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Todo comenzó cuando di la última pincelada sobre la fachada de Avenida Tejedor 2276, en la ciudad de Mar del Plata, Argentina. Allí dejé pintado un pez violeta emergiendo de las aguas e iluminado por el sol…
Y así obré. Obedeciendo a esa voz clara que me inspiraba valentía y propósito. La experiencia del elemental Tierra me trajo nuevas reflexiones en las cuales estaba concentrado, cuando la dulce y melodiosa voz de Naturaleza volvió diciendo:
Y así obré. Asumiendo un reinado absurdo. Estando con optimismo dedicado a mis reflexiones, retornó la voz de Naturaleza y dijo:








