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Cuando aún no tenía tiempo de sobra, no pensó nunca en la pregunta, como quien cree tener la respuesta. Quienes lo conocían sabían de sus constantes caprichos. Más aún, era una metodología que solía tener. No compartirle a nadie sus avances y solo empezar a escribir cuando no estuviera a punto de olvidar lo que quería decir. De ese modo, por pública que fuera la convocatoria, ahora incluso la prensa sabía que no tenía propósito el preguntarle por su trabajo. Lo que faltaba era esperar a verlo publicado. Esta última llamaba particularmente la atención. La prestigiosa editorial Vanitas le pedía a cien de los escritores en lengua española más influyentes de la actualidad un relato de estilo libre, de una página de extensión, en el que se plasmara su momento de vida (o de muerte) más significativo. Fuera un beso de un segundo, una enfermedad de una semana o un divorcio a lo largo de un año debía ser contado en una página. La ocasión: la conmemoración de los setenta años del natalicio del escritor chileno Roberto Bolaño. Cada autor fue contactado individualmente, preseleccionando con sin cuidado para no enredarse o estancarse con personalidades que no quisieran compartir el índice con las otras noventa y nueve. Por supuesto, fue el último en aceptar. De inmediato se hizo pública la lista de quienes aparecerían en la publicación. El plazo de recepción de los escritos era de cuarenta días. Faltaban ahora cuatro horas y se tenían noventa y nueve relatos. El último que faltaba… Aquí viene lo de la metodología caprichosa. A comienzo de los últimos siete días dejaba de responder al correo. En los últimos cinco, dejaba de recibir gente en su casa. No tenía celular, y ya no se usaba el fijo. Los últimos cuatro cortaba la comunicación con su familia. Los últimos tres se recluía en su oficina. Y qué espacio: una ventana, una silla, una mesa, una resma de papel y un lápiz, algunas veces con velas y fósforos. El último día dejaba la resma y se quedaba con una sola hoja en el escritorio. Sí, todo esto para escribir una sola página. El que le gusta buscar explicaciones a todo puede suponer que la convocatoria fue exclusicamente pensada a propósito de él. Quién sabe. Era su familia quien lo decía, primero su esposa y luego (ahora) su hijo, cuando a ella la mataron a la salida de una función de la obra de teatro de El Exorcista: es su descenso al infierno, siempre que mi papá tiene una entrega, es tenerlo muerto durante una semana. Luego resucita.







En este intrigante texto, se revela la singular metodología del escritor, quien se sumerge en la creación literaria solo cuando la presión del tiempo alcanza su límite. La historia se centra en su participación en una convocatoria de la editorial Vanitas, que busca conmemorar el septuagésimo aniversario del nacimiento de Roberto Bolaño. El narrador, en su soledad y frente a una única hoja en blanco, reflexiona sobre momentos significativos de su vida que podrían plasmarse en una página. La tensión se construye a medida que el escritor enfrenta la disyuntiva de elegir un momento y se debate entre la voluntad de recordar y la perspectiva de los demás. La narrativa fusiona la introspección, la duda existencial y la pasión por la escritura, evocando la estética de un autor que navega por los misterios de la experiencia humana.