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La partitura del conflicto

La partitura del conflicto

Carolina Torres Ávila (Bogotá)

Filóloga en lengua inglesa y estudiante de la Maestría en Escrituras creativas - Línea de Poesía

Los ejércitos – Evelio Rosero Diago.
Barcelona ; México : TusQuets Editores, 2007. ©2007.
ISBN: 9584238000
MLA: Rosero, Diago E.  Los Ejércitos. , 2007. Print.

 

San José, un pequeño paraíso idílico donde las guacamayas ríen, las mujeres se bañan con rayos de sol, y el sonido de una guitarra sabiamente interpretada ameniza el paisaje; la vida parece encantadora y sin sobresaltos, una suave tonada de verano; no podría imaginarse que a su alrededor se teje una guerra absurda entre hermanos, lo que hará que este pueblo sea el contexto para componer una sinfonía con sus distintos movimientos y músicos, pero con un solo compositor: el amanuense de la voz de un pueblo imaginario como individuo, pero existente en el colectivo de los pueblos que experimentan el conflicto armado en Colombia. Esta particular sinfonía de Evelio Rosero: «Los ejércitos» (2007) sólo la podrá interpretar el lector, músico y amigo invisible del compositor.

No es necesario haberse leído el libro de Rosero para comprender la música que puede suscitar una realidad que involucra un confluir de ideas obstinadas, de pensamientos que no pueden convivir en armonía, sino que quieren sobreponerse unos a otros llevando a la convulsión de una partitura caótica y ensordecedora, pero a la que el oído en su pasividad creadora prefirió acostumbrarse. Por lo que a través de una historia como la de «Los ejércitos» se puede vislumbrar una partitura de un conflicto que trasciende hacia cualquier nivel de confluencias personales y sociales del ser humano.

La forma sinfónica se desarrolla en cuatro movimientos que comparo con los hechos en San José: El allegro, es la descripción de la cotidianidad de sus habitantes en tono cálido y emotivo, lo que va conduciendo sutilmente, con ciertas modulaciones tonales a la exposición del peligro en el que se encuentra el pueblo; transcurriendo por un lento en el que el compositor introduce la desaparición forzada de Carmina y Saldarriaga y la vulnerabilidad del pueblo. Así, provoca un crescendo y una aceleración del tempo en una conjunción de gritos, muchos inauditos, llegando al fortísimo y tensión durante el clímax de la sinfonía en el que los habitantes de San José experimentan la desdicha de estar atrapados en un fuego cruzado entre los cuatro ejércitos: paramilitarismo, militarismo, guerrilla y narcotráfico. El último movimiento de la sinfonía, llega con notas que Rosero recogió de momentos álgidos de la composición resultando: la desolación. Aunque, al punto de tocar la nota conclusiva, de distensión: «…reiré otra vez, creerán que me burlo y dispararán, así será» (Rosero 109). Rosero pasa la batuta al lector y le da la oportunidad de tocar esa nota final de acuerdo a su interpretación, lo que derivaría en una armonía con un final colectivo y nuevo cada vez que un músico (lector) lo interprete.

Sin embargo, surge una paradoja: ¿cómo es posible que en la guerra, en medio de lamentos, haya espacio para la música, que según Quignard (2011) es baile y éste es un deseo de levantarse de modo irreprimible? La respuesta es sí, hay tal paradoja, porque hay una búsqueda de libertad «la música es la respuesta del espíritu colombiano en contra de este conflicto» (Rosero et all, 2012). Así entonces este compositor es el amanuense de la voz de un pueblo que tiene que abandonar una realidad de muerte, para encontrar otra de pobreza y miseria, pero que en el tránsito busca la libertad a través de la música y el baile: «incluso, de dos años para acá, en su casa se pone música y, quiéralo o no Dios, como que la gente se olvida de la temible suerte que es cualquier desaparición…» (Rosero 18).

Lo que favorece la musicalidad de esta partitura del conflicto, es que sitúa un paisaje sonoro; hay gritos inauditos entre las letras, mezclados de silencios chillones: «nos gritó: Oyeeee que por poco rompe los vidrios, los tímpanos, los corazones» (Rosero 44) y hay silencios externos y ruidos internos, como los pensamientos que invaden a Ismael «no hay viento, y, sin embargo, escucho que algo o alguien pisa y troncha las hojas, el chamizo… me digo, para tranquilizarme. ‘Igual’, me grito, ‘me disparan igual’» (Rosero 43-44). Esa intermitencia de gritos y silencios, permite un descanso, un ir a las Sirenas y volver a Orfeo, hay posibilidad de control.

Como Butes, Ismael decidió dirigir la sinfonía de su vida, escuchar las Sirenas e ir tras ellas. Se fue caminando tranquilamente a casa, pues los gritos que escuchaba eran eco que retornaba a sus verdugos, y con un decrescendo irónico en medio de los gritos ensordinados por la libertad de sus pensamientos, el loable acto del compositor termina la sinfonía, otorgándole al intérprete tocar esa última nota, para que pueda resonar de manera auténtica, ya no en el tímpano, sino en su corazón.

 

 

Referencias

Quignard, Pascal. Butes. Mexico D.F.: Sexto Piso, 2011.
Rosero, Evelio. Los ejércitos (1st ed.). Barcelona: Tusquets Editores, 2007. ISBN: 9584238000 / ISBN13: 9789584238009
Rosero, Evelio & America reads Spanish, (2012). Recuperado de https://www.youtube.com/watch?v=YVU39XNdEO0

Carolina Torres Ávila

Filóloga en lengua inglesa

Filóloga en lengua inglesa y estudiante de la Maestría en Escrituras creativas – Línea de Poesía

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