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Escafandra. Crónicas del desasosiegoCatas y degustaciones

La(s) rotura(s) del héroe Escafandras, configuraciones y des-configuraciones en la (techné) narrativa

La(s) rotura(s) del héroe.
Escafandras, configuraciones
y des-configuraciones
en la (techné) narrativa

Carlos Arango, Natalia Muñoz

Este trabajo surge de la investigación “La figura del héroe en el cine colombiano: confusiones, valores y narraciones”, desarrollado por el grupo de investigación Communis, Universidad Católica de Oriente, Antioquia, Colombia.

 

Dispositivos
Una característica de lo humano, central en su desarrollo, es la invención y puesta en escena de interfaces con las cuales gestionar su relación con el mundo. Interfaces son las palabras, los escudos, la música y las narrativas. Interfaces por cuanto brindan estructuras, físicas o simbólicas, desde las cuales asir las relaciones entre el interior y el exterior (de los cuerpos, de los grupos).

De tal forma que, si la narrativa ha sido una techné, es decir, una configuración técnica (en el lenguaje) para construir mundos, sus módulos han de entenderse como diseños ecológicos, esto es, como disposiciones simbólicas para mediar la relación con el mundo.

Uno de esos módulos es la figura del héroe. Aunque en términos contemporáneos es más conveniente la expresión protagonista, el héroe sirvió durante siglos para estructurar en derredor suyo los relatos. Relatos con los cuales los agrupamientos humanos pudieron almacenar, vía oral, su memoria, entregarse indicaciones de vida y brindar soluciones posibles a los problemas de lo social y lo individual.

Retomemos eso último. Al modo de afrontar las adversidades para darles vuelta, podríamos llamarlo el relato épico. Así, los héroes épicos, en sus formantes guerrero, deportista o empresario, fueron la corporalidad puesta en medio de los problemas para contar historias en las que un personaje vence al mundo. Egóico, este arquetipo, el del héroe (masculino, solar, erguido) ha servido durante toda la historia que conocemos de Occidente para fundar ciudades, obtener insignias deportivas y gestar multinacionales (Gil Calvo).

Encontramos pues la vertiente activa del heroísmo, es decir, siguiendo la metáfora propuesta, el módulo macho del dispositivo narrativo. Pero también habría un módulo pasivo: se trata del héroe trágico. Si en el relato épico un héroe vencía un mundo, en el trágico un mundo vence a un héroe. Saliendo como perdedor de la batalla de la lectura de los signos, este personaje deberá asimilar los cambios e imposiciones que su relación con el mundo ahora le deparan.

¿Por qué decimos que lo narrativo es un dispositivo? Porque mediante esas construcciones metafóricas, organizamos los relatos de casi toda la historia que nos ha traído hasta acá. En ese sentido, como dispositivo, la narrativa ha sabido moldearse a los diferentes soportes que la invención técnica ha diseñado: de la oralidad al teatro, del teatro a la página impresa de la novela; de allí al cine, la radio y la televisión.

Por tanto, buena parte de lo que sabemos sobre los héroes está impreso en el sustrato celuloide o en las fibras del papel, o ha quedado en la memoria de sociedades mediante palabras que dejan huellas psíquicas, tal como en la radio o la tradición oral propiamente.

Cuando se miran ambos arquetipos, el del héroe épico y el trágico, encontramos una suerte de mecanismo dialéctico en la relación ser humano/mundo. En el primero, el escudo de Heracles bien pudiera servir como identificador de la escafandra, entendida como un dispositivo que protege de la violencia del mundo exterior. En el segundo, sondeamos la rotura de esa escafandra: el mundo interior ha sido invadido por imposiciones externas: ha ganado lo otro, en desmedro del yo.

La figura heroica como dispositivo social
Pero, más allá de la metáfora de la narrativa como dispositivo y la figura heroica como uno de sus módulos clave (en su versión pasiva y activa) en torno al cual se estructuran los relatos, hay claves para idear los héroes como dispositivos, ellos mismos, de lo social. El trasegar por la vida implica momentos de vencer al mundo tanto como momentos de encontrarse vencidos por él.

De ahí que un rasgo crucial de la figura heroica es la ejemplaridad. Antes de los dispositivos de la escritura (en papel, en pantalla), los héroes viajaban en los relatos de la tradición oral. Y era por esa vía que discusiones profundas como qué es ser un buen ciudadano o cuáles son las virtudes que distinguen a nuestro grupo, se contaban historias para ejemplarizar, mediante las hazañas, estas interrogaciones. Dicho de otro modo, antes de vernos obligados (por la escritura) a definir qué es la virtud o por qué es importante lo político, nos contamos historias para ello.

Sin embargo, caben muchas lecturas en esas dos vertientes heroicas: el personaje que vence al mundo mediante las virtudes es alguien radicalmente diferente a quien, por no seguirlas, se ve derrotado por este (Bóu y Pérez). Y si, como dijimos arriba, esta es la condición humana misma (a veces ganar, a veces perder), la figura tendría unas repercusiones especiales cada vez que se registrase un cambio, bien fuera en los esquemas sociales donde se contaban sus historias, bien fuera en los dispositivos que mediaban esas historias… si es que alguna diferencia entre la forma y el fondo cabe aún.

Así que todos esos modos de contarnos historias tendrían un esquema básico: un autor idea una historia para un posible oyente/lector (Eco). En las sociedades orales, se sabe, esa figura de autor es difusa, porque los relatos van mutando conforme pasan de una boca a otra, de un pueblo a otro; mutan conforme trascienden las fronteras de un mundo físico aún inimaginable en su vastedad.

Entonces tendríamos que preguntarnos qué ocurre en escenarios donde las figuras de lector/oyente y autor/director ya no sean tan claras: ¿se rompe la escafandra?

Sostenemos la idea de que sí: el tránsito hacia mediaciones electrónicas tiende a difuminar la condición de subjetividad, que era el ámbito donde antes tenía sentido esa ejemplaridad (Roncallo-Dow y Otero Herrera). En efecto, aunque en los medios electrónicos aún se conserva algo así como una identidad, la referencia entre ese significante que es el @ y el nickname y su relación con un sujeto, llamémosle así, real, se pierde (Baricco). En tanto autor, el sujeto creador se difumina vía complejización del sistema de aparatos (Benjamin) que lo produce, al tiempo que el lector también borra sus fronteras, puede que de un lado haya firmas (marcas) y del otro perfiles, puede que en medio de ambos existan interacciones y métricas para dar cuenta de ellas —likes, shares, favs—.

Puede, en fin, que aún entendamos esto en términos de sujetos individuales que crean/consumen contenido. Pero cada vez más el dispositivo gana influencia, por más que, aparentemente, se muestre neutral.

Héroe y poeta
¿Qué consecuencias, se diría, trae esa difuminación, este borraje de las figuras de autor/espectador?

A nuestra manera de ver, una segunda rotura de la escafandra. Porque los héroes funcionaron en relatos basados en sujetos colectivos: la gran hazaña del héroe era la victoria de un sistema de valores (Berrío Meneses). Valores, se entenderá, del sujeto colectivo: no se trataba de un héroe, se trataba de un pueblo, una historia que se erige superior a los deseos/búsquedas del individuo. A su vez, la línea de acción del relato tocaba la personalidad del individuo: pretendía instaurar en él una serie de axiologías que devinieran marcos comprensivos para transitar la vida.

En un plano aún más amplio, si el héroe era una figura, digamos así, de acción, su accionar estuvo narrado por los poetas. El héroe y el cronista, el héroe y el historiador conformaron una de las parejas más exitosas de la historia. De hecho, fueron la dupla que escribió buena parte de ella.

Rota la figura del autor, rota la figura del héroe, rota la importancia del sistema colectivo de valores, la escafandra que había uncido las corporalidades guerreras y poéticas entran en una nueva fase.

Es a lo que asistimos hoy: un sujeto-red que opera en enjambres, que para asir el mundo echa mano de micro-relatos (stories) que tan pronto se publican se pierden en la marea de enlaces y perfiles, virales y memes. Un sujeto colectivo desfigurado en una hipermodernidad que le arrebata una escafandra (la interioridad, el silencio) para proponerle muchas otras, también cambiantes, también efímeras. Un sujeto sinestésico, saturado e hiperinformado. Pero difuso.

 

Referencias
→Baricco, Alessandro. The Game. 1a ed., Anagrama, 2018.
→Benjamin, Walter. “La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica [primera redacción]”. Obras. Libro I. Vol. 2, editado por Juan Babja et al., Abada, 2008, pp. 7–49.
→Berrío Meneses, Carlos Mario. “Heroísmo y propaganda. La configuración de lo heroico en la comunicación del conflicto armado en Colombia”. Pensar la Publicidad, núm. 12, 2018, pp. 109–25, doi:http://dx.doi.org/10.5209/PEPU.60924.
→Bóu, Núria, y Xavier Pérez. El tiempo del héroe: épica y masculinidad en el cine de Hollywood. Paidós, 2000.
→Eco, Umberto. El superhombre de masas. Lumen, 2005.
→Gil Calvo, Enrique. Máscaras masculinas. Héroes, patriarcas y monstruos. Anagrama, 2006.
→Roncallo-Dow, Sergio, y Natalia Otero Herrera. “Superman: el espejo de la identidad recuperada y nunca encontrada”. Identidades, héroes y discursos en la modernidad tardía, editado por Sergio Roncallo-Dow et al., Dirección de Publicaciones Universidad de La Sabana, 2016, p. 369.

(Medellín, 1979)​. Comunicador, magíster en Filosofía. Líder del grupo de investigación Communis, Universidad Católica de Oriente. Correo electrónico: carango@uco.edu.co. ORCID: https://orcid.org/0000-0002-2120-3304

(Restrepo, Valle del Cauca, 1994). Comunicadora Social, Universidad Católica de Oriente. Experiencia en gestión de proyectos culturales y de comunicación en lo ambiental.

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