Más en:Crónicas del colapso
Crónicas del colapso
Decimoctava edición
Decimoctava edición. Crónicas del colapso. Literatura en tiempos de guerra y fin del mundo
Crónicas del colapso
Ecos de Polvo y Silencio
Hoy recorro las calles y lo que quedó de nuestra habitación. No distingo una de ...
Crónicas del colapso
Espectrales rostros
Espectrales rostros. Tres poemas de Pablo Esteban Fuentealba Peñailillo
¡Labradores de cielos artificiales!,
no hacen ...
Fue durante mi último viaje a los desiertos del Saladero cuando recibí una comunicación de la profesora M56 Gurna, una prestigiosa arqueóloga, miembro de la Academia de Ciencias y Artes de Daqaar.
La profesora M56 Gurna me hospedó en su casa de Daqaar. En ese momento se encontraba realizando una serie de conferencias sobre las máscaras dogón en el Museo de Arte Antiguo de Daqaar. Mientras la profesora Gurna daba sus conferencias, yo salí a caminar por las calles de la ciudad. Era vibrante, desordenada, decadente y hermosa. La arquitectura palaciega contrastaba con la suciedad de las calles, con los vendedores ambulantes y con los miles de humanos y biotecnologías que se transportaban caóticamente en bicicletas, caminando o corriendo.
«Se sabe que los tiempos que siguieron a la Gran Sequía fueron convulsos. La población diezmada encontró refugio en algunos oasis, en los que pequeños grupos humanos pudieron volver a reproducirse. El resurgimiento de culturas complejas se hizo mediante la reconstrucción de esbozos y espejismos del pasado. Se trataba, pues, de una lucha identitaria por recuperar una memoria perdida», decía la profesora M56 Gurna frente a un grupo de alumnos y profesores de la Universidad de Urupina, que la veían entre asombrados y escépticos. «El trabajo titulado Ruinología barrancoide: un estudio de los documentos de Urupina, que recientemente publiqué junto con mi colega **/* Kuniamo, en la Revista de Arqueología Barrancoide de la Universidad de Urupina, así lo demuestra», continuaba la profesora. Y así expuso la profesora Gurna las conclusiones de los análisis arqueológicos y filológicos que llevamos a cabo, ella y yo, de los documentos de Urupina, mientras los asistentes se salían de la sala de conferencias, y algunos, incluso, la abucheaban.






