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Escafandra. Crónicas del desasosiegoVoz y verbo

Tres poemas de José Ángel Conde Blanco

Tres poemas de José Ángel Conde Blanco

José Ángel Conde Blanco (Madrid, España, 1976)

Santificación de la decidía, mutación y cansancio.

CYBERPUNK
Ámame antes de que contraiga cáncer
No hay tiempo.
Las células se juntan y confabulan
cada vez más parecidas a un arma mortal.
Por aquí y por allá
una corteza metálica para el planeta,
crece.
Exterminio,
destrucción,
cráneos vaciados terriblemente.
Se acercan
y me tengo que mover entre esta sangre,
carroña y huesos llenos de hongos,
gérmenes y corrupción,
insectos naves minúsculas,
todo en todas partes,
acechando.
¿No lo entiendes?
Por eso necesito la purga,
la pureza de los mensajes del líquido,
la información codificada en gritos,
surrealismo profético,
mandando datos a cada Centro Neurona,
buscando crear una red de electricidad,
carne, vísceras y, sobre todo, sangre,
un mapa directo hacia el revés real,
en los confines de la galaxia percepción.
Pero necesito armas,
debo ser un guerrero desnudo y ejecutor,
implacable y frío,
ser de carne metálica,
acoplando a mi cuerpo fusiles humanos,
personas escudos que cortan y despedazan al enemigo.
El arma biológica, el guerrero cárnico, el samurai siamés
es tu carne y tu pensamiento
siendo mi artillería y mi espada
fusionadas a mi terminal drogodependiente,
una masa de carne mortífera
cargada con carne y violencia
para crear una nueva ofensiva
en esta interminable guerra de dimensiones.

 

ESCOMBROS BARBITÚRICOS
Los escombros barbitúricos
son como los restos de un edén emocional
o como datos de una civilización aúrea, bella,
extraterrena por supuesto.
Este es el mundo que hay,
el “mundo moderno”,
y, aunque tales ruinas,
permiten crear naves-vainas de sensaciones
que la mente pilota hacia el espacio,
la cúpula que preserva la ciudad digital
las hace rebotar al punto sincrónico de partida.
Entonces, tienes que cobrar tu tarifa vital,
y se te condena a la silla de los tubos,
que tatúa cada día tus venas con instrucciones claras
de no romper el orden de la ciudad.
Ahora comienza un rondar autocomplaciente,
esquivando una estampida de hormigas dentro del cerebro
que tan sólo pican,
que no consiguen tambalear…
de momento.
Confía, confía en ello;
ya cicatrizan cada día las brechas
de donde antes salían tus alas.
Como error que eres
imbúyete como los demás
en tu pereza lacónica.
No pienses que esas partículas de polen
que surcan las calles y los edificios de la ciudad
sean las neuronas perdidas de todos sus habitantes.
¿Tú qué sabes?

 

NMC
El espacio es lo que es.
Tu vello se convierte
en ejércitos de cucarachas acorazadas
en constante movimiento.
Tu mente cabe en un botón….
o en una píldora.
Las partículas de todas las mentes
forman la infinita nada que me rodea.
Me tiré en marcha de NMC
(“Nave Mundo Ciudad”)
de una cosa organizada y caníbal
que llamaban Planeta Tierra,
destruida una y otra vez
hasta que no quedó más
que este asfixiante grano de arena metálico
surcando la galaxia por los siglos de los siglos.
Allí
todo sabía como un refrito
de sensaciones impuestas,
una piscina metálica
que amenazaba con ser segura y única
aunque, de vez en cuando,
respirabas sensaciones que no encajaban,
trenes perceptivos
que cortaban el paisaje “real”
a toda velocidad.
Ver una estrella fugaz
en el vacío espacial
es indescriptible,
Nada que ver
con el “planeta madre”.
Pero yo sabía que mi “madre”
estaba en otra parte.
De tanto amar la nave
acabé odiándola,
así que preparé las maletas
para otra dimensión.
Besé al demiurgo,
que es muy dulce
y no tiene sexo.
Las estrellas son granos
o los poros de tu piel.

Narrador, articulista y poeta. Ha colaborado en antologías (“Gritos sucios” (Vernacci), Horror bizarro (Cthuluh)), revistas literarias (Groenlandia, Nictofilia, MiNatura), también con artículos y críticas (Caosfera, Serial Killer Magazine). Es autor de los poemarios digitales Feto oscuro (Groenlandia) y Fiebres galantes (Shiboleth), así como de la novelas Hela (Triskel Ediciones) y Pleamar (El Barco Ebrio). También escribe el blog literario Negromancia.

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