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Cuando Joaquín se miró al espejo le costó reconocerse. Era un hombre de mediana edad, de ojos azules y cabellera color ceniza. Su rostro estaba marcado por profundas arrugas, de calva incipiente. El uso de lentes y su barba entrecana, le daban el aspecto de un hombre viejo; no obstante, se encontraba en buena condición física, pese a que había redoblado el consumo de cigarrillos.







Excelente cuento, te atrapa desde el principio, es un relato contundente y activo.