Inexorable nefelibataVoz y verbo

Existencia y abismo

Existencia y abismo

Carolina Rodríguez Mayo (Bogotá 1,991)

Buscando la respuesta a la espiral de la existencia humana, que se desborda a veces de la realidad.

 

Y Yo dejé de ver humanidad entre mis vecinos, dejé de verla en la tele o en el celular. La humanidad escapa a aquellas figuras bípedas que usan la lengua para comunicarse. Humanos muchos, humanidad no encontraba en ninguna parte. Mi deseo de contacto me obligó a buscar entre los sueños algún vestigio obvio de que en efecto afuera había vida como la vida que yo vivía cuando dormía. Allí en un rincón de mi cabeza, cuya puerta se abre con los párpados cerrados, encontré lo que en realidad significa ser, según dice la ciencia, el ser más inteligente del planeta Tierra. Sumida en mis propias sombras vi aros de luz desobedientes, aros de danzas ondulantes, cuerpos calientes, mentes abiertas; por qué querría salir de mi sueños para encontrar que afuera las carcajadas sonaban a hielo frío, para descubrir que afuera las miradas eran altivas o esquivas; nada complacientes. A ella, la que me robó la esperanza, la veía entre mis sueños convertida en ángel compasivo; tan diferente a la realidad del iris dilatado donde solo mirarla me paralizaba.

Díganme ustedes con toda franqueza cuántas veces al despertar no desearon que todo fuera como en su sueño. Y sí, ese mundo onírico nos roba el aliento con ideas de prosperidad y bienestar que aquí-aquí, no vemos. Piénsenlo bien, tras la cultura de la meditación y la mente presente se esconde el mensaje escapista de soñar despiertos, ¿han oído del manifesting? Va una reuniendo aspiraciones cruzadas con sombras nocturnas y las implora, las desea, las arroja al universo y espera a que retornen en forma de realidad, pero eso nunca basta; nunca llega a ser lo que la noche nos trae tras caer dormidos, nunca esa emoción ni esa lucidez de las estrellas que se cuelan en nuestro torrente sanguíneo. Ya con los ojos eclipsados vemos con una claridad de la que no gozamos en otros momentos, de la que nunca gozaremos despiertos.

En ese deseo perenne por retornar a los brazos de Morfeo, en esa urgencia por ver el cielo opaco llevarse nuestros problemas, descansa el escurridizo concepto de humanidad. Recuerdo que en unos de esos viajes astrales al interior de mi inconsciente tuve un apasionado encuentro con un clon: yo desnuda empapada en sudor, mirando con intriga a mi amante que era mi yo exacto, viendo en mi lo que tanto pretendía en mis campañas al exterior. En sombras caminé observando que en ese espacio vacío de existencia yo realmente cobraba vida. No, no era ese clamor por respirar que sentimos en la consciencia, esa idea de supervivencia que tanto nos hostiga; no es esa carrera contra el otro donde yo debo ganar para entender que sí valgo algo. Allá en donde reina la oscuridad, mi amante que era yo misma, nutrió mi alma y mi placer.

Es inhumano, entonces, ese desgarre que se presenta cuando el sol se asoma entre las rendijas de las ventanas para advertirnos que ya llega la hora de despertar, de ser quienes corren y se desplazan, que se desconocen, se evaden, se adormilan en su sed por replicar sombras noctámbulas.

Se supone que este relato sería un retrato fidedigno por esa pregunta que no evade ni a poetas ni a filósofos, la pregunta por el sentido detrás de todo. ¿De qué es que está hecho el cemento que hace que las personas sean gente? Sin embargo, no logré relatar tal cuestión, porque dicha definición sigue en la penumbra del llamado descanso. No, no dormir siete horas para funcionar; sino estar en vigilia siete horas para poder dormir. Y es que en esa tierra indómita nos toparíamos de frente con el profundo significado de lo humano: la calidez de un abrazo correspondido, pasiones recíprocas, éxitos que nada tiene que ver con cuentas bancarias. Me ponen a describir los espejismos de las tinieblas somníferas y yo no me detengo a pensar que la belleza se observa con ojos abiertos, yo digo que lo que nos deslumbra solo lo vemos ciegos a nuestro entorno. Vemos en esas horas relajadas brillos que no encontramos en la naturaleza, capacidades heroicas, historias de amor que fractura lo romántico y lo transforma en eterno.

 

 

La autora

Carolina Rodríguez Mayo

Literata con opción en Filosofía

Carolina Rodríguez Mayo

Literata con opción en Filosofía

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1 Comentario

  1. Un cuento muy estructurado y que te hace pensar más allá de la humanidad del ser.
    Los cuentos y la poesía te deleiten de una manera singular.

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