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Helechos. Los helechos se abrazaban a mi garganta con claridad, cuando el deseo corría de ...
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El soldado
El soldado. Por suerte, el suplicio durará poco tiempo, la cuerda de la caja de ...
Carezco de talentos, me domino por mi terquedad hacia cualquier fin sin ningún éxito. Todo es incompleto, vivo aislado hasta del absoluto más ordinario, nada termino ni nada me termina. Ensayo cada oficio, pruebo cada arte, no hay nada en lo que destaque siquiera con el auxilio de la disciplina. No hay colores ni palabras; mi discurso se corta con la idea que no nace, mis dibujos terminan con la línea que empezaron; no existe la suficiencia, no encajo en métodos e instrucciones porque no sirvo, nací por puro accidente y por puro accidente sigo vivo.







El texto transmite una profunda tristeza y desesperanza. El narrador se siente sin talento y experimenta constantes fracasos, lo que genera una sensación de insuficiencia y frustración. La repetición de frases como «nada termino ni nada me termina» y «no hay colores ni palabras» refuerza la sensación de vacío y desconexión. Además, el narrador se siente marginado, solitario y atrapado en su propia mente, experimentando alucinaciones que aumentan su soledad. Se percibe un sentimiento de rechazo y abandono por parte de los demás, lo cual intensifica su angustia emocional; el estilo revela una carga emocional abrumadora de tristeza, desesperanza, insuficiencia y soledad.
Hace mucho que no leía poesía en prosa de tan acertada armonía poética Remembranza de los Poetas Malditos tan poco apreciados hoy en día. Hay ecos de Ramos Sucre y Rimbaud pero con una voz potente, auténtica y actual.
La corona de laureles tiene un dueño. Seguro el mismo Virgilio se presentará en tu vida, en la mitad de su camino, para que la tengas.