Agitación insolubleVoz y verbo

¿Y la lucha murió?

¿Y la lucha murió?

Dayanna Urquiza (Bogotá, 2004)

Recordar el huracán eterno, hecho de fuego y amor, la llama que desde el interior reclama no ser asfixiada.

R Recuerdo cuando tenía 17 años, mi profesor de español nos dejó de tarea de fin de semana hacer un poema o relato, y claro, como a mi papá le habían matado hace poco por allá un amigo en el campo, a mi se me ocurrió escribir sobre la indiferencia, el olvido nacional, sobre las luchas esas en las que estuvo Simón Bolívar, Martí, o el che; el día que me tocaba leer el relato yo estaba triste, había visto a Lucía coqueteando con otro, y para que no me vieran triste yo me ponía muy serio, para no llamar la atención. 

— Medina, pase al frente a leer. –Dijo el profesor–

“He luchado largos días 
He deambulando largas noches 
He visto morir compañeros de lucha 
Y he visto nacer pequeñas criaturas en medio de la lucha 
He recordado a Campo Elías, el amigo de mi papá, el que de tanto hablar ahora está muerto y sin lengua 
He llorado pensando en el olvido, mi mamá se olvidó de mí después de parirme, y día a día mi papá se rompía el lomo para darme de comer, ahí sentí el olvido nacional 
Cuando empecé a militar idealicé a la que debía ser mi madre, la veía como a una Flora Tristan, hablándole a la gente sobre la doble explotación, Ja, que iluso, mi madre que no quiso responder por mi, que va a responder por todo un pueblo 
A mi viejo, lo veo como un Martí, un poeta frustrado, dolido, pero que luchó, según él, lucharía por siempre, pero ahora apenas si tiene tiempo para leer las noticias. 
Y, por último, quedo yo, que me siento como un Camilo Cienfuegos, porque con solo 27 años he dado todo de mí por un pueblo ingrato, por un pueblo que me trata de guerrillero, por un pueblo que se burla de Simón Bolívar, por un pueblo que no recuerda al sabio Caldas, yo, día a día me he despertado con la ambición de un nuevo país, ¿y que me dicen mis amigos?: «Hermano, no empiece con su carreta de politiquero, vamos más bien a tomar unas polas allí», ¿y que me dice la nena que me gusta?  «ay compa, por supuesto te apoyo, yo fui a la besatón del otro día en el parque de los hippies», la lucha se volvió una burla, la teoría fracaso en la praxis, así descubrí que yo soy ese Camilo Cienfuegos, él murió en combate, mi alma murió de tanta indiferencia” 

Cuando terminé, todos se rieron, “ay, el mamerto se pasa”, todos escribieron relatos de amor, ese amor vacío que representa tanto a los jóvenes. 

— Medina, hermano, ¿usted que quiere estudiar?  
— Contabilidad –le respondí firme y serio, solo podía pensar en Lucía con otro, y que de pronto estudiando contabilidad yo podría darle lujitos para conquistarla–

— Que desperdicio, yo me lo imaginé como político, pero más que eso, me lo imaginé de escritor.
— No profesor, el poeta asume su pobreza dicen por ahí.
— Así como el revolucionario asume su muerte  
— No soy ni lo uno, ni lo otro. 
— Es como decir que yo no soy profesor, no niegue lo que es, tome asiento.  

 

La autora

dayanna

Dayana Urquiza

Estudiante de licenciatura en humanidades y lengua castellana

Dayanna Uquiza

Estudiante de licenciatura en humanidades y lengua castellana

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1 Comentario

  1. Muy real, sin pelos en la lengua. Yo no distingo mucho mi país a pesar de que a mis 23 años en los que he vivido en el, pero la indignación del olvido de la causa que se disfraza año tras año con vulnerabilidad de los derechos, incumplimiento de garantías por el gobierno se tergiversa ya no es palpable y si llega a serlo es por cadáveres.

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