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Violencia, sociedad y política

Violencia, sociedad y política

Darwin Patricio García Ayala (Ecuador, 1977)

Docente de la carrera de Género y Desarrollo en la Universidad de Cuenca, tarósofo, escritor de textos de estilo libre y académico.

 

Definir a la violencia resulta complicado, muchas veces consiste en enfrentarse a uno mismo, mirarse y sentir esa distancia entre la imagen y el ser, y cómo vibra para hacer calar verdades no dichas y camufladas. Precisar resulta muy amplio, diverso, multiforme, irreverente, tal cual la piedra en la huelga, que rompe el aire haciendo ese estruendo, y de repente, dependiendo del lado de la piedra en el que te encuentras, miras tus manos y sientes el agravio, muchas variantes limitan poder puntualizar al respecto. Debemos considerar el contexto en el que la violencia se desarrolla, explicar sus causas, consecuencias, tratar de encasillarla para fijar una valoración y comprender qué es y cómo se concibe.

Para efectos de comprensión y generar un concepto más amplio, se debe reflexionar sobre la estructura en la cual la sociedad se regenta, esta, permeada por varios aspectos como: el poder, el dominio, la religión, la cultura, la moral, entre otros; incitan y promueven una sociedad competitiva y poco colaborativa, y es en cierto punto misteriosa, puesto que influye en el inconsciente de las personas al momento de producirse un conflicto, fluye esa guerra encarnizada, interna y personal, entre el león que representa al ego de la humanidad, y el huemul que encarna la razón, donde el vencedor, determinará el constructo social.

Por otro lado, esta estructura dominante condiciona la manera de ver al «otro», sin observarse en el espejo, como se indicó al inicio, es decir; bajo la lupa de un superior, no de un par; refiere esto lo que en algunas culturas legitima el crimen, se naturaliza lo violento, en palabras de Nieves Sanz: donde el honor de la familia se construye y consolida a través de la virginidad de las mujeres, y en el caso de que ella «pierda» su castidad, es abandonada o lapidada por su propia familia.

Dentro de estas reflexiones, en sus estudios, Agustín Martínez refiere que violencia es «el uso de la fuerza física para causar daño a alguien» (Martínez 11), implica, desde la visión del autor, la concepción de “violencia”, en la que un sistema la impone en la sociedad, dicho de otro modo, violencia es cuando miramos moretones, heridas y sangre. Esta aseveración, como error de buena fe entendida o concepción restringida, distorsiona las diferentes maneras en que la violencia se expresa, dejando de lado aquellas de mayor sutileza, que son más comunes, más hirientes y letales.

Se establecen dos actores, nuevamente desde la perspectiva naturalizada de lo que es violencia, la dinámica sujeto activo – sujeto pasivo, quien ejerce violencia y quien la recibe, respectivamente, sistema dual que identifica al malo y al bueno, que delata desde los actos y como se convierte en pesadilla, el increpante, el increpado, ambos de siniestra forma rebasan los límites de conciencia, de razón, de cordura, cual espada que degüella el grito y lo embalsama con desidia.

Esta postura, la que alude al sujeto activo – sujeto pasivo, se puede contrastar con las dinámicas y problemáticas sociales actuales e históricas, una de ellas, y no abordadas, desconocidas y hasta cierto punto tabú, es la violencia de género. Desde la perspectiva del sujeto activo, aparece la internalización, nuevamente del sistema y del «deber ser», de lo que involucra «ser hombre», violentando al sujeto, el cual debe seguir y desempeñar un papel ligado a un rol y a un estereotipo establecido por construcción, que lo convierte automáticamente en una persona superior, en un ser con poder, a imagen y semejanza de quién sabe qué.

Es necesario expresar que la violencia de género es proporcional a todo el abanico de identidades sexuales, que independientemente de su decisión y orientación, no son invisibles a los actos violentos de cualquier estirpe, es necesario colocar ante el ojo crítico, que el rol de «hombre» y sus alcances es asumido por quien ejerce el poder, de manera aislada del género. Afecta mayormente a las mujeres y grupos vulnerables, es verdad, pero esto tiene una explicación lógica, representan el mayor número de denuncias presentadas ante la ley, están determinadas por las estadísticas y la presencia «masculina» es casi nula, ya que en esta sociedad, un hombre agredido y que denuncia; el entorno se encarga de encasillarlo dentro de cuadros de debilidad y cuestionada «hombría» (Quintana 36).

Lo descrito en el párrafo anterior se explica en actitudes, conductas y pensamientos impuestos que se desempeñan para encajar en ese contexto y acrecentar la desigualdad, es la simbolización y naturalización cultural que producen y reproducen ejes de violencia, como la discriminación, exclusión, desigualdad, y dominación; representaciones estéticamente sociales de ejercer violencia, que va más allá del uso de la fuerza física, se acuña entonces, desde este abordaje, el término violencia simbólica, que «es una construcción social arbitraria basada en lo biológico, a partir de la cual se legitima una relación de dominación» (Araiza y González 137)

Estos aspectos de la violencia conllevan a plantearnos si las personas somos agresivas por naturaleza, si en lo más profundo de nuestra estructura biológica, social y moral, estamos programados para ser violentos, si esto es arbitrario o una norma de comportamiento necesaria, en donde quienes actúan diferente son relegados a la sombra de la crítica y a ser etiquetados en términos peyorativos, por ello, precisamos tener una alternativa a la estructura de organización social, donde sea el estado, como diestro auriga, quien dirija este carro hacia el objetivo de mitigar la violencia a través de soluciones efectivas. Lastimosamente, es ese estado, quien encarna al doctor Jekyll y el señor Hyde, siendo la tesis y la antítesis, la cura y el veneno a la vez, de toda esta polimorfa realidad.

Una muestra de los descrito lo asevera Luis Aróstegui en una de sus máximas al enfatizar que «la violencia civil representa la violencia en la sociedad como un componente de las relaciones sociales, pero excluye toda situación cualitativamente definida que suponga que nos hallarnos ante violencia planificada de forma estratégica» (Aróstegui 23), es decir las guerras y demás enfrentamientos de estado, donde se debe incluir la pobreza, que es generada por la atribución de beneficios e intereses propios por parte del gobierno, donde se incrementa el individualismo.

En la misma línea, el movimiento de masas ejerce violencia, cuando las necesidades y derechos de las personas no están siendo atendidas y respetadas conforme al deber ser del estado y sus representantes, el pueblo se ofende, se levanta como olas del mar contra el muelle y forma movimientos sociales para generar cambios en contra de un sistema que no asegura su bienestar. Ante esto, ¿se justifica la violencia?

Mucho queda aún por dilucidar sobre las concepciones de lo que es violencia, y en qué entornos y situaciones es aceptable o no, cuándo es bien vista y cuándo se constituye en una afrenta, qué trago amargo deja huella esta construcción social, qué mensaje se vierte desde la retina de nuestra consciencia para reflexionar al respecto, y tratar, desde el más mínimo esfuerzo, cambiar esta realidad impuesta.

 

 

Referencias

Araiza, Alejandra y Delia González. Género y violencia simbólica. Análisis crítico del discurso de canciones de banda. Ánfora Vol. 23 – ISSN: 0121-6538 (2016): 133-155. Digital.
Aróstegui, Julio. Violencia, sociedad y política: la definición de la violencia. Violencia y Política en España (1994): 17-55. Digital.
INEC – Instituto Nacional de Estadística y Censo. Encuesta Nacional Sobre Relaciones Familiares y Violencia de Género contra las Mujeres – EVIGMU 2019. Quito: Ecuador en Cifras, 2019. Digital.
Martínez, Agustín. La Violencia: conceptualización y elementos para su estudio. Política y Cultura ISSN 0188-7742 (2016): 7-31. Digital.
Quintana, Yina. La violencia de género contra las mujeres en Ecuador: Análisis de los resultados de la Encuesta Nacional sobre Relaciones Familiares y Violencia de Género contra las Mujeres. Quito: El Telégrafo, 2014. Digital.
Sanz, Nieves. Diversidad Cultural y Política Criminal: Estrategias para la lucha contra la mutilación genital femenina en Europa (especial referencia al caso español). Revista Electrónica de Ciencia Penal y Criminología ISSN 1695-0194 (2014): 1-49. Digital.

Darwin Patricio García Ayala

Docente universitario

Actualmente docente de la carrera de Género y Desarrollo en la Universidad de Cuenca, tarósofo, escritor de textos de estilo libre y académico, con publicaciones dentro y fuera del Ecuador, editor del fanzine «Correo de Brujas», twittero guerrillero, amante del ruido, inconforme por naturaleza, libre y de buenas costumbres.

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