Alba inmarcesibleVoz y verbo

El cambio climático

El cambio climático

Por:

Juan Pablo Goñi Capurro. (Argentina 1966)

Soy una amiga del pueblo, los comunistas también son agentes del capitalismo, los Revolucionarios somos los únicos que nos oponemos al capital.


PERSONAJES
 PADRE hombre de campo a la antigua:
  HIJA: Joven universitaria.

ACCIÓN
Padre e hija, cargados con bolsos, mochilas, equipo de mate,
caminando a la vera de una carretera. Hija vestida estilo
hippie, de izquierda, padre con aire campesino, sencillo.

PADRE: Espera un minuto hija, espera un minuto. Que no sé
adónde estamos ni adonde vamos.

HIJA: Ay, papá, que poco aguante.

PADRE: Sí, poco aguante, ¿me quieres decir qué tiene que ver
este lugar con la zona selvática? Esto es un desierto.
(remeda a su hija) “Hazle caso al GPS, hazle caso al GPS!”
¡Mira dónde nos ha traído esta gallega de mierda!
En doscientos kilómetros no hay una estación de servicio,
gasolinera diría ella. Pero, tú, ¡guay de no obedecer al GPS!
(remeda a su hija) “Hay que usar las nuevas tecnologías”.

HIJA: Papá, la tecnología no falla, ¿nunca oíste hablar del
cambio climático?

PADRE: ¿Qué tiene que ver eso con la gallega que nos ha
mandado al fin del mundo?

HIJA: ¿Qué tiene que ver? Nada, casi, ¡la selva se extinguió,
papá! Desapareció por el cambio climático y quedó esto.

PADRE: ¿Te burlas de mí?

HIJA: No, papá, el capitalismo hizo esto con la selva, no le
basta con destruir nuestra forma de vida, con generar pobreza
y exclusión, también destruyó la selva.

PADRE: ¿Cómo el capitalismo?, ¿no era el cambio climático?

HIJA: Es lo mismo, el capitalismo cambió el clima.

PADRE: ¿Y por qué lo cambió?, ¿no le gustaba?

HIJA: Ay, no te voy a explicar todo eso ahora, sentémonos
un rato y déjame escuchar música.

  La chica se coloca unos auriculares. El padre camina,
  mira hacia un lado y el otro.

PADRE: Hija, por acá no anda nadie, ¿estás segura de que la
gallega no se equivoca?

  La hija no contesta. El padre la mira.

PADRE: Debe ser el capitalismo, que la volvió sorda.

HIJA: ¡Te escuché!

  La chica se quita los auriculares.

PADRE: ¿Qué cosa?

HIJA: Como todo burgués, burlándote de nuestra lucha contra
el capitalismo que se interesa solo por la tecnología y no
por el hombre.

PADRE: ¿Cómo me escuchaste si tienes eso puesto?

HIJA: Porque me quedé sin batería, ¿cómo puede ser que las
rutas argentinas no tengan conectores para cargar los Ipad?

PADRE: Yo, con un teléfono me conformo.

HIJA: Qué raro, tú en contra de la tecnología.

PADRE: Ah, tu estás a favor de la tecnología.

HIJA: Papá, ¿te parece que este es el sitio indicado para
burlarte de mí?

PADRE: Pero no, hija, yo no me burlo, lo que pasa es que no
te entiendo.

HIJA: Lo que pasa es que tú te niegas al cambio, a lo nuevo,
siempre anclado en tus viejos preceptos.

PADRE: Y sí, para mí siempre fue igual, una vaca, cien pesos,
cien vacas, diez mil pesos, y así.
Hasta ahora no puedo quejarme.

HIJA: ¿Y eres feliz cuando piensas en los pobres?, ¿no planeas
hacer nada por ellos?

PADRE: ¿Cómo qué?

HIJA: Mil maneras, dejar comodidades y donar ese dinero,
por ejemplo.

PADRE: ¡Como dicen los curas!

HIJA: Papá, no me mezcles con esa arma secreta del capitalismo
que es la iglesia, mis pensamientos no tienen nada que ver
con la Iglesia.

PADRE: Pero si el cura en el último sermón de navidad dijo
eso de los pobres y de…

HIJA: ¡El cura estaría borracho! Ellos están del lado de
los opresores.

PADRE: ¿Y nosotros?

HIJA: ¡Del otro lado!

  El padre da vueltas, piensa, la chica se pone más cómoda.

PADRE: Tú decís que nosotros somos los oprimidos, como una
suerte de puré.

HIJA: Más o menos.

PADRE: Capaz que tengo que vender el departamento de
Buenos Aires y darle la plata…

HIJA: ¿Dónde voy a vivir si vendes el departamento de
Buenos Aires?, ¿no piensas en tu hija?

PADRE: Claro que pienso en ti, pero tú me dices que piense
en los pobres, y tú, pobre no eres.

HIJA: Pero no, papá, no entiendes. Primero piensa en tu hija,
después en los pobres. Además, nosotros no somos capitalistas.

PADRE: No, no, ¡esa ya la sé! Nosotros somos burgueses.

HIJA: ¡Jamás!

PADRE: ¿Pero no me llamaste burgués?

HIJA: ¿Por qué no te preocupas por conseguir auxilio en lugar
de meterte con cosas que no entiendes? Deja esas cosas para
la vanguardia revolucionaria.

PADRE: ¿Eres comunista?

HIJA: No, soy una amiga del pueblo, los comunistas también
son agentes del capitalismo, los revolucionarios somos los
únicos que nos oponemos al capital.

PADRE: ¿A mi capital también?, ¿nos van a sacar el campo y
el ganado?

HIJA: ¿Tú tienes mucho ganado, papá?

PADRE: Miles.

HIJA: ¿Y mucho campo?

PADRE: Dos mil hectáreas.

HIJA: Bueno, a las vacas no las vamos a tocar porque las vacas
dan la carne, que es la comida del pueblo. Y a los campos
que tienen vacas tampoco.

PADRE: Ah, ¿y a quiénes van a tocar?

HIJA: A los expropiadores, a los de las cerealeras, a los
grandes industriales. Los causantes del cambio climático que
hoy nos ha impedido recorrer la selva.

PADRE: Tu tío Quinto tiene cerealera.

HIJA: ¡Se la vamos a sacar con la revolución!

PADRE: ¡Qué lástima!

HIJA: ¿Te preocupa el tío aburrido ese, conservador y rígido?

PADRE: A mí, no, lo digo por ti.

HIJA: ¿Por qué?, ¿qué tengo yo que ver?

PADRE: Porque tu tío es viudo, no tiene hijos y el otro día
me dijo que te iba a poner de heredera, pero si la cerealera
se la lleva la revolución…

HIJA: ¡Momentito! Ahora que lo pienso, del cereal se hace el
pan y el pan es el alimento del pueblo, ¡tampoco tocaremos
la cerealera!

PADRE: ¿No era la carne el alimento del pueblo?

HIJA: ¡El choripán papá, el choripán! Pan y carne, carne y pan.

PADRE: Claro, el choripán, ¡con que ganas me comería ahora
un choripán!

HIJA: Típico, sólo piensa en llenarse la panza.

PADRE: Bueno, soy humano… Ah, cierto que en la conservadora
trajimos sanguches de milanesa, ¿adónde la dejaste?

HIJA: Este… quedó en el coche.

PADRE: Pero ¿cómo dejaste la comida en el coche? Otra vez a
ir para allá.

HIJA: No es necesario.

PADRE: ¿Cómo que no es necesario?, ¿sabes lo que vamos a
estar acá hasta que pase alguien?

HIJA: No es necesario porque yo me comí los sánguches cuando
paraste para ir al baño.

PADRE: ¿Cómo?

HIJA: No me hagas repetir lo que ya escuchaste.

PADRE: Así que, mientras yo… buscaba unas pajas sin espinas
para… tú te comías los cuatro sánguches.

HIJA: Y…

PADRE: ¡La puta, que da hambre esa revolución!

HIJA: La lucha padre, la lucha da hambre.

PADRE: ¡Si lo sabré! La lucha con el campo, la lucha con la
casa, la lucha con los impuestos, la lucha con los hijos…
¡con los hijos que te comen la comida!

HIJA: Papá, tendrías que darme las gracias.

PADRE: ¿Gracias de qué?

HIJA: De que vas a adelgazar.

PADRE: ¿Para qué quiero adelgazar?

HIJA: ¿Cómo para qué quieres adelgazar?

PADRE: ¡Sí! ¿Para qué quiero adelgazar?

HIJA: ¿De qué hemos estado conversando? Tres horas hablando
y todavía me preguntas para qué quieres adelgazar.

PADRE: No sé de qué mierda estuvimos hablando y no sé para
qué quieres que adelgace.

HIJA: ¡Para el cambio climático, papá, para el cambio climático!

  El PADRE se mira la panza, luego mira en derredor.

PADRE: Tú dices… que si no adelgazo voy a terminar pelado
como esto…

HIJA: ¡Al fin te vas dando cuenta! Y ahora déjame dormir un
poco que tengo la modorra que viene cuando haces la digestión.

  HIJA cierra los ojos, PADRE continúa observando
  su panza y el paisaje.

Fin

El autor

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Juan Pablo Goñi Capurro

Escritor y actor argentino

Juan Pablo Goñi Capurro

Escritor y actor argentino

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