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Murmuración espasmódicaCatas y degustaciones

Notas de parálisis – Notas paralizantes

Notas de parálisis
Notas paralizantes

Luisa Fernanda Cardona Paniagua (Medellín)

Estudiante de Licenciatura en Filosofía.Amante de la poesía, la música y el mar. Me gustan los atardeceres rojos. Me gusta el rojo por los atardeceres.

 

Entraste como un suspiro y me invadiste hasta las entrañas; en esa línea  me encuentro ahora, sin poder avanzar. Padeciendo parálisis de obnubilación.

10 de marzo del 2020: Estuve dos horas mirando por la ventana de mi cuarto, agobiándome al imaginar que al igual que yo, veías las nubes cubrir el sol que se extinguía, naranja.

Fui por leche y unas galletitas.

Al regresar a mi ventana, en frente estaba alguien más, observando la nada mientras sobre sus mejillas corrían lágrimas. Me sentí tensa y fumé un cigarrito, bebí leche, las galletas podían esperar.

No dejé de pensar ni un segundo en esa mujer, que jamás había visto y que estaba a una calle de distancia. ¿Qué sentiría? ¿por qué su llanto desmesurado? ¿será soledad, tristeza, hambre? ¿le alegrará estar en su ventana y es de euforia sus lágrimas?

11 de marzo del 2020: Fui al mercado en la mañana, necesitaba verduras y ver otras paredes, más coloridas.

Las calles estaban desérticas, no había habitantes de calle. Me preocupé.

Al llegar a casa cociné pastas, hice más de las necesarias (olvidaba que me encontraba a solas); cociné para nosotros. ¿Ya cenaste?

12 de marzo del 2020: Hoy dormí hasta tarde, no quise leer ni ver televisión. Te escribí algo:

«Caminé por calles vacías buscándote en las ventanas y los balcones.
Las hojas caían de los árboles y el sol las doraba, las hacía crujientes.
El sonido de las hojas secas y naranjas me evoca a ti.
Las calles adornadas, mis pies inquietos corriendo a las hojas que cayeron y se doraron.
Mi sonrisa sintiéndote en cada una.
Los colibríes bailaron conmigo, almorzamos flores.
La sopa me sabía a ti.
Estaba caliente como tú, mi sol.
Y este, tu girasol, en la noche giró, giré para mirarme, para verte, en mí.»

 13 de marzo del 2020: Esta tarde recibí una llamada de mi madre. Fue directa:

—Te llamo porque me avisaron que por tu sector quitarán el agua— alcancé a responder con tres palabras: Gracias mamá, ¿cómo…? y la llamada fue cortada.

14 de marzo del 2020: No dormí, no tengo hambre y tampoco ganas de existir.

Estoy encerrada en una casa pequeña que se siente inmensa. Estoy desempleada, suspendieron mis clases, no puedo ir a verte porque está prohibido.

Estoy inmersa en la soledad y el espacio que siempre deseé. ¿Por qué los anhelos son tan banales? ¿por qué pedimos, y al recibir nos hastiamos? ¿por qué me siento tan terrible? ¿por qué, dime, estás a una hora de distancia en bici? ¿por qué nunca aprendí a manejar la bicicleta?

15 de marzo del 2020: Nota vacía y oblicua.

16 de marzo del 2020: Tuve nostalgia al despertar y crucé la calle sin pensarlo, toqué su puerta tres veces.

—Emmm, hola, vivo al frente. ¿Fumas? —

Sí, pasa. Soy Esther.

Hablamos sobre el sol y la nostalgia, mi sol. Esther me contó que llora muy a menudo porque le duele mucho pensar; en que ella tiene todo en casa, incluso tos, y afuera, algunos no tienen ni eso.

17 de marzo del 2020: Esther vino a visitarme, hicimos café y fumamos hierbas amazónicas. La pasamos bien.

Le hablé de mi angustia por no saberte.

Le conté que paso mis días olvidando mi presente, le expresé que pretendía tener un diario de notas, mis notas fúnebres posiblemente. Ella se río a carcajadas y fui feliz.

18 de marzo del 2020: Esther y yo estamos muy unidas. Ella es más alta que yo, y no le queda mi ropa, aún así, le obsequié la camisa que me regalaste nuestra primera navidad. Te entregué a ella. Te entregué a una nueva mujer, como querías…

19 de marzo del 2020: Extrañaba sentirme.

20 de marzo del 2020: Hoy notificaron a nuestros celulares por mensaje de texto, que pronto pasaría la crisis global, que permaneciéramos en calma, en casa y con nuestras familias.

¿Nuestras familias? ¿estar en casa? ¿permanecer?
Sentí una punzada en el corazón.
Mis manos tambalearon y pude percibir el nacimiento del crepúsculo.
La existencia pesa cuando nos falta humanidad.
Soy humana mundana.

Estoy de nuevo en mi ventana, fumando un cigarrito, bebiendo leche, caen lágrimas sobre mis mejillas y al frente, una mujer me observa.

 

Luisa Fernanda Cardona Paniagua

Licenciada en Filósofa

Estudiante de Licenciatura en Filosofía.Amante de la poesía, la música y el mar. Me gustan los atardeceres rojos. Me gusta el rojo por los atardeceres.

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