Alba inmarcesibleVoz y verbo

Recibiendo sol de invierno

Recibiendo sol
de invierno

Por:

Luisa Fernanda Cardona Paniagua (Medellín)

Cuando la tarde se extingue el ímpetu de anhelarte persigue mi torso y hace medrar mi bosque.

Desperté en medio de mi siesta de la tarde, llovía y hacía mucho frío. Sentí que tenía molestias gripales posiblemente a consecuencia de haberme quedado dormida con la ventana abierta y haber recibido todo el sereno que causa el cambio de clima.

Decidí prepararme una crema de tomate para que se me calentara el torso y me ayudara a sentirme más cómoda, menos agripada. Para la crema, cociné cinco tomates, una cebolla redonda, tres dientes de ajo y una papa. El secreto está en licuar los alimentos cocinados con crema de leche, una cucharada de sal y una pizca de azúcar que ayude a minimizar la acidez de las semillas del tomate; esta sopa se acompaña de pan tostado o papas de paquete trituradas y levanta cualquier malestar físico e incluso emocional.

Mientras me dispuse a lavar los platos para poder volver a meterme en la cama cálidamente y con absoluta confianza en que no tendría que levantarme por mucho tiempo, vi cómo la tarde se acababa y se hacía la noche en el cielo; pensé en llamarte y contarte que no me sentía tan bien y necesitaba que alguien más leyera por mí o me cambiara el canal de televisión ya que el malestar me hacía débil y un poco perezosa. Me limité a recitar en voz alta un fragmento de aquel poema que alguna vez construimos juntos:

“Cuando la tarde se extingue
el ímpetu de anhelarte
persigue mi torso
y hace medrar mi bosque.
Tus recuerdos bailan sobre mis ramas
hacen el amor
ríen y denotan mi voluptuoso deseo.
mis carnes reciben la noche desnudas
esperando tu silueta
en el paraje de mi mente que te piensa.
El frío que cobija el ocaso
me susurra desde el viento
que rememore el sabor de tu saliva.
Me estremezco
cuando la tarde ya se extingue.”

Es cierto suponer que los bruscos cambios climáticos eclosionan en resfriados comunes y tazas de saudades.

Vuelvo a la cama y me quedo dormida de nuevo, al despertar recién ha amanecido y el sol brilla encegueciéndome. Salgo de casa usando lentes para el sol y en mi mochila guardo un paraguas por si acaso, porque los cambios de mi ánimo vienen acompañados de cambios climáticos, igual de abruptos.

La autora

Luisa Fernanda Cardona Paniagua

Luisa Fernanda Cardona

Licenciada en filosofía

Luisa Fernanda Cardona

Licenciada en filosofía

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