Inexorable nefelibataVoz y verbo

El desahogo de la bohemia

El desahogo de la bohemia

Abraham Campos (Hgo, Mexico, 1982)

Un relato que cae por el precipicio onírico, y desdibuja el sentir y la vida.

 

E Era medio día y mi cabeza daba vueltas. La inevitable resaca me invadía y me veía colmado de una sutil vasca que se conjugaba con mi chamarra que hacía de almohada. Si, medio día y el sol colmaba mi ser. Ya había ido al baño a devolver el estómago un par de veces más y no jalaba la palanca, me era grato y repulsivo a la vez, pero quería ver si podía desbordar el retrete de vomito. Sin embargo, jamás sucedió.

En el refrigerador solo se encontraba un refresco con el amasijo de cola y mezcal. Había sorbido unos tragos para ahogar la sed, pero solo ocasiono que volviera a vomitar sobre el fregadero lleno de trastes. La cabeza me quería explotar, mi estómago me torturaba y la garganta tenía ese sabor a noche.

Me había sentado un instante sobre un sillón de la sala. Un sillón que traspiraba el aroma a tabaco. Recordaba que sobre él se han esparcido diferentes elixires, además son y siguen siendo testigos de los idilios casuales. Ahí estaba yo desparramado sobre uno de ellos y sobre la pequeña mesa de centro se asomaba la portada de un libro. Era «Las Narraciones extraordinarias» de mi amado Poe. Solía volver a leerlo porque me absorbía en su melancolía alcohólica. Lo había tomado queriendo matar un poco el tiempo, pero las letras danzaban provocándome más mareos, pero todos los síntomas se engañaron un momento cuando mis ojos encontraron aquella prenda de mujer, una tanga debajo de la mesa escondida dentro de un charco de cerveza queriendo apartarse de mis ojos.

Ojalá así hubiera pasado. Era una tanga horrenda, descolorida, pero inscrita entre su tela sin que hubiera algún texto bordado, se podía leer: «placer momentáneo del orgasmo». La había tomado con cierta curiosidad morbosa, y ahí estaba estampado un fluido corporal masculino, que se había convertido en una especie de costra sobre la cual aún emanaba ese olor a recuerdos de pubertad. ¡Demonios! pensé lanzándola contra el piso. Unos instantes permanecí repugnado y poco a poco se concentró una sonrisa en mis labios resecos y llenos de absenta, vino italiano barato del Trico y un Jack Daniel´s. Reconocí la concupiscencia de esa prenda y de la mujer que la portaba. ¡Oh sí! Era inconfundible, eran de Paloma. Una fémina con estigma de ninfómana, que solía asistir a todas las fiestas que podía y siempre buscando a un semental disponible, quizás solo buscaba con quien intercambiar el lenguaje avanzado del amor.

A veces creo que buscaba su príncipe azul. Venía a mi mente llena de tabaco y un poco de hierba, su silueta de paloma que ya había empezado a deformarse por tantas cervezas que almacenaba su cuerpo, pero aún conservaba sus piernas torneadas, esa tez bronceada con olor a cigarrillo, de cabello sucio y largo, sus labios llenos de rojo, del excesivo rojo, con sombras azules conjugando sus parpados y sus ojos pequeños que en momentos se veían en un letargo, como si el brillo de la vida se hubiera extinguido.

Era extraño como se presentan los recuerdos y más enigmático porque lo primero que se trazó en mi mente fueron sus pantalones con el corte exacto para qué exhibiera continuamente esa tanga. Sí, esa tanga era su emblema, y nuevamente me reí por dentro imaginándome quien había caído en la seducción de lo que cubría la prenda en cuestión. Era conocida su reputación, esa nube de murmuración vociferando abortos y enfermedades que se le atribuían, llena de historias irreales y pornográficas. Era la cazadora de hombres con quien nadie quería caer una noche.

El sillón guarecía aun mi cuerpo lacerado de bohemia, seguía alentado la cura a la resaca y ahí, como si de un tesoro se tratara encontré sin creer en los milagros una de las bolsas de sabritones cerca del fregadero. Me levanté movido por el deseo de hallar un poco de migajas, pero por suerte aún quedaban bastantes para tener algo en el estómago. Las comí esperando no me revolvieran más y resultaron ser medicina para la náusea, ya era soportable el dolor de cabeza.

La resaca estaba desprendiéndose de mi cuerpo y subí las escaleras, me dirigí al baño. Me lavé la cara y sobre el espejo veía mi cabello alborotado y sucio. Los sentidos regresaron paulatinamente y un sutil olor a mierda se había incrustado en las fosas nasales. Mis pupilas habían recorrido con inquietud el baño y solo estaba mi vomito en el retrete que por un poco de higiene y un alivio a mi olfato ya había jalado la palanca. Fue cuando contemplé un mechón de pelo que se había reflejado en el espejo del botiquín que me percataba que era una plasta de mierda en mi cabello. Una gran y apestosa mierda enmarañada sobre mis pelos que además los había aprisionado. Había apretado los puños y me había dispuesto a buscar al pequeño gato que se había zurrado en el piso donde quedé tendido de ebrio, pero mejor me fui hacia uno de los cuartos buscando unas tijeras y así pude cortar ese mechón sucio.

Fue cuando entre a una de las recamara que la había visto, un cuerpo de mujer semidesnuda yacía sobre la cama, y entonces al ver esas piernas asomadas de entre las sabanas, una cierta pero nefasta suposición, me arrojaba las inquietudes más grandes de mi mente. Puse las manos sobre mi boca, pero no de asombro si no de una amarga repugnancia. ¿Me había pasado a mí? De cierta forma empírica lo supe, mi estómago y mis ojos se habían llenado de sobriedad y vieron lo que mi mente inconsciente me quería ocultar, las señas en mi cuerpo y ropa. ¡Oh no, joder! Estaba abierta mi bragueta y –lo infectó– me instó a mirar sobre mi zipper. No llevaba mi ropa interior y mi mirada buscando pero no queriendo encontrarse, disparó sin un blanco fijo hasta que mis ojos se quedaron unos instantes perplejos sobre un costado de los pies de Paloma.

Mi bóxer. Maldición pensé, eso no podría ser la escena que me había imaginado, necesité más detalles y bajé mis pantalones y lo obvio se hizo la más cruel evidencia. Suposiciones y escenas venían dibujándose como un sueño en mi mente. Un cierto miedo se había fraguado en mi interior y las escenas que revisaba en mi cabeza irreflexiva, eran fantasmas que descomponían mi espíritu.

Cuando ella despertó se dirigió sorpresivamente al baño. Estaba desnuda frente a mí y me sonreía. Un cuerpo desnudo que evite mirar, y ella se había aproximado hacia mí y me apretujo con ese abyecto cuerpo de piel andrajosa y un olor que no deseaba recordar. Me lamió las orejas. Fui en ese instante un pedazo de carne que no se movía. Era su pedazo de carne y con una mano apretó mi trasero hasta que el hedor de su cuerpo me libero del embrujo. La aleje cordialmente. Ella me miró fijamente como retándome y en eso colocó su dedo índice en su boca descolorida, rodeándolo con su lengua y después de ensalivarlo, lo bajo hasta su zona pélvica e hizo muecas como si estuviera en un éxtasis fingido y se metió a la regadera.

Salí del baño y fui a la recamara, no había señas de preservativos. Miré en el pequeño cajón y ahí estaban un par de ellos nuevos, ahí estaban y no faltaba ninguno, el horror me recorrió la espalda vibrando con frialdad. Mi corazón sintió que se había condenado. Me tiré sobre la cama y miré el techo pretendiendo entender, pero era más bien que en esa posición trataba de resolver el rompecabezas de mi cerebro. El cansancio ya me había cerrado los ojos, pero no había pasado mucho tiempo hasta que Paloma con su cuerpo duchado lo situó encima del mío y me susurraba al oído dejando caer su cabello húmedo sobre mi cara.

Había quitado su peso del mío arrojando su ropa, diciéndole que se retirara. Fue entonces que la palma de su mano se había estrellado sobre mi rostro mientras me escupía. Así, ella partió y no volví a saber de su presencia, pero dentro de mi dejo un aguijón de pesadillas. Cierta calma se estableció al recorrer de los meses sin noticias de Paloma, la bohemia recorría la casa hasta qué cierta mañana un mensaje desconocido llego al teléfono móvil y la tranquilidad que estaba albergando se quebró al ver que lo firmaba ella, esos caracteres habían quebrado la libertad que presumía, unas palabras cortas despedazaban sueños que aún no formulaba: «Estoy embarazada, no voy abortar. Paloma». Solo eso fue suficiente para sentir mi mundo destruido.

Hoy la noche se mira eterna y mi dilema se ahoga en mezcal. Me propongo decirle adiós a la vida aquella que parece inaccesible. La hierba me aguarda y dentro del cajón tengo las tijeras, y mis muñecas están listas para brindar, si así lo dicta esta noche, con sangre y dejar esta duda acida en la bañera.

 

El autor

Abraham Campos

Abraham Campos

Licenciado en Sistemas Computacionales

Abraham Campos

Licenciado en Sistemas Computacionales

Saber más del autor

Déjanos tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Información básica sobre protección de datos: El responsable del proceso es Revista Sinestesia. Tus datos serán tratados para gestionar y moderar tus comentarios. La legitimación del tratamiento es por consentimiento del interesado. Tus datos serán tratados por Automattic Inc., EEUU para filtrar el spam. Tienes derecho a acceder, rectificar y cancelar los datos, así como otros derechos, como se explica en la política de privacidad.

Mastodon
Sinestesia 17 Sinestesia 16 Sinestesia 15 Sinestesia 14 Sinestesia 13
Revista Sinestesia
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.

Información básica sobre protección de datos

Responsable: Revista Sinestesia +info...

Finalidad: Gestionar y moderar tus comentarios. +info...

Legitimación: Consentimiento del interesado. +info...

Destinatarios: Automattic Inc., EEUU para filtrar el spam. +info...

Derechos: Acceder, rectificar y cancelar los datos, así como otros derechos. +info...

Información adicional: Puedes consultar la información adicional y detallada sobre protección de datos en nuestra página de política de privacidad.