literario Purgatorio de los artistas,
novela de corte experimental, en perpetua construcción.
 


**(Bogotá, Colombia)
Docente de Escritura, Investigación y Semiótica de la Imagen
en la Universidad Pedagógica Nacional.
Licenciado en Educación Artística de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas
y magíster en Estudios de Género de la Universidad Nacional de Colombia.
Coordina el grupo de estudio Anamorfosis, dedicado a los estudios de género y la escritura creativa.
diakomix@gmail.com

 

[Revista Sinestesia aclara:

Aunque la Revista Sinestesia tiene una línea editorial bastante específica, hemos tratado de respetar al máximo la escritura original, en aras de que este ejercicio sea lo más fiel posible a lo pensado por su autor.
Aclaramos que los errores en palabras y expresiones son intencionales. La corrección estricta aquí dañaría totalmente la estética propuesta].

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