Cantos AbisalesVoz y verbo

Proyecto de fronteras

Calle y callejones de Bakhmut

Wladimir Zambrano Martinez (Guayaquil, Ecuador, 1984)

«Por la mañana, vieron llegar a un niño con un ramo de flores, ignorando la guardia. Se acercó llorando a una casa derruida. Peinando el mármol y el ángulo de una ventana, dejo una carta y se retiró en silencio.»

S

Primer bosquejo

Se enturbia el agua mientras hablas de la guerra,
tu ropa cae,
baja un desfile de ángeles hambrientos.

Se enturbia el agua mientras sudas moscas y mosquitos,
la tensión de un soldado anémico
alucinando con medallas pirotécnicas.

Se enturbia el agua y nunca duermes.
Entre la angustia y el uranio hay kilómetros
reportando una guerra comercial televisada.

Se enturbia el agua. Respira otra vez.
¿Por qué entonces la vergüenza en las verdades?

Pantalones abajo la coloración de la rosa
aprende una reliquia entre los dedos rotos.

 

Segundo bosquejo

Antes de regresar el tiempo con misiles,
de caer repentinamente a los talones
enlatados como frutos de conserva.
Sepárame en astral con un cuchillo de sabores.
Retenme al paladar cómo una angustia proteica.

Antes de vomitar la masa con pelos de la estrella,
de observar un cuerpo lleno de agujeros y serpientes explosivas.
Cárgame a través de una trinchera sin fotografiarte,
sin buscar malos o buenos comentarios. Simplemente salvándome.

Antes de arrastrarte al pánico de tu propia tontería,
recuerda que una guerra puede comenzar por una sopa de murciélago
y terminar con un cheque en blanco
firmado al portador.

Y antes de humillarte en pólvora mojada
cuida de tu madre y la salud de tu casa.
Abrázala en silencio porque el amor existe.
Saca a pasear sus perros
escríbele una razón, envíale
fotos del centro de la ciudad bombardeada,
pero contigo sonriendo.

 

Tercer bosquejo

Llorando un infierno de plomo,
la adrenalina que planeabas inyectarte
la han robado.

Cometer errores no es tragar pastillas,
te duermes y ¡pum!
cada persona asesinada incendia un pedacito del cielo.

Cometer errores, no es amar enfermarte,
dividirte,
cachetearle las barbas a un toro minutos antes de salir al ruedo.

Cometer errores, no es ceñir accidentes volcánicos al musculo,
ni asumir una guerra sobreviviendo a los rumores
de que almorzamos los sobrantes, pero volvimos.

Cometer errores no es cantar pensándose mejor que la canción
sino cantar esperando un aplauso de otros cantantes.

“Cometer errores es un arte”
que llueve en las fronteras de tu nombre y en las orillas del sueño.

“Cometer errores es un arte”

 

Cuarto bosquejo

Masticando nubes grises
el guardia del destacamento,
paladea un pabellón
sabor a rata mojada.

Pensando mucho en desgracias
no le sirve la mandíbula.
Por eso es amargo el sentir
con que se frotan los sueños.

Busca a su perro mestizo
desde hace cuatro horas.
Lanzaron una bomba al centro de su horario.
Todos salieron menos la mascota.

Tambores de nicotina reman luciérnagas dentales.
Viaja lento en la soledad sin gasolina
(aunque teme encontrarse con emociones secretas)
tuercas y tornillos ajustan cada tramo,
juntándose:

Lo milagroso con lo accidental.
Lo chamuscado con lo viviente.

Aplausos de chatarra parpadeando entre la gente.
“Vuelan lágrimas”.
Metales relamiendo canciones luminosas.

Una enfermera rubia
rescata del asfalto una sonrisa.
La sigue un perro mojado
más allá de la muerte.

 

Quinto bosquejo

Alguien les dijo a los patriotas que, mientras
la electricidad no se acabará,
podrían transformarse en un tanque de silicio
y bailar en el infierno de los dioses
con música a distancia.

Parecían estar ganando,
pero se les reventó una granada en el bolsillo.
Cataratas de sangre a media noche, la impaciencia,
los hizo polvo de neblina viscosa,
frio blanco de lágrimas pretéritas,
espuma krill de abismos instantáneos.

Nada es gratis en el bajo mundo de los caprichos.
Y en la rabia fue un pecado moverse,
respirar
y mover con la mirada las banderas blancas.

Por la mañana, vieron llegar a un niño
con un ramo de flores, ignorando la guardia.
Se acercó llorando a una casa derruida.
Peinando el mármol y el ángulo de una ventana,
dejo una carta y se retiró en silencio.

Sintieron pena los patriotas, quisieron acercarse,
pero no sabían muy bien en donde estaban
o si podían acercarse a verificar las lágrimas
(canjearon beneficios con su propia sombra).

El autor

Wladimir Zambrano Martínez

Wladimir Zambrano Martinez

Poeta, artista plástico y docente

Wladimir Zambrano Martinez

Poeta, artista plástico y docente

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