fbpx
Murmuración espasmódicaVoz y verbo

El pez del diálogo Knez

El pez del diálogo Knez

Juan Nicolás Knez (Argentina 1984)

Corredor Público de profesión. Libre pensador e investigador independiente en aspectos sociales, medioambientales, artísticos.

«Escuchen la voz de nuestro barrio, porque en el mundo resonará»

 

Todo comenzó cuando di la última pincelada sobre la fachada de Avenida Tejedor 2276, en la ciudad de Mar del Plata, Argentina. Allí dejé pintado un pez violeta emergiendo de las aguas e iluminado por el sol…

Y de repente sucedió algo sorprendente. Escuché una voz clara que dialogaba con mi consciencia llamándome así:

—Nicolás, no tengas miedo, a ti he venido para que juntos hagamos justicia, hermandad y paz. Solo te pido que dialogues conmigo desde tu corazón.

Asombrado, reaccioné con intensa emoción. Pareciera que ambos dimos comprensión silenciosa y su voz clara continuó diciendo:

—Te presentaré a una madre que bien conoces desde que estás en el mundo, como también ella te conoce a ti. Su nombre es Naturaleza.

Enseguida, un tono dulce y melodioso con voz de mujer dijo:

—A ti te elijo para darte, uno a uno, los cuatro elementales. Tierra, Agua, Fuego y Aire. Será en ese orden. Comenzaré. Tierra. Seguirán los demás sólo si obrases con un accionar afín a la vida.

Luego de un momento noté la ausencia de las voces. Ya no estaban, mientras que yo estaba paralizado en el lugar.

Los días que siguieron tuvieron todo de lo cotidiano hasta que otra vez algo inesperado ocurrió. Caminaba por las calles de mi barrio y vi cómo los árboles desprendían sus semillas cuando junto a ellos pasaba. Eran muchas, e iban cayendo al ritmo del caminar. Sentí la certeza de tener esto que ver con las extraordinarias voces días atrás.

Entonces la voz clara volvió:

—Aquí tienes, como así lo sientes, la coherencia de quien te eh  Pues ha comenzado a darte.

Esta vez, tuve la espontaneidad de preguntar si me estaba volviendo loco.

Y contestó:

—Llamas locura a lo que te está sucediendo, pero tienes que entender que de tu mano va la poesía del devenir.

No supe si su respuesta era un “sí” o un “no”, pero sí concebía la belleza de lo acontecido con los árboles y sus semillas. Creo que a eso él llamaba poesía del devenir. Ahora que confirmaba la posibilidad de un diálogo con esa voz clara presente en mi consciencia, me sinceré expresando:

—Hace días conservo tus palabras de “Justicia, Hermandad y Paz”. Porque el cotidiano, es decir, la realidad compartida por la humanidad, tiene necesidad de ellas y pensé sobre su importancia aún reconociendo si todo esto es una locura o en verdad posee un sentido. Te confieso que daré mi voluntad para juntos hacerlo, pero no sé cómo.

Y respondió:

—Nicolás, tú me agradas. Vivirás en plenitud y vivificarás cada palabra cuando en obras las conviertas. Tendrás mi compañía en este camino. Ten fe.

En el preciso momento en que me incliné para juntar las semillas, una sensación de éxtasis de amor vino, llenándome de fuerza y claridad. Surqué la intención de apuntar en un mapa del barrio cada árbol que de su simiente genere otro nuevo árbol y para ello organicé cada semilla. Sentía como todo lo necesario se me era dado, siendo el esfuerzo sólo una consecuencia de la paciencia. En un pequeño espacio de mi casa, luego de casi dos años, nacieron más de setecientos arbolitos.

Mientras los contemplaba volvió la voz clara y dijo:

—En sembrador te has convertido, y ya es tiempo que con bondad compartas a tus vecinos y hermanos con quienes convives. Entregarás, por las calles de tu barrio, hasta el último árbol que poseas.

Y así obré. Obedeciendo a esa voz clara que me inspiraba valentía y propósito. La experiencia del elemental Tierra me trajo nuevas reflexiones en las cuales estaba concentrado, cuando la dulce y melodiosa voz de Naturaleza volvió diciendo:

—Venerando la vida, has cumplido con dignidad en tu accionar. Por ello, vengo nuevamente a ti con otro elemental. Agua.

Después de lo que oí, una oleada de sentimientos se mezcló con las reflexiones en que venía. E hizo que recuerde con tristeza profunda, toda aquella cantidad de basura que vi desparramada en calles y veredas, de la cual, había podido servirme en mínima parte reutilizándola como macetas para los arbolitos. Avergonzado, ante tanta contaminación por conductas humanas de insensatez consumista, lloré por la madre Naturaleza.

Y sonó otra vez la voz clara:

—Por las mismas calles y veredas, y ante aquellos que acumulando se desviven, manifestarás el sentir de humillación. Serás rey, llevando sobre tu espalda una capa de basura.

Y así obré. Asumiendo un reinado absurdo. Estando con optimismo dedicado a mis reflexiones, retornó la voz de Naturaleza y dijo:

—Tu impecable perdón demuestra honradez en el accionar. Eres merecedor del elemental Fuego.

Instantáneamente, un inmenso ardor pasional me transformó. Sentí volver a ser un niño. Lleno de sueños heroicos con finales de victoria donde todos participan. Porque el simple no necesita ser idolatrado en pedestales de vulgaridad, sino pisar con humildad sobre el mismo suelo.

Así deseé jugar.

Y la voz clara sonó:

—Pondrás en juego tu inocencia, haciendo partícipes a aquellos con quienes convives. Vestirás como jugador de fútbol y con alegría animarás.

Y así obré. Jugándome la vida para ganar la integración. Responsablemente y con un sentir de devoción, continué en mis reflexiones sobre cómo el elemental Fuego generó una disposición de ánimo y vitalidad en las personas, cuando la leal voz de Naturaleza se presentó diciendo:

  —Dada la gracia en tu accionar, has logrado madurez, por ello, con inmensa gratitud, te entrego el último de los elementales. Aire.

Como un pacífico pájaro en lo alto del cielo, ascendí con el pensar. Y desde allí, contemplé con amor infinito el milagro de la vida. Cuando así volaba, celebré la bendición de haber conocido a esa voz clara que me llevó a esta gran aventura de aprendizaje, y la felicidad de mi alma resplandeció tanto como el sol.

Fue entonces que sonó una vez más la voz clara:

—Nicolás, tienes que saber que soy una parte de ti mismo. He logrado emerger para que cumplas con tu destino en el  Despierto tú, puedes despertar a los demás. Ahora posees la maestría y la libertad para elegir la manera de obrar con el último elemental.

De rodillas, di gracias a Dios, y una vez en pie, sentí ser un caballero envuelto en luz. Había llegado el momento de reunir toda mi capacidad creativa para hacer llegar al mundo un verdadero despertar de consciencias. Maravillosamente vislumbré la idea con el recuerdo sagrado: «PRIMERO FUE EL VERBO». Concluí en alcanzar una comprensión popular comunicando esta historia. Siendo el verbo utilizado como el último de los elementales, pero el primero en fundamentar y armonizar los actos de desconcierto obrados en las calles.

Y así obré. Creando un desconcierto armónico para dar los frutos.

 

FIN

A mis 33 años, es éste un homenaje a Jesús de Nazaret.

 

 


 

Juan Nicolas Knez

Corredor público

Nacido en Argentina, Quilmes en septiembre de 1984. Corredor Público de profesión. Libre pensador e investigador independiente en aspectos sociales, medioambientales, artísticos. Residente hace 33 años de la ciudad costera de Mar del Plata.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: