Criaturas (Monólogos)
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¿Qué tienen en común Belcebú, un hada madrina y un vampiro? En esta obra teatral cargada de profundos monólogos nos encontramos con que los conecta la desgracia. A estos seres otrora poderosos ahora los vemos casi destruidos contando su desafortunada y nueva realidad. Monólogos que nos hacen cuestionar lo sucedido a cada criatura y el porqué han llegado a ese lamentable estado, nos preguntamos también a quién le están hablando y si somos dignos de escuchar estas sentidas diatribas.
¿Podrías ayudarme un poquito? ¿Podrías darme la mano para volver a mi socavón? Si supieras quién soy, si supieras que ya no vivo allá, donde tomaba a escondidas café con las hienas de lenguas bífidas, daba de beber leche rancia a los búfalos y de comer a los lobos hambrientos, cuya piel me protegía del frío de las mañanas de junio. Aquí no hay nada que despierte mi curiosidad, tan solo veo una ciudad bordeada de montañas y hambrientos mendigos en busca de salvación. Esa no es mi cuna, pero acá tampoco es mi jardín. Si pudiera volver, dejaría mi cuerpo en manos de un muerto y me iría con el alma a mi terruño del dolor. ¿Podrías decirme si puedo dormir a tu lado en mi socavón? No me quisiste, arrebataste mi dignidad y la voluntad de hacer el mal, en mi propio hogar. Soy tan ingenuo, tan desprovisto de carisma que ni los buitres me voltean a ver (se da un golpe en la cabeza e intenta llorar). Todo se perdió, todo te lo llevaste aquella mañana cuando pensaba que tú me querías en los momentos más difíciles de mi labor. Maldita mañana de abril. ¿Por qué te burlaste y me dejaste sin dónde dormir? Dijiste que me querías en las vísperas de julio, hoy, es diciembre y, ahora, vivo entre la muchedumbre de una civilización rezagada de espiritualidad. ¿Por cuánto tiempo tengo que recordar este horror, a sabiendas que tuve el honor de honrar el odio y el dolor en un socavón? Lo lograste. Este era tu plan. ¿Qué hice para ser amenazado y rechazado como un ser que no tiene el poder de vivir? (se levanta de la silla y camina con pasos torpes como si estuviera ebrio). Me quitaré el traje negro raído por la lluvia y mostraré el cuerpo desnudo para que me den de comer. A fin de cuentas, vivo como un número más difícil de contar en una ecuación. No hay poder sobrenatural que me saque de esta urbe de cemento y de gente con rostro feliz. ¿Podrías sacarme de aquí, así fuera con el clamor de mi esclavitud? No sé si pueda soportar la noche, al igual que el día. No puedo llenar los pulmones de aire como solía hacerlo entre las cenizas del socavón. Maldita mañana de abril. Si no te hubiera conocido en el desembarcadero, quizás, en estos momentos, estaría muerto de la felicidad. Da igual, me echaste como los perros y supongo que tarde o temprano, tendré a cambio una buena distinción. No estaré allá, me verás aquí, con el ceño fruncido y el cuerpo vencido de tanto luchar (Belcebú cruza los brazos y le echa un leve vistazo al cielo. De repente, una nube gris le llama la atención. La sigue con su desconsolada mirada y camina con pasos torpes hasta desaparecer del potrero).
¿Qué haré sin ti, hijo mío, a quien te di alas de mariposa para volar? Entre súplicas y ruegos, espero verte, hijo mío, para huir de esta tierra, poblada de pinos de eucalipto, donde el viento te vio nacer. ¿A dónde te puedo buscar? ¿A qué lugar te llevó el mal? Si supiera lo que hay alrededor de los bosques que colindan con las montañas, viviría contigo, ahí, feliz porque allá podrás visitar las sirenas del mar. Te necesito, lo sabes, pero siento que el miedo me sacude el alma. Duele y no quiero volar. Tampoco quiero quedarme aquí y que me dejen sin aire para respirar. ¿De qué me sirve dar tiempo al tiempo, si la soledad se parece al miedo o al desarraigo de no tenerte en mis brazos? (se arregla con dificultad el traje). ¿Dónde estás? Por lo menos envíame una señal ¿Me escuchas? ¿Vendrás como te lo enseñé al momento de nacer? (el hada intenta volar. Repite esa acción cinco veces sin conseguir resultados. Desilusionada, intenta arreglar con sus manos temblorosas las alas). Creo que ya no tengo fe. Duda es lo que me queda para soportar el dolor. Quiero que el viento arrastre mi cuerpo y me lleve a las tinieblas, donde todo el mundo se evapora como el agua. Esto no es una quimera, es una ofensa que me quita el sueño. Vamos, hijo mío, aparece o déjame ir tras de ti. Que vivacidad de mundo, pero que tristeza no tenerte junto a mí (El hada toma con sus dos manos las alas y las limpia un poco. Luego, las pone en dirección al sol y espera que le cicatricen las heridas. De un momento a otro, fija su mirada en el horizonte, a un punto lejano del potrero. Se levanta del suelo con cautela, intenta correr, pero se detiene).






