La bacanería

 

Julian Alexander Peraza Vidueñes*

Cuento infantil

(Texto completo)

 

Ana era una vaca maravillosa. Tenía inflamado el corazón de amor por Clara que la ordeñaba los lunes, miércoles y sábados. Ana y Clara habitaban el poblado de Nosedonde junto con unas cincuenta personas de diferentes edades y oficios que le daban vida y sostenimiento al lugar. En aquel poblado no existían los toros ni las vacas con excepción de Ana que tenía un tamaño considerable y era blanca con manchas azules. Ella poseía la particularidad de poder abastecer al poblado entero, pues de ella se obtenían cincuenta litros de leche cada uno de los tres días que se le ordeñaba.

 

Sucedió que Clara también estaba enamorada, pero no de Ana sino de Tomás, aquel chiquillo travieso con el que compartió su niñez y que ahora era un gran hombre. Clara se casó con Tomas y vivió con él, entonces Ana enfermó de desilusión y no pudo dar más leche. Al comienzo las personas se quejaron por la falta del lácteo pero creyeron que podrían vivir sin él. Pronto comenzó a haber también escases de queso, mantequilla y yogur, entonces las personas se llenaron de odio por Ana ya que pensaban que ella había dejado de dar leche a propósito. Al pasar un mes los niños y niñas del condado enfermaron, los adultos que se iban sintiendo débiles sospechaban que esto sucedía por la fragilidad en los huesos ocasionada gracias a la falta de alimentos lácteos ya que todo el calcio lo obtenían de la leche y sus derivados puesto que allí no se consumía el huevo porque las gallinas sólo ponían huevos de oro.

 

Todos le rogaban a Dios que por favor no se llevara a los niños y entonces surgió el rumor de que un espectro con cuernos había sido visto en las noches alrededor del poblado, habían transcurrido dos meses desde que Ana no producía leche, ella, que le había tomado cariño a Tomás y aún apreciaba a Clara deseaba producir como antes pero el vacío en su corazón se lo impedía, ella tenía la certeza de que todos con excepción de Clara y Tomás la odiaban, contempló la idea de dejar de comer para poder huir al cielo de las vacas pero en ese instante vio al ser más perfecto: un toro salvaje de tamaño considerable y de color negro con manchas verdes. Ana quedó perdida de amor por el toro cuyo corazón también había sido domado por el amor inmediato hacia ella. El toro se acercó a Ana y desde entonces nunca se alejó de ella. Al día siguiente del encuentro con el amor, Ana volvió a producir leche, sus amos Clara y Tomás casaron a Ana y el toro Raúl, los habitantes del poblado recuperaron su salud y Ana tuvo su merecida felicidad ya que ella es una bacana.

 

                                                                                                                  

                                                                                                          *Estudiante de literatura

Universidad Autónoma de Colombia

Correo: julianfausto@Hotmail.com

Imagen tomada de: hagamosunavaca.org

Dibujo realizado por Valentina

 

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