Cavilaciones y designiosTrama y sinapsis

La libertad del creador

Mank o la literatura cruzando los puentes de la historia

Leonardo Agudelo Velásquez (Medellín 1961)

Una historia que nos llega desde los años 30, un guion que se enreda entre la literatura el cine y la historia de la primera mitad del siglo XX

 

A A propósito de la recientemente oscarizada película Mank, sobre la vida del escritor y guionista del film el Ciudadano Kane que revela las intimidades del proceso creativo, donde el autor dejó algo más que su intelecto al dibujar el gran fresco literario sobre el magnate de medios de la primera mitad del siglo XX: William Randolph Hearst.

Un guion que acabó, gracias a la película de Orson Welles, forjando el modelo del empresario capaz de someter a una época a sus designios y oscuros deseos. Un empresario que gana el mundo pero que pierde el alma, la noche oscura del alma de la que habla Shakespeare en el drama, el Rey Lear. También el film puede ser visto, en sus entretelones, como un episodio de la lucha entre el talento creativo y la libertad implícita a ello, contra la industria del celuloide dispuesta a todo, para forjar la línea de montaje de los fabricantes de sueños.

Puja que, a largo plazo, llevó a que el cine de Hollywood encallara y cobrara vida la televisión paga. Dejando sobre la mesa el mensaje de que la Meca del cine languideció por no haber aprendido a relacionarse con los sacerdotes del ingenio creativo, quienes dan vida a las historias que luego iluminaran la pantalla. Escritores y guionistas, invitados como bufones a las cenas medievales en los palacios y quintas de los amos de la industria. Maltratados de tal manera en su trabajo, que sus guiones acabaron siendo una referencia pálida de sus condiciones laborales, casos de los cuales Mank, Truman Capote o Dalton Trumbo, no son más que las honrosas excepciones que confirman la regla. Ahora el reino de Hollywood es un paisaje en ruinas humeantes, una Cartago incinerada, ante el empuje de plataformas digitales como Netflix, Amazon, Disney +, HBO max, Apple tv o, Hulu, junto al abandono de las salas de cine por el confinamiento debido a la pandemia de Covid 19 en 2,020.

 

H Herman J. Mankiewicz & Orson Welles
En 1,938 Orson Welles fue contratado por el estudio cinematográfico RKO, fundado por Howard Hugnes, para repetir la aventura emocional que le hizo famoso en el imaginario norteamericano: un programa radial inspirado en la obra de ficción la Guerra de los Mundos de H.G. Wells, anunciando una invasión extraterrestre a New Jersey. Welles llegó a la meca del cine con 24 años como un niño genio, cuyo teclado no interpretaba notas musicales, como Mozart o Beethoven, sino las emociones humanas, donde las notas graves, altisonantes y oscuras eran dominantes, no en vano era uno de los mayores conocedores de la obra de William Shakesperare. Wells deambuló por los boulevares y reuniones de sociedad en la ciudad de los Ángeles, sin encontrar un tema que lo inspirara, este vacío creativo lo hizo llegar a pensar «¿Qué estoy haciendo aquí?».

Hasta que se topa como compañero de ruta a Herman J. Mankiewicz o Mank, cuyo desencanto ya se prolonga demasiado en un interminable desfile de almuerzos, fiestas, fines de semana en lujosas locaciones: el portentoso disfraz de la vacuidad de la vida de los plutócratas, los nuevos emperadores romanos. El guionista es un ser que se vapulea en el potro del alcoholismo, pero quien mantiene su aureola como amigo de Marion Davis, la amante de William Randolph Hearst, todavía resiste un poco más, pero en su piel emerge la idea de un mundo diferente, donde sabe que los plutócratas, a los que divierte, no dudarán en destruir a cada viento de primavera que cruce en el horizonte. De ahí el tormento de la bebida que acaba por frustrar su carrera como guionista en la MGM: no sabe dónde colocar su malestar, no parece haber un lugar en el mundo para ello y cuando aparece en la meca del cine Orson Welles, con su flemática y exquisita figura, como un diamante negro de tornasolada luminiscencia que ya se ha posado en el mundo teatral del Broadway y la radio neoyorquina.

No llegan a tener una genuina amistad, eso es un lujo en la industria del celuloide, pero ambos como hombres intuitivos alcanzan a tener una idea valida de las capacidades del otro, y ello constituye la piedra angular del Ciudadano Kane, película con asiento permanente en los listados de los diez primeros filmes de mayor impacto en la historia del cine.

La calidad de los diálogos, la complejidad de la trama y la entrada en el lenguaje cinematográfico de una exuberante estructura narrativa, donde la voz del narrador va cambiando de plano a plano, hasta construir la cuadratura del círculo, de donde emerge el personaje de Charles Foster Kane. Todo apunta básicamente al guionista Herman J. Mankiewicz, donde Orson Welles dio la versión final al trabajo escrito.

¿Qué lo motiva para haber llegado tan lejos? La misma fuerza, el mismo motor inmóvil, de filmes como los de James Dalton Trumbo: Spartacus o Johnny cogió su fusil o las novelas de Truman Capote: la libertad del creador, o esa pulsión que hombres y mujeres que han llegado a través de la creación artística a una cierta tensión moral, donde el precio a pagar por llegar hasta allí es la pérdida de toda comodidad o privilegio, percibiendo en algún intersticio o pliegue de su conciencia, el brillo de lo justo y lo mejor, que los lleva advertir el mal que anida en el excesivo poder de los plutócratas.

Los asomos y excesos de poder son proverbiales en Estados Unidos y han machacado constantemente la historia de la unión americana desde 1,776. Como en julio de 1,934, cuando el general Smedley Darlington Butler fue abordado por dos hombres que le ofrecieron 30 millones de dólares, así como el apoyo de tropas y armamento, para encabezar un golpe de estado contra el Presidente Franklin D. Roosevelt. Butler, el general norteamericano más joven, así como uno de los más condecorados, fingió aceptar la propuesta y se reunió «face to face» con los complotados, entre quienes se encontraban miembros de la familia propietaria de la firma Dupont, junto a líderes de U.S. Steel, Standar Oil Company, G.M., Chase Manhattan Bank, neumáticos Good Year, y el último no menos significativo, Prescot Bush, padre del jefe de la CIA durante el golpe de Chile en 1,973, el responsable de la Invasión a Panamá en 1,989 y de armar a la Contra Sandinista en Nicaragua: George Bush Prescot, abuelo paterno del presidente George W. Bush, que dio la orden de iniciar la lucha global contra el terrorismo, en Afganistan e Iraq, dos guerras fallidas, tras los atentados del 11S.

La pretensión de los conspiradores era tomarse el poder e instaurar en la Unión Americana, un régimen fascista al estilo de Alemania nazi e Italia fascista, para así poner fin a la gran agitación social consecuencia de la depresión económica. Butler denunció el plan contra Roosevelt, testimoniando ante un comité de la Cámara de Representantes, pero los medios ya habían iniciado una campaña de desprestigio en su contra, con el argumento de que la denuncia era un engaño. Finalmente, el presidente FDR hizo un trato con los conspiradores y su denuncia naufragó en el olvido. (documental 911 1 h. 30’).

Orson Welles llegó a los diez y ocho años a Nueva York, primero al teatro de Broodway y luego a la radio. A los veinticuatro años fue contratado por George Schaefer, gerente del estudio RKO Picture, que lo buscó con el ansia secreta de llevar la obra de H.G. Welles a la pantalla. Un gerente de estudio popular, no elitista, como gustaba a Welles más imbuido de la atmosfera teatral. Como le dijo su compañero Mank: «El público quiere a Tarzán y Jane, no a Tristán e Isolda». (Película RKO 801. 4’ 46”)

Un día Mank le invitó a una cena en el palacio del magnate William Randolph Hearst, dueño del mayor imperio editorial en el mundo. Durante la cena se produce un diálogo tenso y de ahí el origen de la mala relación entre Hearst y Welles. Al amanecer Welles, deambulando por la megalómana mansión con pretensiones de castillo feudal, contemplando las estatuas y frisos de la antigüedad tiene una idea, que le comunica al guionista: «Ya tengo lo que vamos a hacer: imagínate un hombre que ha marcado su época, una figura titánica de ambición sin límite, un hombre con un imperio a sus pies que controla los movimientos de todos los que le rodean, un señor feudal moderno. La gran biografía americana. Un viaje al corazón de la bestia. No te das cuenta, él siempre se ha dedicado a divulgar la vida de los demás, nosotros divulgaremos la suya».

Propuesta a la que Mank replica, tratando de disuadirlo: no ha acabado de desempacar, es solo un recién llegado más, y ya está planeado disparar en medio de los ojos a la bestia mayor, al dueño de medios y por tanto de Hollywood, a lo que Welles le responde irritado: «¿Qué sientes siendo el payaso que invitan para divertirse? De que le sirve a un hombre ganar el mundo si pierde el alma. El cariño a su manera, todo debe ser de acuerdo con sus normas, he ahí su tragedia. […] Por qué te metiste en este oficio? ¿Por qué? ¿No hubo un tiempo en que hacer películas significaba que creías que el riesgo valía la pena? ¿qué te importaba?» (Película RKO 801. 12’ 40”)

Mank amigo de Marion Davis, mujer llamada en el mundo de la prensa rosa: «el secreto peor guardado en Hollywood», dado que ella es amante de Hearst que sigue legalmente unido a su esposa. Mank presiente que el proyecto acabara de arruinar la poca estima del magnate hacia él. Pero Welles no suelta la presa, de niño y joven tuvo una relación conflictiva con su padre, de ahí su rebeldía contra los grandes poderes. Su progenitor era alcohólico y por eso lo rechazó, pero también fue la persona que le mostró el mundo.

Apenas se extiende el rumor de que el niño prodigio ha querido estrenar su pequeña dentadura en contra de Hearst, este movilizó todos sus recursos para evitar que el film no vea la luz del día, y en esta batalla se apoyó en las periodistas más famosas del cotilleo de Hollywood: Louella Parson y Heda Hopper, en tanto visitó a Luis B Meyer, director de la Metro Golden Meyer, para advertirle sobre lo que sucederá sino detenía el film. Meyer se mueve rápidamente y cita a su oficina a Selznick, Goldwin, Wagner, los directores de los grandes estudios y les propone un plan para acabar con el film.

En medio del choque, aparece Mank leyendo una nota de prensa a Welles y el camarógrafo, en la sala donde una orquesta se graba la banda musical del film.

— ¿Podrá seguir soportando el país que esta industria continúe empleando a extranjeros indeseables y refugiados morenos, en vez de auténticos americanos? ¿No sabe Hollywood que estamos en una depresión? ¿Los americanos de verdad no merecen trabajar?
— Orson Welles responde – Hoy no se mete con Kane
— Mank. ¿Qué no se mete? Orson esto es un mensaje en clave para que los jefes de los estudios. [y citando el texto] “extranjeros indeseables y refugiados morenos”, a quien cree tu que se refieren?
— Orson Welles. – No lo sé a ¿A Peter Lowry? Dicen sin acabar de comprender a Mank.
— Mank le replica: ¿Quién manda en la ciudad? ¿Quién dirige los estudios? Los judíos.
— Orson Welles. – Si, todos son judíos. ¿Y qué Mank? Tú también eres judío.
— Mank. – No te das cuenta idiota que es una simple advertencia, la próxima vez usará la palabra que empieza por J. y los jefes de los estudios harán lo imposible por impedir que esa palabra se publique y Hearst lo sabe muy bien.
— Orson Welles. – ¿Y qué van hacer Mank? ¿Matarme? ¿Eso es lo que piensas? […]

Orson Welles, exaltado abandona la sala de grabación y una vez afuera saca un cigarrillo que golpea contra el lomo de la cajetilla. Mank le sigue, le toma del antebrazo y habla.

— Mank. – Él, él lo sabe ¿Sabes lo que significa que él lo sepa? ¿Lo sabes?
— Orson Welles. – ¿De qué tienes miedo? Está hecha, está enlatada, no puede hacer nada.
— Mank exhaltado, dirigiéndose a Welles – Escucha, seguirá enlatada, para siempre! ¡Esa película nunca se exhibirá, Hearst no lo permitirá! ¡Los jefes de los estudios tampoco lo permitirán, esa película nunca verá la luz del sol!
— Orson Welles. – ¿Estas de parte de Hearst? ¿Lo estás? ¡Porque me estás dando esa impresión! Por el amor de Dios, escribiste el guion, aparece tu nombre ahí… Yo..
— Mank. – También te dije que pasaría esto ¿verdad? ¿Verdad que te lo dije? Mira escucha, yo ya tengo mi cheque, y tú el tuyo, mejor dejémoslo así.
— Orson Welles se dirige al guionista, exaltado, virulento. – ¿Quiénes son lo que te dan tanto miedo? ¿Quiénes son Mank? ¿Quiénes son esos tipos de mierda? Son tristes contables. Dice Welles respondiéndose a sí mismo.” (Película RKO 801. 50’ 26”- 52’ 36”.)

 

T Truman Capote: Los monstruos perfectos.
Truman Capote fue un escritor que ascendió en Estados Unidos trepando por los ramajes del periodismo literario en revistas como Esquire y New Yorker, el ácido y crítico semanario dedicado a saciar los apetitos intelectuales y políticos, de la elite neoyorquina. Asiste además a salones y cocteles junto a los poderosos, donde su lengua viperina siempre tiene un lugar en la mesa. Allí aprende rápidamente que los plutócratas no aprecian los amigos, solo a las mascotas y si quieres algo de afecto y reconocimiento de ellos tienes que convertirte en una de ellas. Y es ahí, cuando decide usar su arma de destrucción masiva: su ingenio y su pluma, los amenaza desde su poderosa memoria de elefante capaz de recordar hasta el 90% de una conversación. Memoria que no olvida los fantasmas que recorren, al final de las fiestas, los pasillos de sus castillos antes del amanecer. No quiere ser más el bufón de palacio, quiere la inmortalidad por derecho propio. Siempre ha soñado con la versión americana de À la recherche du temps perdu, para revelar la forma que ha adquirido la elite norteamericana que, en el nuevo orden surgido de la segunda guerra mundial, se siente dueña de la especie humana. Su espada de Damocles se titula: ‘Plegarias Atendidas’, frase tomada de un poema de la mística española Santa Rosa de Ávila que escribió: «Son más las lágrimas que se derraman por las plegarias atendidas que por las que no».

Un cuarto de siglo después de la premier del Ciudadano Kane, el escritor Truman Capote se encumbró a la cima de la literatura con su libro de literatura de non fiction, «In Blood Cold». Capote sorprendió a la crítica con su primera novela, a los 21 años, ‘Otras Voces otros Ámbitos’, se mueve por el filo de la navaja, por la tabla de donde se lanza al mar a los piratas capturados. Un escritor que mientras se encumbra, ha sobrevivido las épocas de baja mar creativa divirtiendo a los plutócratas que viven o frecuentan Nueva York: la nueva Babilonia, que representa la tercera meca del mundo norteamericano: Wall Street, bautizada también como la gran manzana. En sus restaurantes, galerías y bares, converge la crema y nata de finanzas y política, y es allí donde restalla Capote con su acerada lengua. Pero una vez que su novela, A Sangre Fría, a la que ha dedicado seis años de su vida, hace que el mundo lo reverencie, decide aumentar la apuesta: apoyado en su memoria de elefante y algo más poderoso: su pluma, reeditando el duelo de la novela el Quijote: el poder de los caballeros de las armas versus el poder de los caballeros de la pluma. (Cervantes Saavedra 392)

Se lanza a escribir la versión a la norteamericana de la novela de Proust, cuyos libros lo acompañan en sus viajes por el mundo, sin abandona la cabecera de su cama esté donde esté. El escritor desea codificar el tiempo presente en su lado oscuro, ya no de dos criminales en una lejana población de Kansas como en la novela que lo ha catapultado, sino en la capital del mundo -como lo hizo Proust en París y sus alrededores haciendo su gran fresco literario protagonizado por la decadente aristocracia-, en las mismas entrañas de la bestia, porque él ha estado allí registrando en su ‘caja negra’ todo, en tanto que los potentados solo veían en él a un bufón más de palacio, qué, de no ser porque usaba gafas hubiera sido confundido con un puff para sentarse, como lo afirmó uno de sus enemigos.

Escribió en el prólogo de los tres capítulos que sobrevivieron de la obra: «Esto solo lo podía hacer porque el argumento, mejor dicho, los argumentos eran reales, así como todos los personajes: no era difícil recordarlos, ya que no había inventado nada.» (Capote 12)

Capote amenazó a sus antiguos anfitriones, con hacer saltar nuevamente por los aires la línea que separaba literatura y realidad. Para aquellos plutócratas, acostumbrados a imponer su voluntad, en toda forma posible —recordando la frase de Pericles en su discurso a los muertos: «Hemos hecho grandes obras en bien y en mal por donde hemos pasado»—, el nuevo proyecto del escritor significó una declaración de guerra. Una pluma en manos de un gran escritor era el equivalente de un arma de destrucción masiva, los poderosos no ignoraban que la verdad se traduce en responsabilidad. En tanto Capote definió su tarea así: «Soy un escritor, me sirvo de todo. ¿Es que esa gente se pensaba que me tenía para entretenerle?». (Capote 14)

Su obra pretendía revelar las piezas de relojería de la maquinaria de impunidad y secretismo, construida por los poderosos para protegerse. ‘Plegarías Atendidas’, amenazó con llevar la luz de la gran narrativa a las entrañas más recónditas del nuevo imperio romano, que estaba expandiendo sus alas a todos los confines del orbe, producto de las guerras mundiales del siglo XX.

La parte que se publicó de ‘Plegarias Atendidas’, inicia con el capítulo titulado: Los Monstruos Perfectos:

“En algún lugar de este mundo vive un filósofo excepcional, una chica que se llama Florie Rotondo.

El otro día, en una revista que recopila redacciones de colegiales, di con sus reflexiones. Decía así: “Si pudiera hacer lo que quisiera me iría al centro de la Tierra, nuestro planeta y buscaría uranio, rubíes y oro, intentaría encontrar monstruos perfectos. Después me iría a vivir al campo.” Y Capote le responde: “… yo he estado en el centro de la Tierra. O, en cualquier caso, he padecido las tribulaciones que un viaje de ese tipo suele infligir. He buscado uranio, rubíes, oro y, por el camino he observado a otros que buscaban lo mismo. Y escúchame, Florie, ¡eh encontrado Monstruos Perfectos! Y también Imperfectos. Aunque la variedad de los Perfectos, sea rara avis, como las trufas blancas comparadas con las negras, y los espárragos silvestres frente a los de la huerta. Lo único que no he hecho es irme al campo.” (Capote 25, 26)

Como lo anotó Joseph M. Fox, amigo y editor de Capote, en el prólogo a los capítulos del libro de los cuales habló con abundantes detalles a sus amigos más cercanos antes de morir: «Sólo se han encontrado las versiones de Esquire, de los tres capítulos que aparecen en este libro.» (Capote 18)

 

 

M Mank, antes del Ciudadano Kane
En el hogar de Hearst, en el castillo de Hill Saint, se celebró una reunión por el cumpleaños de Louis B Meyer en 1,934, cuando ya se había dado la orden de reapertura de la banca para paliar los efectos de la Depresión Económica iniciada en 1,929 con el crash de la bolsa de valores. A la reunión fue invitado Irving Tugwell, asistente especial de Franklin Delano Roosevelt. En la reunión se terminó hablando de la campaña a la gobernación al Estado, del escritor y demócrata de izquierda Upton Sinclair. (Película Mank. 45’ 03”)

«— Hearst – Podemos suponer que nadie le daría la bienvenida aun socialista en California empezando por Roosevelt
— Irwin Tugwell – Es un escriba enojado, un provocador.

— Louis B. Meyer – Bueno como simpatizante del partido republicano les puedo decir que aquí no pasara nada, las personas influyentes no lo permitirán. Todos estos rumores no tiene base alguna.
— Marion –Escuche a papi al teléfono ayudando a elegir el gabinete presidencial, como actores de una película. ¡Puedes detener a hombres como Sinclair! ¿No es así papi? –

Al terminar sus palabras cae sobre ella la mirada helada de Hearst y Marion se retira a los jardines de la residencia junto con Mank, donde le cuenta al guionista la raíz del odio Hearst por Sinclair y termina con la frase: «Nadie en el mundo puede ridiculizar a William Randolph Hearst».» (MANK 51’ 16”)

Se inició así una campaña en contra de Upton Sinclair escritor socialista que, decidido a conquistar la silla de gobernador de California en 1,934, año de la depresión económica, prometió el fin de la pobreza bajo su mandato. Para oponerse a Sinclair, Hearst y su guardia pretoriana, hacen correr el rumor de que los estudios cinematográficos se trasladarán al este, aumentando así el desempleo en el Estado. Hacen circular otro rumor: Sinclair va a abolir la propiedad privada, como hicieron los bolcheviques en Rusia. La pieza maestra de la campaña de guerra sucia contra el candidato demócrata, en un falso documental donde se recogen opiniones de ciudadanos y ciudadanas en la calle, que incluye la aparición de actores pagos, para que difundan opiniones que aumentan los temores acerca de Sinclair, e inclinar la balanza del electorado de lado del candidato republicano Frank Merriam. La campaña incluye el pago a desempleados para que porten avisos en calles concurridas, con la consigna del fin de la propiedad privada en el estado de California, como si fuera una propuesta de Sinclair.

La Metro Goldwyn Meyer produjo el documental, y tanto su director como Mank, que profesaban ideas socialistas que se habían extendido en la industria del cine, a comienzos de la década de 1,930, producto de la crisis económica llamada la Gran Depresión, y que ayudaron a la creación de sindicatos que fueron vitales en la búsqueda de mejores salarios y compensaciones para actores, guionistas, y técnicos, debido, entre otras circunstancias, a las complejidades del paso del cine mudo, al sonoro. Lo que puso a los gerentes de los estudios en aviso sobre el ‘peligro comunista’, como se evidenció en la presencial de Walt Disney testificando ante el comité de actividades antiamericanas en 1,947, atacando al comunismo. El creador del Ratón Mickey, no podía olvidar la huelga en sus estudios en 1,941, que lo dejó profundamente resentido con los ‘rojos’.

La derrota de Upton Sinclair en las elecciones a gobernador de 1,934, en un estado azotado por el desempleo, como lo inmortalizó la novela de otro escritor socialista: John Steinbeck, las Uvas de la Ira, se produjo por la utilización de la política sucia, con su caja de trucos y bromas, por Hearst y su corte en Hollywood, así como de su imperio periodístico.

El episodio significó un gran desencanto para Mank, quien sentía simpatía por la obra y las ideas de Sinclair, además sabía que Louis B. Meyer no movía un dedo sin la orden de William Roudolph Heart. Pero él era solo el mono del organillero. ¿Qué podía hacer?

Un día, invitado por Marion a una fiesta de disfraces en Hill Saint, Mank llegó tarde y como era costumbre pasado de copas. Lo sientan al final de la mesa, inicia así una larga escena en el comedor del castillo, donde aparenta la comicidad del bufón de palacio pero cuyo final apunta al drama shakesperiano que azota el alma de Hearst.

— MANK  –Tengo una buena idea para una película, que estoy seguro te va a encantar [habla mirando a Hearst sentado en medio de sus invitados, donde todos están vestidos con trajes de carnaval] Una versión moderna de don Quijote. Sé que ninguno de ustedes lee, para saber de lo que se trata: un pobre noble demente que ataca a molinos de viento. ¿Y cómo podemos actualizar la historia? […] ¿Qué les parece sí convertimos a nuestro Quijote en un editor de periódicos? ¿Quién más puede ganarse la vida atacando molinos de viento? Pero no es suficiente, no desea más que solo lectores, desea más que adulación: quiere amor, así que se postula para un puesto público y debido a que es un hombre rico gana. No, no un momento, [dice abriendo las palmas de sus manos, como si estuviera deteniendo un objeto invisible ante sí.] Ser muy rico y poderoso no te hace ganar adeptos, a menos que este hombre rico y poderoso, vea los errores que cometió en el último rollo. Ser rico y poderoso sin dar estúpidas excusas por ello es solo admirable en la vida real. ¿No es así Louis? [Mank se acerca a encender el cigarrillo en la gran chimenea, cuya luminosidad domina el alargado espacio de comedor, escapando de allí una llamarada de fuego que es la materialización de la furia que están desatando sus palabras entre los presentes. El Mono que se ha salido de su jaula dorada]

— ¿Entonces qué hacemos? ¿Nadie…? [no obtiene respuesta de los inmóviles, o más que inmóviles, hechizados comensales que aún permanecen junto a Heart] Le damos ideales! Ideales con lo que pueda identificarse el público ordinario, cansado de la depresión. Nuestro Quijote está en contra de la corrupción; apoya una jornada de ocho horas; impuestos justos; mejores escuelas, incluso apoya la expropiación ferroviaria. ¿Y saben cómo llamamos a esas personas?
— Anarquista
— Comunista
— Socialista,

Responde voces desde la penumbra del salón comedor.

— No, nuestro Quijote [continua MANK] hurga en el escándalo y los expone, de hecho, hay quien predice que algún día llegará a la presidencia y provocara ¿Qué Creen? Una revolución socialista. [risas]
— Louis B. Meyer, el agasajado, se revuelca en su silla y le dice- ¡Qué estupideces!
— MANK, como profesor frente a la lección- ¿Lo son?
Dile Willie, [dirigiéndose a Hearst] Dile, Upton Sinclair uso esas mismas palabras para describir al joven William Randolph Hearst.
— Miserable, desgraciados. [Louis B. Meyer, pronuncia asqueado sus palabras]

MANK responde a este, haciendo una profunda reverencia.

— Un servidor… [Y continua] Nuestro Quijote añora, desea, necesita que los electores lo amen, lo suficiente para hacerlo presidente. Pero no lo quieren y no lo hacen. ¿Por qué creen que esto sucede? ¿Podría ser porque en el fondo saben que le da más valor al poder que al pueblo? [los invitados que aún permanecen en sus sillas, empiezan a abandonar el comedor] Desilusionado en el Congreso no impulsa una sola Ley o reforma en dos períodos. ¿Pueden creerlo? Eso lleva mucha redacción, logra que lo nominen para presidente, pero es demasiado radical para los hombres que están atrás. No llega a ninguna parte. ¿Pero estamos haciendo algo? Estamos creando simpatía. Rechazado huye a un paraíso celestial donde su leal gnomo, Sancho, han preparado un reino mítico. ¡Pero un momento! olvide el aspecto amoroso. [ habla mientras mira a Marion] Su nombre Dulcinea, graciosa, intrépida, mas lista de lo que parece. Ella es una corista. No es digna de su status social, pero no importa porque el verdadero amor en la pantalla grande, como todos saben, es ciego.»

El gnomo, mono o bufón, sólo tiene un tiro en su recamará, de ahí su gran actuación final, o sino toda su rebeldía habrá sucumbido, el intento habrá sido en vano, sólo un torpe balbuceo lleno de «sonido y furia».

«Y ella, sí, también lo ama. Entonces se la lleva a su mítico reino [toca la mano de uno de los meseros y le dice] “Tienes bicarbonato” [y continua su función postrera.]

Ahora de pronto aparece un némesis, en griego es cualquiera con un sombrero negro. El némesis se postula para gobernador, y es casi un hecho que ganará. ¿Por qué? Porque es exactamente lo que era nuestro Quijote: un idealista, ¿Entienden? Y no sólo eso. El némesis es el mismo hombre que una vez predijo, que nuestro Quijote algún día presidiría una revolución socialista. Nuestro Quijote mira el espejo de su juventud y decide romper ese vidrio, un terrible recordatorio de lo que fue algunas vez, asistido por sus fiel Sancho y armado por toda, la magia negra en su posesión. Hace justo eso y destruyendo en el proceso no solo a un sólo hombre, sino a dos.»

Concluye sus palabras mirando a Hearst, quien permanece solitario sentado en la inmensa mesa con expresión serena y granítica en el rostro. MANK se inclina hacia adelante y empieza a vomitar, secándose la boca con una servilleta de lino dice:

— El vino blanco salió con el pescado.
— Louis B. Meyer, furioso- ¡Quién demonios crees que Mankiewwics? No eres más que un bufón de corte. Y déjame decirte un pequeño secreto ¿Tienes idea de quien paga la mitad de tu salario? Él paga [señalando con su mano izquierda a Heart] Eh, maldito ingrato. ¿NO lo sabias verdad? ¿Quieres saber por qué? Porque le gusta tú forma de hablar. No tú forma de escribir, tu forma de hablar. ¿Eso no aplasta tu orgullo?

Sale del comedor Louis B. Meyer. MANK deja caer al piso la servilleta de lino con la que ha limpiado la comisura de sus labios. Hearst sale de su mutismo helado, y camina hacia el final de la mesa donde se encuentra MANK vacilante, le pone su mano en la espalda y empieza a conducirlo, sin prisa, con los pasos de un verdugo llevando un reo al cadalso y con voz paternal le pregunta.

«—¿Conoces la parábola del organillero y el mono? El mono del organillero es corto de estatura y por ser un animal salvaje, naturalmente, se asombra con el mundo que lo rodea. Pero todas las mañanas una dulce anciana lo viste con un atuendo muy elegante. Le pone un chaleco de terciopelo rojo adornado con botones de perla y un hermoso sombrero de Fez rojo con borla de seda. Le pone unos zapatos brocados con punta en caracol y le da una fina caja de música dorada, con una exquisita cadena de oro que le cuelga del cuello y solo del cuello. Cada vez que se aventura a la ciudad él piensa: “Debo ser un mono muy poderoso, todo el mundo espera con paciencia solo para verme bailar…»

Hearst continúa su monólogo mientras camina con Mank por el corredor lleno de esculturas y frisos de la antigüedad, iluminados por bajas bóvedas de luz que termina en la puerta principal, en tanto MANK con pasos desfallecidos balbucea «Willi…» Pero Hearst no lo escucha y prosigue.

«— … y donde quiera que voy piensa él, me acompaña está caja de música y con ella este pobre hombre esclavizado. Si yo decidiera no bailar, este triste limosnero de la calle moriría de hambre. Pero cada vez que yo decido bailar sin excepción [dice mientras pone su mano en el pecho de MANK, y con la otra abre la magnífica puerta] él debe tocar así le guste o no. Hoy bebiste demasiado Herman, hare que Raymond te lleve a la estación. Adiós.”

 

 

E El Ciudadano Kane
La película Ciudadano Kane empezó a exhibirse para un selecto auditorio de críticos y periodistas invitados por el estudio en 1,941, y es allí cuando aparecen los primeros comentarios: «Toda la película es muy confusa, muy artística, no se entiende. La acción se desencadena a partir de una palabra ‘Rosebud´» (The battle of the citizen Kane 44’ 05”)

Welles ha intervenido el guion de Mank, lo ha revisado, en sus propias palabras: «Cogí tus 350 páginas de divagaciones de borracho y saque una película de ella y ahora tengo que empezar a rodarla» (Película RKO 801. 28’ 22”.)

Las primeras exhibiciones del film desatan una tormenta. La periodista Loullea se presentó en la RKO y le señaló a su director George Schaefer: «El señor Hearst me ha autorizado a decirte qué si presentas esa película, acabarás enfrentando la mayor demanda de la historia, acabará con tu pequeño estudio y tendrán que volver todos a Nueva York y hacer Shakespeare con el niño prodigio» (Película RKO 801. 47’ 46”.)

Impedir la distribución del Ciudadano Kane no era la única pelea que estaba librando Hearst en esa temporada, también estaba empeñado desde hacía años, en una batalla de radio y prensa contra el presidente más popular en la primera mitad de siglo, el mandatario que sacó a Estados Unidos de la Gran Depresión Económica: Franklin D. Roosevelt, a quien considera un bolchevique. Es así como emerge frente al magnate un segundo frente: comienzan a circular rumores sobre el estado de sus finanzas.

Heart consigue una copia de la película y la ve en su castillo de Hill Saint junto a Marion, quien llora al contemplar la trama. El magnate pide a la servidumbre que los dejen solo, e inicia un diálogo que termina en una agria recriminación a Marion: «Tú quieres condenarme como todos los demás, tú también me acusas de ser un viejo excéntrico que se ha vuelto loco gastando atrapado en su ridículo castillo, librando absurdas batallas que no ganará.» (Película RKO 801. 1h 00’ 22”)

En la reunión de los capitanes de los estudios cinematográficos, Meyer propone el plan para aplacar la ira de Hearst: comprar los negativos y las copias del Ciudadano Kane por 800.000 dólares, reunir todo el material e incinerarlo. El director del MGM ha iniciado el trato con los accionistas de RKO Studio y confía en que aceptaran su propuesta.

Orson Welles se siente acosado, sabe, como todos aquellos que han visto el film, que es una obra maestra, que posiblemente no hará otra igual en su vida. Y por eso le suplica a George que lo deje ir a Nueva York a tratar de persuadir a los accionistas de la RKO para que no acepten la propuesta de los grandes estudios.

En Europa se inició la segunda guerra mundial, con la ofensiva alemana contra Polonia, Francia y Grecia. Welles se dirige a los accionistas en una elegante oficinas de juntas: «Bombardean Londres mientras habló. Dejan sin voz los territorios por donde pasa. En este país aún somos libres. Caballeros yo soy la voz, mi película es una voz, una opinión nada más… Hombres morirán por derrotar a los tiranos y a los dictadores y van a enviar un mensaje a América, de que un hombre puede quitarnos la voz. ¡Piénsenlo!» Luego se retira al corredor, donde espera al director del estudio para conocer el destino de su película, al momento llegó George y exclama: “Estrenamos el 1° de mayo” (Película RKO 801. 1h 08’ 44”.)

El guion del Ciudadano Kane fue la sofisticada venganza de Herman J. Mankiewicz, Mank, quien no soportó haber presenciado la manera como se destruyó la carrera política de Upton Sinclair, cuya elección en 1,934 hubiera significado un alivio a las duras condiciones que impuso la Gran Depresión a la población en California. En 1,906, Upton Sinclair demostró el poder de la literatura para cruzar puentes. Su novela denuncia: La Jungla, donde narra las duras condiciones laborales en la industria de procesamiento de carnes, dio origen al Acta de Alimentos y Drogas de ese año. Ley que controló no solo las condiciones laborales e higiénicas de la industria de alimentos, sino el expendio de drogas como el láudano y otros narcóticos que pululaban, sobre todo en regiones de frontera interior, como elixires mágicos. (Musto 4)

El poder de los grandes relatos llega hasta iniciar transformaciones sociales. Como lo fueron las novelas de Charles Dickens, al otro lado del Atlántico, novelas cuyo impacto en el público lector llevó a la abolición de la Ley que mandaba la prisión por deudas, y a legislar para dar un mejor trato para los niños huérfanos en centros de reclusión y organizaciones de beneficencia. Como lo diría Marx: cuando las ideas entran en las masas generan el movimiento que hace avanzar la rueda de la historia y es ahí cuando los grandes relatos se revelan como fuerza histórica.

 

D Dalton Trumbo, poniendo en cintura a los escritores de Hollywood.
En 1,947 el subcomité del senado de los Estados Unidos, creado para investigar las llamadas: «Actividades Antiamericanas», llamó a declarar a 19 personas, mayoritariamente guionistas, y directores de cine para que hicieran pública confesión de su militancia política, específicamente su pertinencia o simpatía al Partido Comunista, en un lenguaje más coloquial toda una cacería de «rojos». El Partido había crecido en la Unión Americana de cuenta de la depresión económica de 1,930, cuando el socialismo emergió como promesa para acabar con el hambre, la pobreza y proveer empleo como se patentizó en la URSS con sus grandes planes quinquenales. En la derrota de Alemania Nazi, durante la segunda guerra Mundial, Rusia fue aliado de los Estados Unidos.

Finalizada la segunda guerra mundial el ex primer ministro británico sir Winston Churchill temeroso de que no hubieran quedado un margen de seguridad entre capitalismo y socialismo en Europa, pronunció un discurso en la universidad de Fulton Alabama en febrero de 1,946: «Es mi deber presentar ciertos hechos sobre la presente posición en Europa, una cortina ha descendido sobre el continente». (TRUMBO, 9’ 43”) Este discurso, posteriormente llamado “la cortina de hierro”, estas palabras fueron la declaratoria de que tras la victoria sobre Alemania, había surgido un estado de pugnacidad entre los dos antiguos aliados triunfantes; la Unión Soviética y Estados Unidos de América. Haciéndose ciertas las palabras del general George C. Patton, comandante del tercer ejército que combatió en Italia: “Creo que estábamos disparando contra el bando equivocado”.

Trumbo estuvo durante la guerra en el Pacífico como corresponsal de guerra, su ingreso al partido Comunista se puede datar el año de 1,943, decisión que pudo haber sido templada por la destrucción de Hiroshima y Nagasaky con dispositivos nucleares lanzados por la USAF, para obligar a Japón a la rendición incondicional y terminar la conflagración en el Pacifico.

Finalizada la guerra y desatada la guerra fría, comenzó una nueva etapa con la suspensión al Comunismo en territorio de Estados Unidos. Era un enemigo fácil de perseguir y la realeza de Hollywood, toda una aristocracia para el público norteamericano, fue la primera presa del Comité de Actividades Antiamericanas, cuyos artífices querían gozar de la fama y la publicidad de las estrellas del celuloide.

Tras las audiencias convocadas por el Comité en 1,947, al llamado «grupo de los diez», de diez y nueve personas de la industria, citadas inicialmente, estos se negaron a hacer la confesión de su filiación al Partido y dar nombres de otros militantes, reales o supuestos, del partido, entrando así en desacato a la ‘orden’ del Congreso por lo que podían ser acusados penalmente y condenados a prisión. Tras las audiencias, los presidentes de estudios y productores cinematográficos se reunieron en el hotel Waldor Astoria, y al terminar el encuentro leyeron un comunicado donde afirmaron: «No creemos en una lista negra, pero no vamos a emplear a nadie que haya estado involucrado en cualquier forma con el Partido Comunista.» (TRUMBO. 24’ 16”.)

Posteriormente el presidente de la Motion Picture Association of America, más explícito, afirmó: «No vamos a emplear a ninguno de los diez, [que figuraba en la lista de guionistas y directores citados], hasta que sean absueltos o hayan purgado su desacato y declare bajo juramento que no es comunista.» (TRUMBO 24’ 00”)

Ronald Reagan para la época actor de película, elegido en 1,980 presidente de los Estados Unidos, compareció ante el Comité a responder como testigo:
«—[Comité] Señor Reagan se reporta que cierto grupo de escritores son comunistas.
— Ronald Reagan: Ha habido un grupo que más o menos han seguido tácticas que hemos asociado al Partido Comunista.
—¿Se refiere a ellos como una influencia destructiva?
RR – Diría que eso han intentado.” (TRUMBO 15’ 16”.)

Oficialmente la lista estaba integrada por diez personas, a las que se les llamó inicialmente: «los diez enemigos», y posteriormente: «la lista de los diez». Compuesta por: Edward Dimitryk, John Howard Lawson, Adrian Scott, Herbert Biberman, Alvah Beesre, Dalton Trumbo, Ring Larden jr., Albert Maltz, Lester Cole, Samuel Ornitz. Convirtiéndose, tras su comparecencia al Comité, en personas non gratas para la industria del celuloide de Hollywood, algunos de ellos sobrevivieron a su exclusión de la industria del celuloide escribiendo guiones bajo nombres ficticios.

Trumbo fue sentenciado junto al guionista Jack Lawson, a un año de prisión por desacato, tras las apelaciones, que llegaron hasta la Corte Suprema de los Estados Unidos que ratificó la condena. Ingresó a prisión en septiembre de 1,950. Una vez cumplida la sentencia viajó junto a su familia a México, buscando insertarse en la industria cinematográfica de este país que había adquirido notoriedad durante la Segunda guerra mundial, gracias a personajes que habían trabajado en Hollywood. La actriz Dolores del Rio, Emilio ‘el indio’ Fernández, María Félix, el director de fotografía Mauricio Figueroa y el actor Pedro Armendariz, junto a otros. Tras una estadía de dos años en el país Azteca, el guinista volvió a Hollywood, allí su esposa se fue a vivir en compañía de su hermana junto a sus dos hijas y él ocupo una pequeña vivienda con su hijo de 11 años.

En los primeros diez y ocho meses, para sobrevivir, escribió 18 historias para el cine que en tiempo normal –en 1,945 Trumbo era el guionista mejor pagado de toda la industria–, hubiera reclamado de cuatro a seis años de trabajo. «Una de las metas de la lista negra es privar a la víctima de seguridad económica y reducir drásticamente su calidad de vida hasta el punto que se rinda y eso no lo iba a permitir».

En ese periodo escribió bajo trece nombres ficticios, guiones entre ellos, dos películas oscarizadas: ‘Vacaciones en Roma’ y ‘el Bravo’, esta ultima película premiada en 1,956 por el mejor guion, donde figuraba en los créditos a nombre de Robert Rich, estatuilla que nadie reclamó durante la premiación y que Trumbo recibió en la ceremonia de los Oscar en 1,975.

Sus resortes como novelista y guionista eran profundos y fuertes, como lo afirmó en una entrevista: «En todo el mundo, aquí y allá, en todas partes. Hay una inmoral afirmación del poder sobre los pensamientos más privados del hombre y la afirmación de que el gobierno tiene el poder para obligar a los hombres. A delatarse, a arrepentirse, a deshonrarse a sí mismos a jurar que son idiotas a revocar su pasado y a escupir sobre su trabajo. Esto es lo que el gobierno quiere en menor o mayor grado en todo el mundo y eso es lo que nadie puede hacer.» (Trumbo 1 h. 22’ 00”.)

 

 

N Network: Solo existe un único y gran sistema.
De lo anterior se puede concluir que los magníficos retratos de los plutócratas no deberían sucederse con demasiada frecuencia, porque llevaban implícita una «reflexión» o «critica» al mundo de la época, y podían implicar la tentación a mirar el sistema capitalista en su conjunto, lo que era interpretado desde el poder como algo de consecuencias desestabilizadoras. Mejor hacer que la literatura como arte, convenientemente retirado de la historia para que, lejos de ella, sirviera a la idea de un mundo ideal y perfecto bajo el modo de vida burgués. Pero el ingenio de los guionistas en un hueso duro de roer. El Sistema Capitalista, fue presentado en un épico diálogo en la película Network de 1,976. En el film, un excéntrico presentador de televisión sufre una depresión que lo lleva a una visión beatifica, que lo hace portador de una gran verdad, y justo cuando revela la ‘Verdad’ a su auditorio televisivo, sacude los cimientos del mundo corporativo del entretenimiento, siendo citado a una reprimenda ante un personaje -que instalado al final de una gran mesa recuerda a Charles Foster Kane-, en tono bíblico, como un Moisés que sostiene en su manos las tablas de la Ley de Dios, le sentencia:

«Ha interferido las leyes básicas del Universo señor Bale. ¡Y no lo toleraré! ¡Está Claro! ¡Cree que solo detuvo un trato de negocios! No es así. Los árabes se llevaron miles de millones de este país. ¡Y ahora deben devolverlos! ¡Son fluctuaciones, son variaciones de la marea, el equilibrio ecológico! Usted es un hombre viejo que piensa en términos de naciones y personas. ¡No hay naciones, no hay personas! ¡No hay rusos ni árabes! ¡No hay Oeste!

Sólo hay un sistema holístico, un sistema de sistemas. Solo existe el dominios del dólar, vasto, enorme, interelacionado, interactivo y multivariable. Petrodolares, electrodolares, marcos, rublos, libras y siclos. Es el Sistema Internacional el que determina la vida de este planeta. ¡Ese es el orden natural de las cosas hoy en día! ¡Esa es la estructura atómica, subatómica, y galáctica de las cosas hoy en día! ¡Y usted ha interferido con las leyes básicas del universo! ¡Y tendrá que enmendarlo! ¡Me ésta entendiendo Señor Bale? Usted aparece en su pantalla de 21 pulgadas y grita sobre Estados Unidos y la democracia: “No hay Estados Unidos, no hay democracia, sólo existen IBM, ITT, AT&T, Dupont, Dow, Union Carbide, y Exxon. Esas son las naciones del mundo de hoy.

¿De qué cree que hablan los rusos en sus consejos de estado? ¿De Carl Marx? Sacan sus gráficos de programación lineal, teorías estadísticas, soluciones de costo mínimo y evalúan las probabilidades de sus transacciones e inversiones igual que nosotros. Ya no vivimos en un mundo de naciones e ideología señor Beale. El mundo es un conjunto de corporaciones determinadas rígidamente por los estatutos inmutables de los negocios. El mundo es negocios, señor Beale. Lo es desde que el hombre salió del barro y nuestros hijos, señor Beale, vivirán para ver ese mundo perfecto en el que no hay guerras, ni hambre, ni opresión, ni brutalidad. Un grupo económico vasto y ecuménico para quien todos los hombres trabajarán por una ganancia común de la que todos tendrán acciones, todas las necesidades cubiertas, las ansiedades calmadas, el aburrimiento eliminado señor Beale.»

El señor corporativo, Jense, empieza a caminar hacia Beale desde el otro extremo de la mesa de juntas en el salón palaciego, cuando llega junto a él la cámara hace un encuadre del rostro del señor Beale y la mano de mister Jense extendiendo sobre ella como, un Juan Bautista en las aguas del rio Jordán.

— Y yo lo he elegido a usted para predicar este evangelio. [Afirma mister Jense.]
— ¿Y por qué yo? Pregunta Beale.
— Porque trabajas en televisión tonto. Setenta millones de personas lo ven cada noche de lunes a viernes
— He visto la cara de Dio [Sentencia Howard Beale con gesto beatifico]
— Quizá tenga razón.” (Película Network: poder que mata. 1h. 37’ 46”.)

 

Referencias

–Capote, Truman. Plegarias atendidas. Sudamericana, 1999.
–Cervantes Saavedra, Miguel de. Don Quijote de la Mancha. Real Academia Española : Asociación de Academias de la Lengua Española, 2004.
–Roach, Jay. Trumbo. Bleecker Street. Netflix, 2015
–Lumet, Sidney. Network. Metro-Goldwyn-Mayer, 1976
–Musto, David F. La enfermedad Americana: orígenes del control antinarcóticos en EU. 1 ed. aum, Tercer Mundo Editores : Centro de Estudios Internacionales : Ediciones Uniandes, 1993.
–Fincher, David. Mank. Netflix, 2020.

 

El autor

Leonardo

Leonardo Agudelo Velásquez

Historiador

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